The Last Van Helsing

Descripción

A simple vista, Velkan causa una sensación de confianza, no toma demasiado tiempo el notar que se trata de una buena persona, a pesar de haber una extraña oscuridad a su alrededor, algo dormido, acechando. Tendiendo a permanecer en un rincón en las sombras la mayoría del tiempo, no suele ser la primera persona que uno tiende a mirar, probablemente por que así lo desea. A pesar de su rostro de niño bueno desprende un aura de fuerza, un animal calmado a quien no deseas provocar. No obstante si lo tomas desprevenido puedes notar una tristeza en sus ojos claros, las marcas de algún dolor que ha dejado su cicatriz allí. Inclusive uno puede verle acariciar un viejo cuchillo hecho a mano cuando cree que nadie le está viendo. Sea cual sea su historia, no parece ser una muy feliz.

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perhapsamongthestars:

A Hero Comes Home ~ Alan Silvestri & Robin Penn-Wright

Just wait though wide he may roam
Always a hero comes home
He goes where no one has gone
But always a hero comes home


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Season Finale: A Hero Comes Home

Escalofriante y sobrecogedor, el aullido del lobo atravesó las montañas, retumbando entre los árboles coronados de nieve, hasta alcanzar la pequeña aldea, aislada en medio del bosque. Y con aquella señal, Lycus Van Helsing alzó su cabeza como un can alerta. Había un desconocido cerca, el aullido era una advertencia de los vigías.
Otro aullido siguió al primero, este cargaba una nota lastimera, era un augurio de que algo terrible había sucedido, los lobos de la montaña no se escuchaban tan dolidos con facilidad, eran criaturas orgullosas, fuertes. 
El alfa intercambió unas miradas preocupadas con quien le acompañaba en su mesa, Jade, la shamán de la manada. Ambos se encontraban dentro de la cabaña principal, la cual se veía algo más descuidada de como había lucido antes de que su hijo se marchara, lo mismo se podía decir del alfa en si, ya con canas blancas entre su cabellera, ojos cansados, una botella de whiskey delante suyo.
Lycus apartó la mirada de su fiel concejera y se puso de pie, dirigiendose hacia la ventana.
-¿Crees que sea un ataque? -preguntó la mujer, con sus ojos castaños clavados en la espalda de su líder -Lycus… ¿Finalmente nos han encontrado? -reservados como eran, la manada a pesar de todo no era ciega a lo que sucedía en el país, habían visto los ejércitos, habían oído las bombas a lo lejos, en la montaña los sonidos son llevados con facilidad por el viento.
-No lo se… -respondió con honestidad el hombre, mirando hacia el límite del bosque, donde acababa el claro que daba lugar a la aldea, estaban protegidos por la montaña desde atrás, aquella no era una localización al azar. Y si alguien llegaba hacia ellos, sólo podían llegar desde ese punto -Prepárate -murmuró, y sus ojos se tornaron ámbar, lo mismo sucedió con los de Jade.
No obstante no fue una horda de enemigos lo que salio del bosque, con sus pisadas undiéndose en la nieve. Ni siquiera podía llamársele patrulla. El único particularmente intimidante era la figura enorme de un hombre, a su lado había una más pequeña de un muchacho desaliñado  abrazando un niño pequeño. El cuarto ni siquiera podía ser contado, estaba inconsciente o muerto en los brazos del primer hombre, como si no fuera más que un muñeco de trapo, con sus extremidades yaciendo inertes. El cabello castaño caía hacia atrás al igual que su cabeza que colgaba, y el viento lo despeinaba sin que su dueño hiciera nada para corregirlo. Había algo desesperanzador en la imagen, en el muchacho ensangrentado, en el rostro del hombre que lo cargaba y su pequeña escolta, todos se veían tristes. Y también lo hacían los miembros de la manada que se acercaban quitándose sus gorros, otros estiraban brazos temblorosos queriendo y temiendo tocar el cuerpo, caían de rodillas, lloraban, otros ni siquiera habían podido reunir las fuerzas para acercarse. Poco sabía Lycus hasta ese entonces, aunque comenzaba a comprender, que aquello era algo mucho peor que una horda de enemigos.
Su manada jamás reaccionaba de aquel modo como si aquel cuerpo fuera algo sagrado, a menos que… 
Sus ojos se encontraron con los del hombre. Se veía diferente con aquella gran barba, la última vez que le había visto no era más que un muchacho, probablemente de la edad del que le acompañaba. Pero estaba allí en sus ojos, en su andar, ese porte Van Helsing, esos ojos de hierro. Entonces lo comprendió.
-Por la diosa… -murmuró Jade.
Lycus se apartó de la ventana y se lanzó hacia la puerta, abriéndola de un tirón. Sentía un dolor en su pecho que en contadas ocasiones había sentido,  y nunca tan agudo como en ese momento, punzante, arrebatándole el aire y la voluntad. Se trataba de esa clase de angustia que sólo un padre experimenta, profunda, quebrantadora. 
Como pudo trastabilló hacia su hijo con los ojos llenos de lágrimas y lo tomó en brazos con la facilidad de tratarse aún de un niño pequeño. Sus rodillas sin embargo no soportaron el peso de la  visión y cayó de rodillas en la nieve.
Con delicadez tomó el rostro del muchacho para verlo. Tras la sangre y las heridas aún era reconocible, era en efecto su Velkan, regresando a casa del modo que jamás habría deseado.
-My son… my son…. -se lamentó el alfa, rodeado de su clan -My poor boy -lo acurrucó en sus brazos, meciéndolo angustiado. 
Nadie jamás había visto al alfa tan quebrado, siempre fuerte e intimidante, ahora lloraba y murmuraba lamentos, y nadie le juzgó, la manada entendía aquel dolor de padre, ellos sentían el mismo dolor. Lycus soltó un grito humano que cruzó la montaña, y casi inmediatamente le fue seguido de un aullido completamente perturbador, al que se unió el resto de la manada.
-Se sacrificó para salvar vidas, se comportó honorablemente, como un guerrero, firme y con orgullo -habló Viktor, recibiendo la mirada enrojecida y sobrecogedora de su hermano -Estoy seguro de que quería regresar, una última vez al menos -le tendió la daga de Velkan, estaba ensangrentada, pero continuaba intacta -Se aferró a esto hasta su último respiro.
Si era posible, los ojos de Lycus se mostraron aún más destrozados al estirar una mano temblorosa y tomar la daga, aquella con la que Velkan había sido exiliado de la manada. Veía ahora que no importaban las normas, aquel había sido el peor error que había cometido, como rey y como padre. Aunque fuera lo que debía hacerse. 
-Mi hijo está de regreso -alzó su vista hacia la manada, con sus ojos llenos de lágrimas, pero firme, como el alfa debía ser -Está de regreso a casa, y le  rendirán los honores correspondientes.
Jade se inclinó junto al muchacho, chequeando sus signos vitales, sin embargo no hacía falta más que notar el escaso contraste entre la nieve y su rostro, en conjunto con el desastre de heridas que era su cuerpo, como para saber que las cosas no pintaban bien, y que Velkan Van Helsing probablemente no sobreviviría.
-¡El lobo blanco está en casa! -gritó uno, con sus ojos enrojecidos al igual que varios -¡Larga vida al lobo blanco! -agregó esto mientras lo cargaban sobre sus cabezas, para que la luna lo bañara con su luz y lo bendijera como era la costumbre.
-No puedes salvarlo Lycus -Viktor colocó una mano en el hombro de su hermano -Pero al menos tienes a tu muchacho en casa -Fue todo lo que dijo, dando media vuelta y marchándose, aquel no era un lugar para él, su trabajo estaba hecho, al menos de momento. Jade curaría al chico de sus heridas, y luego intentaría salvarlo.

Season Finale: A Hero Comes Home


Escalofriante y sobrecogedor, el aullido del lobo atravesó las montañas, retumbando entre los árboles coronados de nieve, hasta alcanzar la pequeña aldea, aislada en medio del bosque. Y con aquella señal, Lycus Van Helsing alzó su cabeza como un can alerta. Había un desconocido cerca, el aullido era una advertencia de los vigías.

Otro aullido siguió al primero, este cargaba una nota lastimera, era un augurio de que algo terrible había sucedido, los lobos de la montaña no se escuchaban tan dolidos con facilidad, eran criaturas orgullosas, fuertes. 

El alfa intercambió unas miradas preocupadas con quien le acompañaba en su mesa, Jade, la shamán de la manada. Ambos se encontraban dentro de la cabaña principal, la cual se veía algo más descuidada de como había lucido antes de que su hijo se marchara, lo mismo se podía decir del alfa en si, ya con canas blancas entre su cabellera, ojos cansados, una botella de whiskey delante suyo.

Lycus apartó la mirada de su fiel concejera y se puso de pie, dirigiendose hacia la ventana.

-¿Crees que sea un ataque? -preguntó la mujer, con sus ojos castaños clavados en la espalda de su líder -Lycus… ¿Finalmente nos han encontrado? -reservados como eran, la manada a pesar de todo no era ciega a lo que sucedía en el país, habían visto los ejércitos, habían oído las bombas a lo lejos, en la montaña los sonidos son llevados con facilidad por el viento.

-No lo se… -respondió con honestidad el hombre, mirando hacia el límite del bosque, donde acababa el claro que daba lugar a la aldea, estaban protegidos por la montaña desde atrás, aquella no era una localización al azar. Y si alguien llegaba hacia ellos, sólo podían llegar desde ese punto -Prepárate -murmuró, y sus ojos se tornaron ámbar, lo mismo sucedió con los de Jade.

No obstante no fue una horda de enemigos lo que salio del bosque, con sus pisadas undiéndose en la nieve. Ni siquiera podía llamársele patrulla. El único particularmente intimidante era la figura enorme de un hombre, a su lado había una más pequeña de un muchacho desaliñado  abrazando un niño pequeño. El cuarto ni siquiera podía ser contado, estaba inconsciente o muerto en los brazos del primer hombre, como si no fuera más que un muñeco de trapo, con sus extremidades yaciendo inertes. El cabello castaño caía hacia atrás al igual que su cabeza que colgaba, y el viento lo despeinaba sin que su dueño hiciera nada para corregirlo. Había algo desesperanzador en la imagen, en el muchacho ensangrentado, en el rostro del hombre que lo cargaba y su pequeña escolta, todos se veían tristes. Y también lo hacían los miembros de la manada que se acercaban quitándose sus gorros, otros estiraban brazos temblorosos queriendo y temiendo tocar el cuerpo, caían de rodillas, lloraban, otros ni siquiera habían podido reunir las fuerzas para acercarse. Poco sabía Lycus hasta ese entonces, aunque comenzaba a comprender, que aquello era algo mucho peor que una horda de enemigos.

Su manada jamás reaccionaba de aquel modo como si aquel cuerpo fuera algo sagrado, a menos que… 

Sus ojos se encontraron con los del hombre. Se veía diferente con aquella gran barba, la última vez que le había visto no era más que un muchacho, probablemente de la edad del que le acompañaba. Pero estaba allí en sus ojos, en su andar, ese porte Van Helsing, esos ojos de hierro. Entonces lo comprendió.

-Por la diosa… -murmuró Jade.

Lycus se apartó de la ventana y se lanzó hacia la puerta, abriéndola de un tirón. Sentía un dolor en su pecho que en contadas ocasiones había sentido,  y nunca tan agudo como en ese momento, punzante, arrebatándole el aire y la voluntad. Se trataba de esa clase de angustia que sólo un padre experimenta, profunda, quebrantadora. 

Como pudo trastabilló hacia su hijo con los ojos llenos de lágrimas y lo tomó en brazos con la facilidad de tratarse aún de un niño pequeño. Sus rodillas sin embargo no soportaron el peso de la  visión y cayó de rodillas en la nieve.

Con delicadez tomó el rostro del muchacho para verlo. Tras la sangre y las heridas aún era reconocible, era en efecto su Velkan, regresando a casa del modo que jamás habría deseado.

-My son… my son…. -se lamentó el alfa, rodeado de su clan -My poor boy -lo acurrucó en sus brazos, meciéndolo angustiado. 

Nadie jamás había visto al alfa tan quebrado, siempre fuerte e intimidante, ahora lloraba y murmuraba lamentos, y nadie le juzgó, la manada entendía aquel dolor de padre, ellos sentían el mismo dolor. Lycus soltó un grito humano que cruzó la montaña, y casi inmediatamente le fue seguido de un aullido completamente perturbador, al que se unió el resto de la manada.

-Se sacrificó para salvar vidas, se comportó honorablemente, como un guerrero, firme y con orgullo -habló Viktor, recibiendo la mirada enrojecida y sobrecogedora de su hermano -Estoy seguro de que quería regresar, una última vez al menos -le tendió la daga de Velkan, estaba ensangrentada, pero continuaba intacta -Se aferró a esto hasta su último respiro.

Si era posible, los ojos de Lycus se mostraron aún más destrozados al estirar una mano temblorosa y tomar la daga, aquella con la que Velkan había sido exiliado de la manada. Veía ahora que no importaban las normas, aquel había sido el peor error que había cometido, como rey y como padre. Aunque fuera lo que debía hacerse. 

-Mi hijo está de regreso -alzó su vista hacia la manada, con sus ojos llenos de lágrimas, pero firme, como el alfa debía ser -Está de regreso a casa, y le  rendirán los honores correspondientes.

Jade se inclinó junto al muchacho, chequeando sus signos vitales, sin embargo no hacía falta más que notar el escaso contraste entre la nieve y su rostro, en conjunto con el desastre de heridas que era su cuerpo, como para saber que las cosas no pintaban bien, y que Velkan Van Helsing probablemente no sobreviviría.

-¡El lobo blanco está en casa! -gritó uno, con sus ojos enrojecidos al igual que varios -¡Larga vida al lobo blanco! -agregó esto mientras lo cargaban sobre sus cabezas, para que la luna lo bañara con su luz y lo bendijera como era la costumbre.

-No puedes salvarlo Lycus -Viktor colocó una mano en el hombro de su hermano -Pero al menos tienes a tu muchacho en casa -Fue todo lo que dijo, dando media vuelta y marchándose, aquel no era un lugar para él, su trabajo estaba hecho, al menos de momento. Jade curaría al chico de sus heridas, y luego intentaría salvarlo.


neverxtooxlate:

SEASON FINALE
CHAPTER 1: THE BETRAYAL (Profundidad de los bosques)El llamado de Velkan no le había sorprendido, después de lo que habían visto en la cueva de las nornas la cuenta atrás era inevitable, el momento en que el futuro les estallase en la cara estaba próximo, y aún así, él confiaba ciegamente en su amigo. No podía explicarlo, había algo distinto en Van Helsing, no creía que fuese mala persona, si bien sabía que había oscuridad en su interior él había vivido con ese mismo reto toda su vida, dónde fuese que hubiese poder, había oscuridad, un don siempre viene con un precio. Pero quería pensar que Velkan superaría esa oscuridad y escogería lo correcto, aunque las nornas, la lógica y las imágenes que habían visto gritaran todo lo contrario. Quizá fuese una cualidad de Stevens, o solo casualidad, pero no abandonaban a los que querían ni se echaban atrás por un par de piedras que hubiesen en el camino, si la muerte era el final dejaban que así fuera, pero no huirían de ese destino por miedo o por muy evidente que fuese el desenlace, siempre había una elección, eso era lo que él creía.
Llevaba cerca de media hora esperando en aquella zona del bosque, era el cuarto cigarrillo que se fumaba y sus ojos seguían observando las lejanías de su alrededor alertas de que ningún soldado le hubiese seguido, solía ser sigiloso, pero nunca se podía estar 100% seguro, y no cabía duda de que si veían a un lobo, a un ser como aquél, en definitiva a Velkan, tomarían armas contra él. Allison se equivocaba con los cazadores, aunque no con la totalidad, si habían algunos cerrados de mente y racistas. Como siempre, no obstante, pagaban justos por pecadores.
Un aullido resono desde lo profundo del bosque, entre los arboles. Era una señal de Velkan, estaba cerca, un aviso en caso de que Adam tuviera soldados cerca para que se deshiciera de ellos. Existia menos chance de que mataran al lobo que al humano, despues de todo, muy pocos le habian visto transformado, pero los humanos continuaban siendo agresivos ante el miedo, y un lobo tendia a generar esas cosas.
No mucho tiempo despues, un enorme lobo blanco hizo su aparicion entre los arboles. Su pelaje estaba embarrado y manchado, incluso habia restos de sangre en el.
Mientras avanzaba hacia Adam, el lobo cambio y de un momento a otro, era Velkan quien lo hacia, sus ojos claros resaltando bajo unas ojeras poco saludables, se veia algo consumido, ya no tanto como el fuerte y grandote lobo alfa que siempre habia sido.
Con algo de preocupacion miro a su alrededor, probablemente registrando que no hubiera soldados cerca. No saludo a Adam, se veia más preocupado en llegar al grano, parecia urgente.
-Esto es peligroso, asi que sere rapido -abrio la boca para segir hablando, pero debio cubrirse la boca para toser. Con la urgencia de alertar, se habia olvidado de beber su “medicamento”, no estaba en buen estado.
Rápidamente Adam llevó una mano al hombro de Velkan y al mismo tiempo dobló las rodillas para agacharse apenas, intentando ver su cara, buscando su mirada.
-Velk.. Qué diablos sucede contigo? En aquél campo cuando Allison no te veías bien, pero mierda, ahora te ves como un maldito zombie. Necesitas sentarte -tironeó de su brazo y sorprendentemente pudo con la fuerza del lobo, obligándole a tomar asiento en la primera roca aunque de superficie irregular que encontró. Se agachó en frente suyo y sacó del bolsillo de su cazadora un frasco azul, no sabía si tendría efecto en él pero debía intentarlo -Toma esto, en teoría debería sanar tus heridas y ayudarte.. No sé cuanto puede hacer. Si estabas así no debiste venir Velkan, podrías haberme dado el mensaje de otro modo, no necesitas ser un maldito suicida
-No hay tiempo para eso -gruño apartando el frasco de un manotazo, se veia molesto aunque su molestia era hacia su propia debilidad. Siempre había sido fuerte, eso nunca había sido cuestionable, tenia otras debilidades, pero nunca habia caido enfermo, nunca su cuerpo le habia fallado cuando lo necesitaba, y ahora, casi había creído que moriria antes de llegar a Adam -estoy bien. No es por lo que estoy qui -sacudió la cabeza intentando mantenerse en foco -Adam -jadeo apoyando una mano en su hombro con sorprendente fuerza para su estado, como si intentara hacer que captara la importancia de aquello -Van a atacar Senoia, tenían todo planeado desde semanas, no querian que les avisara, tuve que escapar.
De acuerdo… Aquello no se lo esperaba, o en parte si. Ambos sabían que atacarían Senoia, lo habían visto. Los dos. En la cueva de las nornas. ¿Por qué tanta sorpresa y urgencia entonces? Si algo sabía era que la OCEU estaba preparada.
-Eso ya lo sabemos Velkan -murmuró, evitando preguntar lo que realmente debía preguntar. Quién. Porque, la verdad era, no quería que la respuesta fuese “allison”, no quería tener que escoger entre su amor por ella y lo correcto, no quería verse otra vez entre esa espada y esa pared, era demasiado para soportar, prefería seguir siendo él y sus locas e irracionales deducciones sobre lo que realmente el amor significaba -¿Allison? -inquirió entonces con un hilo de voz.
-No… -tosió, a Allison parecía importarle un bledo que atacaran la OCEU, de hecho, lo deseaba. Sin embargo aunque la OCEU supiera, no sabia que en ese preciso momento estaban yendo a su ataque -Adam, no lo entiendes están… -Velkan se quedo helado, sus palabras se cortaron como rasgadas por un cuchillo. Miro su estomago, había sangre alli, acababan de dispararle. Eso no era gran cosa, había sobrevivido a cosas peores, sin embargo se veía serio, su rostro enrojecido buscando aire, conteniendo el dolor. Also la vista a su amigo con sorpresa, mientras unas manchas como venas oscuras trepaban por su cuello, veneno. Los arbustos a sus espaldas se movieron, mientras el atacante salia disparado, viendose una breve y fugaz cortina de cabello oscuro desapareciendo entre los arboles
-Velkan? -Adam miró a los ojos de su amigo inquisitvamente, nervioso, su pulso se aceleró repentinamente. Bajó la mirada notando la sangre y no tuvo tiempo para preguntarse nada mas, escuchó ese movimiento en los arbustos y no le fue difícil atar cabos -Hey!!! -gritó a todo pulmón, estaba dividido, no sabía si echar a correr tras la sombra o quedarse con Velkan. ¿Pero qué podría hacer por él? Solo traerle la cabeza de quién acababa de dispararle, al menos intentarlo. Pero él… Maldita sea, no se veía bien -Velkan -volvió a llamarlo, tomando sus mejillas para que le mirase a los ojos pero en seguida le soltó, abrazándole y aprovechando para mirar nuevamente hacia los arbustos -Hold on man.. Dime qué hago, dime qué necesitas -apretó los dientes.
Tanto poder, tantos destinos escritos para él ¿Y no podía sanar aquello? ¿Como iba a salvarle?
-I can’t breathe… -su voz sonó ahogada, luchando por conseguir aire, sus ojos cristalinos fijos, intentando enfocarse en el rostro de su amigo pero perdiéndose en las ramas sobre su cabeza, agitándose levemente con la corriente de aire, dejando entrever el cielo estrellado detrás, la luna. Habría sido natural el rezar a sus dioses, a su diosa, pero de algún modo crudamente real que ningún dios ni poder mágico llegaría a su ayuda, que las cosas eran como eran, que estaban solo el y Adam allí, estaba en sus manos. Se obligo a enfocarse, si esos eran sus últimos minutos, no quería desperdiciarlos lloriqueando por su vida ¿Que valor tenia su vida? Había familias inocentes cerca de allí, no sabia de los cazadores, pero sus hijos pequeños, sus esposas y esposos civiles, no tenían la culpa, todos ellos estaban en peligro, y no sacrificaría sus vidas para que el tuviera una chance de luchar por una vida que estaba más bien acabada de antemano. Iba a morir de todos modos -It’s ok -intento sonreír, su voz sonaba ronca, el aire le faltaba, sentía el veneno de la plata en su interior, luchando por asesinarle, su lado vampirico intentando plantarle cara. Resultaba casi irónico que lo que le había estado matando, fuera ahora lo único que le mantenía con vida, por muy frágil que resultara esa vida -It’s a good way to die -apretó sus mandíbulas, manteniendo su orgullo, el honor era algo que le habían inculcado de pequeño -Leave me -pidió, buscando en su bolsillo la daga -Atacaran Senoia… en cualquier momento -tosió, aferrando con todas sus fuerzas la daga que era el único recuerdo de su hogar, de su manada -Tienes que ir a advertirles ¡Déjame! -su voz casi sonó a orden.
-No te dejaré! -gritó enfurecido, sus ojos en llamas de rabia, no podía pedirle que le dejara, no lo haría -No me lo pidas, hey.. Velkan -se alejó para poder verle a los ojos, aún sosteniéndole para no dejarle caer -Todo saldrá bien, no te rindas, no me mandes a avisar como si esto acabara aquí, tienes que vivir.. ¿Tienes que matarme recuerdas? -sonrió con amargura -Hey, lo recuerdas? Las nornas nunca mienten. Esto no es lo que va a suceder -dejó las dos manos en su pecho para aguantarlo así y se alejó algo más a la vez, enfocando ahora su mirada en su herida, que su poder hiciese algo, tenía que poder hacer algo.. Pero no sabía como. Era su amigo, el único que había tenido en mucho tiempo, no podía solamente irse a salvar a otros y dejarle tirado como si fuese un soldado caído más, no lo era -No te dejaré -insistía, sus ojos clavados en su herida como si quisieran hacer milagros, sus ojos empezando a empañarse y la adrenalina recorriendo sus venas -Yo creo en ti Velkan. Tienes que creer tu también.. Puedes sobrevivir esto, vamos maldita sea!! -sus ojos se volvieron grises, de un azul apagado, los músculos de su cuello tensándose por el esfuerzo -Come on..
-Adam.. -le dio unas palmadas en su mano como si le dijera que estaba bien, que estaba bien dejarle -Tienes que hacer lo correcto… siempre tienes que hacer lo correcto -le advirtió, recordando las palabras de su tío acerca de tener que advertir a Adam, mantenerlo “bueno” pero el sabia mejor, tenia fe en que en su interior, Adam siempre tendría un buen corazón, y si nada de lo que había sufrido le había cambiado hasta ese entonces, nada lo haría. El siempre veía lo mejor en las personas, incluso los perdidos, como el, como Allison -It’s ok… I’m glad -sonrió débilmente y de hecho se veía feliz, no tenia sentido, realmente parecía alegre mientras le veía. Su mirada entonces se volvió hacia el cielo -Prefiero morir antes de ser quien te asesine. It’s better this way… es una muerte honorable, todo lo que podría pedir…
-Métete tu discurso del honor por dónde te quepa Velkan -siseó Adam, negando con firmeza otra vez -No dejaré que mueras. Eres mi amigo -sonrió apenas, soltando una carcajada ahogada -Los amigos se cuidan las espaldas, no abandonan al otro cuando la cosa se pone fea -tragó y dejó una mano sobre la herida, sin importarle si aquél veneno podía llegar a herirle a él, le daba todo absolutamente igual. Arrugaba una y otra vez la nariz, fruncía los labios, se le veía hecho un manojo de nervios, no sabía como hacerlo, no sabía como ayudarle.
-Dad?
Aquella voz dulce y atemorizada Adam la reconoció al instante. Se giró sobre si sin soltar a Velkan, encontrándose con los ojos de su hijo. Se veía aterrado, y la razón era simple, no estaba solo, había una mujer tras él sosteniéndole por los hombros.
Los ojos del lobo se enfocaron al escuchar la voz del niño, apartando su vista de Adam a Noah, y entonces a la mujer tras el.
-Mom…? -su voz realmente sonó vulnerable, casi similar a la de Noah, como un niño observando a uno de sus padres, algo asustado de lo que sucedía, de lo que significaba. Tras la mujer vio a sus soldados, quienes se acercaron a él y le arrancaron de Adam, sosteniéndole en pie, lejos del cazador a quien se encargaron de aferrar también, en su caso para retenerle y evitar que atacara.
-Yo que tu no intentaría nada cazador… no quieres herir a tu hijo -sonrió la vampiro, mostrando sus dientes afilados, manteniendo la daga en el cuello del niño.
-what’s going on? -jadeo el lobo intentando soltarse sin exito, estaba mareado, una punzada de dolor le atravesó cuando uno de los vampiros arranco la bala de su piel sin demasiado cuidado, no había suavidad en sus maneras, aunque parecía intentar curarle.
-Bala de plata -observo el vampiro, dejando una mano en el hombro de Velkan -Restaras bien.
-Ves lo que los cazadores te hacen hijo mio? -dijo Jezebel, como si quien le hubiese herido fuera Adam o alguno de los suyos, en lugar de ella.
-Noah!!! -Adam grito a todo pulmón, mientras sacudía los brazos intentando librarse de quienes le retenían. El miedo y la incertidumbre en los ojos de su pequeño le hacían pedazos -Suéltalo!! Maldita hija de perra, no te atrevas a tocarlo!!
-Papá -Noah tragó saliva sintiendo el filo de la daga contra su garganta, tembló apenas pero intentó mantenerse firme como buen soldado, como siempre le habían enseñado y como sabia debía comportarse, tenía que intentar ser un hombre.
Los ojos del que un día fue llave ya estaban de ese gris azulado, su mandíbula tensa y su musculatura creciendo. La sangre le hervía y a la vez se le helaba, tenía una explosión de furia dentro de él que quería salir a la luz. Echó los codos hacia atrás liberándose de los dos que le sostenían al arrojarles una fuerza imponente metros hacia atrás.
-Saca tus manos de mi hijo…-Ah, ah, ah -advirtio la mujer, presionando la daga aun mas contra el cuello del niño, mientras el vampiro obligaba a Velkan a tragar un vial de sangre para que se recompusiera -solo intenta algo, y tendremos la sangre de tu hijo derramada por todo este lindo bosque -se relamió los labios -estoy segura de que sabe dulce.
-¿Qué diablos haces? -gruño Velkan, finalmente siendo capaz de pararse sobre sus pies. La sangre goteaba de su mentón manchando su ropa, sus ojos lobunos brillaban, pero en su estomago sentia a su cuerpo comenzar a rechazar el elixir.
-El planeo tu muerte Velkan, accedió a reunirse aquí para matarte, por que eso es lo que hacen los cazadores -la vampiro miro a su hijo -Intentamos advertírtelo cariño. Seguro hizo que uno de sus aliados te disparara, solo los cazadores usan balas de plata. Creyó que te mataría, pero no sabe cuan fuerte eres hijo mio -le observo alzando el mentón con orgullo. Se oía tan convencida, que casi parecía estar diciendo la verdad, de hecho, Velkan casi le creía, o al menos parecía hacerlo, por que su mirada se volvió hacia Adam con traición en sus ojos, mezclada con sorpresa.
-Probablemente intentando proteger a su monstruoso hijo -una gota de sangre escapo del cuello de Noah, y el aroma alerto a todos los vampiros presentes, incluso en Velkan, para su pesar y verguenza -Si, lo se… se que Salomon no es el enemigo mas temible… se sobre el circuo de Sahed. Este niño es peligroso.
-Crei que eramos amigos -la mirada de Velkan seguía fija en Adam, ya viéndose algo mas sano, las manchas desapareciendo lentamente.
La sangre que veía en el cuello de su pequeño hacía a Adam temblar, y solo cuando escuchó las últimas palabras de Van Helsing miró a su amigo de reojo.
-¿Estas de broma? ¿Crees una sola palabra de lo que dice? Jamás planearía matarte. No seas iluso Velkan…. Soy tu amigo, no tengo doble cara, no juego a dos bandas. Si no me importaras te hubiese abandonado hace tiempo… Ella solo quiere confundirte, convertirte en lo que ella es -siseó dirigiendo ahora su mirada a la mujer, una mirada que destilaba desprecio -Ella se equivoca, Allison se equivoca… Yo no mato por doquier, no mato sin criterio.. Fui educado por unas buenas personas y mi hijo también será una buena persona, más de lo que ahora es incluso. Juzgan a lo que llaman monstruos convirtiéndose en monstruos, es la hipocresía más lasciva y asquerosa que he conocido -cerró el puño -Tu eres el monstruo, y no mereces vivir.-Ella es mi madre -Velkan entrecerró sus ojos, adelantándose hacia Adam, al tiempo que otros vampiros y hombres lobo se acercaban a apresarle, esta vez un numero mucho mas grande, intentando mantenerle en su sitio entre forcejeos, colocando en su cuello un collar con una piedra que el conocía bien agata, la misma que había dado a Allison sin que ella lo supiera, suprimía poderes, o mas bien los volvía contra su dueño, de modo que no le obedecían. Adam estaba frito, su hijo también… no saldrían con vida de allí.
Jezebel sonrió, satisfecha de que su hijo estuviera de su parte, honestamente lo había dudado.
-El niño puede que sea inocente -coloco un collar similar alrededor del cuello de Noah -pero esta destinado a destruirnos a todos, y no se puede escapar del destino.
Los ojos de Velkan se enfocaron, como si se dieran cuenta de algo en ese entonces.
-No… -arrugo levemente el ceño y volvió los ojos a Adam, entendiendo -no puedes escapar.
-Tiene que morir Velkan -dijo su madre, alzando la vista hacia el.
-Lo se… -respondió el muchacho, y sus palabras resonaron con el peso del destino sobre ellas, un horrible dejavu, la visión de las nornas haciéndose realidad.
-No -Adam negó apenas una vez, y volvió a hacerlo con más fuerza -No.. No!!! No la escuches. Velkan -suplicó, desistiendo en intentar liberarse, se sentía débil, cansado, como si algo estuviese absorbiéndole el alma partícula a partícula -Por favor… Es solo un niño. Matame a mi, yo soy quién le ha hecho así, es culpa mía… No es tarde para remediarlo, aún puedes tomar la decisión correcta. Maldita sea yo confío en ti Velkan!! Confié ciegamente en ti desde el primer día.. Cuando los demás te miraron como si fueras un monstruo yo te miré como realmente eres, no puede significar nada para ti, no todo es blanco y negro… No me falles tu también -las piernas le pesaban, el miedo de perder a Noah le aterraba -No me hagas fracasar contigo también.. Míralo. Míralo!!! -exigió que mirara a su hijo -Dime si ves gota de maldad en él.. Es solo un niño!!
-Papá -Noah intentaba ser fuerte, pero tenía miedo. Mucho miedo, de lo que le estaban haciendo, de lo que le hacían a su padre, de lo que ese hombre haría.. Le había creído buena persona, le había caído bien cuando le conoció
-Está bien Noah -Adam tensó la mandíbula -Esta bien hijo.. Todo estará bien. Velkan -volvió a llamar -No lo hagas..-Lo siento Adam… no tengo opción… es como debe suceder… ahora lo entiendo -sus ojos estaban empañados, habia culpa en ellos, dolor, mas profundo de lo que parecía posible -No hay otro modo…
Aparto su vista de su amigo y de regreso a su madre.
-Yo lo haré… tengo que ser yo quien lo haga -trago, pareciendo que se lo repetía a si mismo. Sus pasos temblaron al apartarse de Adam, regresando junto a su madre quien le entrego la daga con una sonrisa.
-Estoy orgullosa de ti hijo -dejo un beso en su cabello antes de darle sitio -Sabes donde te plantas.
Velkan observo a Adam con sus ojos llenos de lagrimas, sentía el peso de la profecía sobre sus hombros, la OCEU seria destruida por que el había retenido la información de ellos, por que había confiado en Allison, inocentes morirían por su culpa. Y ahora… destruiría lo que quería, lo que amaba… El era el traidor.
Coloco una mano sobre la de Noah y dejo una caricia en su cabello.
El niño levantó la mirada temerosamente hacia los ojos de Velkan, había cierta inocencia en ellos, como si no comprendiese lo que sucedía a su alrededor, o no viese venir lo que sucedería a continuación. ¿Velkan le mataría a sangre fría asi, sin más? Nadie podía hacer eso ¿Cierto?
Jones sentía el colgante de su cuello arder, no el que acababan de ponerle, sino el otro, el que llevaba consigo desde que vio a su hijo arder en aquella pila. Parte de las cenizas de Eden encerradas en un diminuto frasco, lo llevaba siempre consigo, a dónde fuese que se dirigiese, y ahora ardía recordándole que le había fallado, mientras estaba inmóvil bajo el control de esas criaturas a punto de observar como le arrebataban a Noah en frente de sus ojos. Unos ojos cristalinos, llenos de impotencia y rabia, decepción, dolor. Su corazón latió con tanta fuerza de un momento a otro que lo sintió salirse de su pecho, fue una señal. Su cuerpo obligándole a reaccionar, pidiéndole que hiciese algo, que moviese un dedo por salvar lo que amaba. Pero al mismo tiempo no respondía a sus órdenes, no tenía control sobre sus poderes y él, al lado de aquellas criaturas era un renacuajo, un palo, una poca cosa que nada podía hacer por liberarse de tan fuerte agarre. Lo intentó, diablos que lo intentó, una y otra vez en cuanto volvió a ver los ojos de su hijo devolviéndole la mirada.
-Velkan..!! -rugió con la voz rota.
Velkan cerro sus ojos para no escuchar a su amigo. Jezebel se paro frente a su hijo, bloqueandole la vista del cazador.
-Hazlo, ahora -ordeno en voz dura.
-Forgive me godess… -murmuro. Entonces alzo su mano libre y cubrió los ojos del niño con una mano, echando su brazo con la daga hacia atrás, tomando carrera para asestar el puñal. Por un momento se escucho el sonido de la carne siendo atravesada por el metal, aquella daga mágica que podía matar cualquier cosa, había sido especialmente elegida para que el pequeño híbrido no la sobreviviera.
El mundo pareció avanzar en cámara lenta para el lobo, se sentía drenado de todas sus fuerzas, oía su lenta y falseada respiración, sus irregulares latidos, el grito del niño protegido entre sus brazos. Sus ojos claros y cristalinos se clavaron en los de Jezebel, su madre le devolvía la mirada, sorprendida, suplicante. Entonces bajo la vista hacia su estomago, viendo la daga clavada allí.
Velkan lloraba, no emitía sonido, pero las lagrimas rodaban silenciosas por sus mejillas sin control.
El mundo regreso a su velocidad y Jezebel cayo al suelo, alzando su vista hacia su hijo, aun sin poder creer que le hubiera apuñalado. Ni Velkan mismo podía creerlo, había destruido todo lo que amaba para proteger a Adam y a su hijo, por que era su hermano, y le había jurado lealtad, al final del dia, la profecía se había vuelto cierta, dejandole un amargo sabor de irónico heroísmo y traición.
Los licantropos y vampiros le observaron en shock por unos instantes, no parecían caer tampoco en lo que había sucedido, o recordar como reaccionar.
-Ve con tu padre, no mires -dijo a Noah, liberandole de su firme agarre -Su pelea es conmigo -dijo a las criaturas -dejenles ir.
Aquello pareció recordarles como debían actuar. La venganza de sangre era mas importante que cualquier plan, y no dudaron en soltar a Adam y avanzar peligrosamente hacia el lobo, rodeandole como predadores.
-Pon a tu hijo a resguardo Adam -le ladeo una sonrisa, aun lloraba, pero se veía decidido.El niño no perdió un instante para correr a los brazos de su padre, quién le recibía aún en shock de rodillas en el suelo. Le habían faltado fuerzas para liberarse del ejército de Velkan pero ahora parecía tener todas las del mundo para abrazar a su hijo, apretándolo contra él, casi como si deseara meterle dentro de su cuerpo para que estuviese siempre a salvo. Eso había estado tan cerca, había sentido el sabor amargo de la traición y de la derrota nuevamente.
Pero no había sido así, y eso le hizo abrir los ojos y mirar hacia su amigo. Qué había hecho… Acababa de sentenciarse. Sus labios temblaron y dejando un beso en la cabeza de Noah le tomó las mejillas después para verlo a los ojos.
-Tengo que ayudarle ¿Lo entiendes verdad? Y tu tienes que quedarte aquí, rezagado y dónde nadie te vea. ¿Lo entiendes?
-Si -Noah asintió con firmeza aunque temblara como una gelatina, mirando los ojos de su padre que le inspiraban más fuerza que nada en el mundo -Lo entiendo.
Jones dejó ir a su pequeño y se puso en pie, las piernas aún no le respondían del todo, pero era un guerrero, uno joven e insensato, impulsivo y sentimental, pero uno al fin y al cabo. Desenfundó su cuchilla de caza y avanzó a paso decidido hacia aquellas criaturas que rodeaban a su amigo, acababa de salvarle la vida, no se iría sin devolverle la misma moneda. No sería el cobarde que le dejaría solo para morir.
-Hey -llamó con la mandíbula tensa -Puedo ser pequeño, pero esta cuchilla ha matado a muchos.. Vengan a probarla.
-Go away Adam! -comando con repentina fuerza, soltándole un rugido animal y feroz que parecía casi advertir que lo mordería si no se largaba, eran demasiados, al menos 20 o 30. No había modo de que salieran con vida de aquello, la única chance era que uno solo lo hiciera -Get the fuck out of here! -uno de los lobos le dio un empujón y varios rieron, estaban jugando con el, rodeándolo y acechándolo, jugando con la comida.
El lobo no se amedrento, se quito la chaqueta de cuero y se arremango los puños de la camiseta blanca. Merecía aquello, acababa de matar a su madre, quien le había tenido en su vientre, quien le había dado la vida, no había crimen mas terrible que aquel, sentía su alma manchada para siempre. Sangre de su sangre, derramada en sus manos.
-Come on and get me -extendió sus brazos, mirando sobre el hombro de Adam, a alguien que coloco una mano en el hombro del cazador.
-It’s ok kid… el sabe lo que hace -la mano férrea de Viktor impedía que Adam se moviera, era claramente mucho mas fuerte que el. Había lagrimas empañando sus ojos mientras observaba a su sobrino, pero no se movió para detener aquello, respeto su decisión, lo entendía, aunque le doliera. Asintió hacia su sobrino, y este hizo lo mismo, dibujando una sonrisa en sus labios, seveia casi aliviado. El sabia que iba a morir de todos modos, y aquel era un buen modo de morir, el mejor que un traidor podia pedir.
-Close your eyes -susurro a Adam, como si fuera alguna clase de juego de niños en que debiera contar hasta 10, segundos antes de que las criaturas se lanzaran sobre el como animales voraces. Cubriéndole en una masa de cuerpos. Por unos segundos Velkan intento contenerse, pero pronto su grito desgarrador irrumpió en la soledad del bosque, penetrando los arboles y los corazones, mientras su piel era desgarrada y mordida.
Viktor deseo cerrar sus ojos, pero se obligo a mantenerlos abiertos, lagrimas rodando por sus mejillas, obligando a Adam a permanecer en su sitio, a no interferir, aunque el agarre fuerte que casi parecía cortar la circulación al chico hablaba del dolor que sentía de ver aquello, de escuchar los gritos horribles resonar en el silencio.No importaba lo que Viktor le dijese, lo que cualquier persona le dijese, lo que estaba viendo era peor que la muerte. Era pura muerte, puro dolor… Estaba viendo como un puñado de lobos hambrientos entre otras criaturas despedazaban a su mejor amigo. A su hermano, a su compañero.
Sus ojos cristalinos fueron empañando cada vez más la imagen, aunque hubiese querido no podría haberse movido, sentía las piernas dormidas, como si le hubiesen administrado un sedante cuya fórmula secreta era la pura, cruda y horrenda realidad.
No tardó en dejarse caer de rodillas con los brazos vencidos, y solo el abrazo de su hijo que acudió a su encuentro para consolarle y buscar también consuelo ante algo tan desgarrador pudo hacer que cerrara los ojos y los apartara de esa visión tan horrenda. Encerró la tela de la chaqueta de Noah en sus manos y sollozó contra su hombrera.
-It’s okay kid. It’s okay…
No lo estaba, nada estaba bien, pero qué iba a decirle a Noah sino que todo saldría bien? Él podía estar roto y haber perdido toda esperanza, pero no dejaría que a él le sucediera lo mismo.
El niño lloraba y apenas conocía al amigo de su padre, pero se había sacrificado por él, le había perdonado la vida entregando la suya, y su padre le quería. Le bastaba para sentir que estaba perdiendo a alguien importante.
Uno de los licántropos alzó el rostro con la mandíbula goteando sangre y dibujo una sonrisa burlona a los cazadores, disfrutando del sufrimiento que padecían, ellos habían causado la traición de su líder, si ese era todo el castigo que podía imponerles lo haría valer la pena, que vieran. Y así hizo, relamiéndose los labios con la sangre del alfa.
-Sangra, como cualquier otro –soltó una risa –El gran y honorable heredero de Cormac Mac Airt no es mas que otro simple mortal. No hay nada de especial en los de su clase. No hay nada de especial en él, sólo es un simple bastardo y un sucio traidor –se volvió sobre su hombro para ver a Adam –Quítenle su corazón, dejen que lo vean –sonrió como si aquello fuera a probar su punto.
Viktor no lo soportó más, desenfundando su arma, dispuesto a matarlo antes de permitir que profanaran el cuerpo de su sobrino. Entonces algo extraño sucedió. El licántropo se quedó serio, helado en su sitio, soltando un quejido antes de caer al suelo con sus ojos abiertos de par en par, lo mismo hicieron el resto de los vampiros y licántropos.
Parecían abruptamente enfermos, se llevaban sus manos a sus gargantas o soltaban gritos de dolor, como si algo les quemara en su interior. Y entonces ya no se movieron.
Entre los cuerpos se escuchó un agudo y casi inaudible lamento canino, proveniente de un lobo blanco o que al menos alguna vez había sido blanco, ahora su pelaje estaba manchado de sangre proveniente de las numerosas heridas y mordeduras. Tampoco se movía, yacía en el suelo con sus ojos ámbar clavados en ningún sitio.Claramente Jones no podía explicarse lo que acababa de suceder, probablemente ni si quiera lo intentaría. Era inútil, y desde luego no era el momento de hacerse preguntas. Todo lo que él veía era que el enemigo había caído, y que el momento de acudir en ayuda de su hermano era ese.
Liberó a Noah acariciándole el pelo y las mejillas al dedicarle una mirada que sin lugar a dudas le dijo que se quedase allí, él se puso en pie y tragando saliva se animó a acercarse. Esquivaba los cuerpos de los licántropos tan aprisa como podía, pero ralentizó la marcha cuando llegó al lobo blanco. Los labios le temblaron y se dejó caer de rodillas a su lado, apartando bruscamente a los vampiros y lobos que aún tenía encima.
-Velk -llamó en voz baja, dudando cuando extendió la mano, pero finalmente la dejó sobre el pelaje de su cuello cuidadosamente -Hey… Te pondrás bien -asintió con una ilusa sonrisa, chequeándole con más detenimiento, aunque sus ojos probablemente veían sin ver -You bastard -sollozó, inclinándose adelante para apoyar la frente en la mejilla del lobo, necesitaba llorarle, sobreviviese o no, necesitaba llorar lo que había visto.
El lobo soltó un último lamento, antes de perder ya las fuerzas para mantener su transformación, y en su sitio quedó Velkan, las mordidas mucho más evidente en la carne humana, hasta su cabello castaño estaba empapado en sangre, sus ojos claros estaban empañados, pero cada vez más apagados.
-Lo hiciste Velkan -le sonrió tristemente su tío, notando que su sobrino siquiera podía enfocar la vista en él. Están muertos, I’m proud of you kid.
Velkan intentó decir algo, pero sólo fue capaz de soltar un quejido ahogado, brotando sangre de sus labios.
-Damnit -murmuro Viktor, acercándose rápidamente para poder girarlo y que soltara la sangre -Su cuerpo rechazo la sangre antes de que sanara… -murmuro, aunque parecía hacerlo más para si que para Adam -Esto hará que se marche el dolor -busco en su bolso, hasta sacar un pequeño frasquito de vidrio.
Velkan sin embargo pareció quejarse rechazándolo, dando un manotazo ciego el frasco se hizo añicos. Era difícil saber si habia sido intencional o accidental, estaba con un pie en ambos mundos, el dolor lo cegaba, pero parecía estar aferrándose a él.
-No te atrevas -rugió Adam, tomando de la ropa rasgada a Velkan -No te atrevas a hacer esto! Podrías haberte mejorado, todo lo que tenías que hacer era beber el dichoso remedio! ¿Quién te crees que eres maldito imbécil!? -era la rabia y la impotencia quienes hablaban, sabía que no debía tratarle así, no después de lo que había hecho por él. No obstante eso no le daba derecho a renunciar así a su vida, su vida era valiosa, lo era para él -Hiciste lo correcto Velk, ella no sabía el buen hijo que tenía, no era como tu ¿Me oyes? Tu eres bueno, conoces el sentimiento de abandono, sabes lo que es sufrir por otra persona, estás hecho para ayudar a los demás… Velk -insistió, las lágrimas rodando por sus mejillas sin freno, ni si quiera se daba cuenta de que lloraba -Nada de esto es culpa tuya, por favor, no me dejes… Me pediste que no muriera, me rogaste que no muriera.. No mueras ahora tu.
Velkan enfoco su mirada en el, incapaz de hablar, pero una lágrima rodó por su mejilla. Dolía, por que encontraba sentido a las palabras de Adam, pero eso no borraba lo que había hecho, nada lo haría.
Sus ojos se apartaron entonces de Adam a la mujer que yacía a unos pasos de él, el cabello negro desparramado en el perfecto rostro pálido como la muerte. Sin esa mirada oscura en sus ojos, ahora se veia hermosa, joven.
Intento alargar la mano hacia ella, quería pedirle perdón, pero a penas alcanzó a estirar sus dedos antes de perder las fuerzas.
Volvió entonces la mirada a Adam, con ojos decididos. Quería morir, y pretendía soportar el sufrimiento de esa muerte, habia traicionado a su clan, a Allison, a su madre. Lo único que le dolía era nunca haber vuelto a ver a su padre, saber que nunca posaría sus ojos en las tierras de su clan una vez más.
-It’s ok -sonrió y tomo la mano de Adam con firmeza, pero no fue capaz de decir más. Echo su cabeza hacia atrás y soltó un quejido mezclado con lo que bien podría haber sido un sollozo, no resultaba simple distinguir los débiles sonidos.
Entonces simplemente cayó inconsciente de sus heridas, era mucho más de lo que podía soportar, incluyendo un fuerte lobo como el.
-Estaba muriendo, incluso antes de esto -fue Viktor quien hablo, con sus ojos clavados en su sobrino -no quería morir enfermo y débil… se suponía que se sanaría luego de esto, temporalmente al menos… no creo que lo quisiera… -paso una mano por el cabello castaño -Let’s take him out of here -Haciendo uso de su fuerza, alzo al muchacho en brazos como si fuera nada mas que un niño. La cabeza inerte colgo hacia atras y tambien lo hizo su mano, cayéndose de esta el cuchillo de despellejar que Velkan habia estado aferrando hasta el ultimo momento.
-¿A dónde vas a llevarlo? -preguntó Adam con la mirada perdida, sus ojos estaban vacíos a pesar de estar llorando tanto, sentía tanto que deseaba quedarse vacío. Lo intentaba con tal esfuerzo que de hecho, parecía estarlo.
-Dad -Noah se acercó a su padre cuando Viktor pasó por su lado cargando a Velkan, abrazándose a su cintura.
El cazador dejó la mano sobre su cabeza, aún viendo hacia un punto muerto. El eco del bombardeo que estaba cayendo sobre Senoia le golpeó de pleno, regresándole a otra indudable realidad. Mientras sus hermanos luchaban él se rompía, mientras la resistencia peleaba él veía morir a quién amaba. Estaba demasiado lejos, demasiado solo, y demasiado roto para pelear. Lo único que podía y debía hacer, era poner a Noah a salvo. Sabía como acabaría aquello, Senoia ardiendo en llamas, siendo destruída, la resistencia perdiendo la batalla… Podías cambiar un destino, perderte de un detalle que daría un giro completo al desenlace, pero no todos. Y el desenlace de Senoia era el que era, sin peros y sin milagros navideños.
Se agachó solo para tomar al muchachito en brazos y siguió a Viktor. Le seguiría a dónde fuese que se dirigiese, y no se separaría de Velkan hasta verle despierto. Hasta que estuviese recuperado.FINAL CHAPTER 1

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SEASON FINALE

CHAPTER 1: THE BETRAYAL (Profundidad de los bosques)

El llamado de Velkan no le había sorprendido, después de lo que habían visto en la cueva de las nornas la cuenta atrás era inevitable, el momento en que el futuro les estallase en la cara estaba próximo, y aún así, él confiaba ciegamente en su amigo. No podía explicarlo, había algo distinto en Van Helsing, no creía que fuese mala persona, si bien sabía que había oscuridad en su interior él había vivido con ese mismo reto toda su vida, dónde fuese que hubiese poder, había oscuridad, un don siempre viene con un precio. Pero quería pensar que Velkan superaría esa oscuridad y escogería lo correcto, aunque las nornas, la lógica y las imágenes que habían visto gritaran todo lo contrario. Quizá fuese una cualidad de Stevens, o solo casualidad, pero no abandonaban a los que querían ni se echaban atrás por un par de piedras que hubiesen en el camino, si la muerte era el final dejaban que así fuera, pero no huirían de ese destino por miedo o por muy evidente que fuese el desenlace, siempre había una elección, eso era lo que él creía.

Llevaba cerca de media hora esperando en aquella zona del bosque, era el cuarto cigarrillo que se fumaba y sus ojos seguían observando las lejanías de su alrededor alertas de que ningún soldado le hubiese seguido, solía ser sigiloso, pero nunca se podía estar 100% seguro, y no cabía duda de que si veían a un lobo, a un ser como aquél, en definitiva a Velkan, tomarían armas contra él. Allison se equivocaba con los cazadores, aunque no con la totalidad, si habían algunos cerrados de mente y racistas. Como siempre, no obstante, pagaban justos por pecadores.

Un aullido resono desde lo profundo del bosque, entre los arboles. Era una señal de Velkan, estaba cerca, un aviso en caso de que Adam tuviera soldados cerca para que se deshiciera de ellos. Existia menos chance de que mataran al lobo que al humano, despues de todo, muy pocos le habian visto transformado, pero los humanos continuaban siendo agresivos ante el miedo, y un lobo tendia a generar esas cosas.

No mucho tiempo despues, un enorme lobo blanco hizo su aparicion entre los arboles. Su pelaje estaba embarrado y manchado, incluso habia restos de sangre en el.

Mientras avanzaba hacia Adam, el lobo cambio y de un momento a otro, era Velkan quien lo hacia, sus ojos claros resaltando bajo unas ojeras poco saludables, se veia algo consumido, ya no tanto como el fuerte y grandote lobo alfa que siempre habia sido.

Con algo de preocupacion miro a su alrededor, probablemente registrando que no hubiera soldados cerca. No saludo a Adam, se veia más preocupado en llegar al grano, parecia urgente.

-Esto es peligroso, asi que sere rapido -abrio la boca para segir hablando, pero debio cubrirse la boca para toser. Con la urgencia de alertar, se habia olvidado de beber su “medicamento”, no estaba en buen estado.

Rápidamente Adam llevó una mano al hombro de Velkan y al mismo tiempo dobló las rodillas para agacharse apenas, intentando ver su cara, buscando su mirada.

-Velk.. Qué diablos sucede contigo? En aquél campo cuando Allison no te veías bien, pero mierda, ahora te ves como un maldito zombie. Necesitas sentarte -tironeó de su brazo y sorprendentemente pudo con la fuerza del lobo, obligándole a tomar asiento en la primera roca aunque de superficie irregular que encontró. Se agachó en frente suyo y sacó del bolsillo de su cazadora un frasco azul, no sabía si tendría efecto en él pero debía intentarlo -Toma esto, en teoría debería sanar tus heridas y ayudarte.. No sé cuanto puede hacer. Si estabas así no debiste venir Velkan, podrías haberme dado el mensaje de otro modo, no necesitas ser un maldito suicida

-No hay tiempo para eso -gruño apartando el frasco de un manotazo, se veia molesto aunque su molestia era hacia su propia debilidad. Siempre había sido fuerte, eso nunca había sido cuestionable, tenia otras debilidades, pero nunca habia caido enfermo, nunca su cuerpo le habia fallado cuando lo necesitaba, y ahora, casi había creído que moriria antes de llegar a Adam -estoy bien. No es por lo que estoy qui -sacudió la cabeza intentando mantenerse en foco -Adam -jadeo apoyando una mano en su hombro con sorprendente fuerza para su estado, como si intentara hacer que captara la importancia de aquello -Van a atacar Senoia, tenían todo planeado desde semanas, no querian que les avisara, tuve que escapar.

De acuerdo… Aquello no se lo esperaba, o en parte si. Ambos sabían que atacarían Senoia, lo habían visto. Los dos. En la cueva de las nornas. ¿Por qué tanta sorpresa y urgencia entonces? Si algo sabía era que la OCEU estaba preparada.

-Eso ya lo sabemos Velkan -murmuró, evitando preguntar lo que realmente debía preguntar. Quién. Porque, la verdad era, no quería que la respuesta fuese “allison”, no quería tener que escoger entre su amor por ella y lo correcto, no quería verse otra vez entre esa espada y esa pared, era demasiado para soportar, prefería seguir siendo él y sus locas e irracionales deducciones sobre lo que realmente el amor significaba -¿Allison? -inquirió entonces con un hilo de voz.

-No… -tosió, a Allison parecía importarle un bledo que atacaran la OCEU, de hecho, lo deseaba. Sin embargo aunque la OCEU supiera, no sabia que en ese preciso momento estaban yendo a su ataque -Adam, no lo entiendes están… -Velkan se quedo helado, sus palabras se cortaron como rasgadas por un cuchillo. Miro su estomago, había sangre alli, acababan de dispararle. Eso no era gran cosa, había sobrevivido a cosas peores, sin embargo se veía serio, su rostro enrojecido buscando aire, conteniendo el dolor. Also la vista a su amigo con sorpresa, mientras unas manchas como venas oscuras trepaban por su cuello, veneno. Los arbustos a sus espaldas se movieron, mientras el atacante salia disparado, viendose una breve y fugaz cortina de cabello oscuro desapareciendo entre los arboles

-Velkan? -Adam miró a los ojos de su amigo inquisitvamente, nervioso, su pulso se aceleró repentinamente. Bajó la mirada notando la sangre y no tuvo tiempo para preguntarse nada mas, escuchó ese movimiento en los arbustos y no le fue difícil atar cabos -Hey!!! -gritó a todo pulmón, estaba dividido, no sabía si echar a correr tras la sombra o quedarse con Velkan. ¿Pero qué podría hacer por él? Solo traerle la cabeza de quién acababa de dispararle, al menos intentarlo. Pero él… Maldita sea, no se veía bien -Velkan -volvió a llamarlo, tomando sus mejillas para que le mirase a los ojos pero en seguida le soltó, abrazándole y aprovechando para mirar nuevamente hacia los arbustos -Hold on man.. Dime qué hago, dime qué necesitas -apretó los dientes.

Tanto poder, tantos destinos escritos para él ¿Y no podía sanar aquello? ¿Como iba a salvarle?

-I can’t breathe… -su voz sonó ahogada, luchando por conseguir aire, sus ojos cristalinos fijos, intentando enfocarse en el rostro de su amigo pero perdiéndose en las ramas sobre su cabeza, agitándose levemente con la corriente de aire, dejando entrever el cielo estrellado detrás, la luna. Habría sido natural el rezar a sus dioses, a su diosa, pero de algún modo crudamente real que ningún dios ni poder mágico llegaría a su ayuda, que las cosas eran como eran, que estaban solo el y Adam allí, estaba en sus manos. Se obligo a enfocarse, si esos eran sus últimos minutos, no quería desperdiciarlos lloriqueando por su vida ¿Que valor tenia su vida? Había familias inocentes cerca de allí, no sabia de los cazadores, pero sus hijos pequeños, sus esposas y esposos civiles, no tenían la culpa, todos ellos estaban en peligro, y no sacrificaría sus vidas para que el tuviera una chance de luchar por una vida que estaba más bien acabada de antemano. Iba a morir de todos modos -It’s ok -intento sonreír, su voz sonaba ronca, el aire le faltaba, sentía el veneno de la plata en su interior, luchando por asesinarle, su lado vampirico intentando plantarle cara. Resultaba casi irónico que lo que le había estado matando, fuera ahora lo único que le mantenía con vida, por muy frágil que resultara esa vida -It’s a good way to die -apretó sus mandíbulas, manteniendo su orgullo, el honor era algo que le habían inculcado de pequeño -Leave me -pidió, buscando en su bolsillo la daga -Atacaran Senoia… en cualquier momento -tosió, aferrando con todas sus fuerzas la daga que era el único recuerdo de su hogar, de su manada -Tienes que ir a advertirles ¡Déjame! -su voz casi sonó a orden.

-No te dejaré! -gritó enfurecido, sus ojos en llamas de rabia, no podía pedirle que le dejara, no lo haría -No me lo pidas, hey.. Velkan -se alejó para poder verle a los ojos, aún sosteniéndole para no dejarle caer -Todo saldrá bien, no te rindas, no me mandes a avisar como si esto acabara aquí, tienes que vivir.. ¿Tienes que matarme recuerdas? -sonrió con amargura -Hey, lo recuerdas? Las nornas nunca mienten. Esto no es lo que va a suceder -dejó las dos manos en su pecho para aguantarlo así y se alejó algo más a la vez, enfocando ahora su mirada en su herida, que su poder hiciese algo, tenía que poder hacer algo.. Pero no sabía como. Era su amigo, el único que había tenido en mucho tiempo, no podía solamente irse a salvar a otros y dejarle tirado como si fuese un soldado caído más, no lo era -No te dejaré -insistía, sus ojos clavados en su herida como si quisieran hacer milagros, sus ojos empezando a empañarse y la adrenalina recorriendo sus venas -Yo creo en ti Velkan. Tienes que creer tu también.. Puedes sobrevivir esto, vamos maldita sea!! -sus ojos se volvieron grises, de un azul apagado, los músculos de su cuello tensándose por el esfuerzo -Come on..

-Adam.. -le dio unas palmadas en su mano como si le dijera que estaba bien, que estaba bien dejarle -Tienes que hacer lo correcto… siempre tienes que hacer lo correcto -le advirtió, recordando las palabras de su tío acerca de tener que advertir a Adam, mantenerlo “bueno” pero el sabia mejor, tenia fe en que en su interior, Adam siempre tendría un buen corazón, y si nada de lo que había sufrido le había cambiado hasta ese entonces, nada lo haría. El siempre veía lo mejor en las personas, incluso los perdidos, como el, como Allison -It’s ok… I’m glad -sonrió débilmente y de hecho se veía feliz, no tenia sentido, realmente parecía alegre mientras le veía. Su mirada entonces se volvió hacia el cielo -Prefiero morir antes de ser quien te asesine. It’s better this way… es una muerte honorable, todo lo que podría pedir…

-Métete tu discurso del honor por dónde te quepa Velkan -siseó Adam, negando con firmeza otra vez -No dejaré que mueras. Eres mi amigo -sonrió apenas, soltando una carcajada ahogada -Los amigos se cuidan las espaldas, no abandonan al otro cuando la cosa se pone fea -tragó y dejó una mano sobre la herida, sin importarle si aquél veneno podía llegar a herirle a él, le daba todo absolutamente igual. Arrugaba una y otra vez la nariz, fruncía los labios, se le veía hecho un manojo de nervios, no sabía como hacerlo, no sabía como ayudarle.

-Dad?

Aquella voz dulce y atemorizada Adam la reconoció al instante. Se giró sobre si sin soltar a Velkan, encontrándose con los ojos de su hijo. Se veía aterrado, y la razón era simple, no estaba solo, había una mujer tras él sosteniéndole por los hombros.

Los ojos del lobo se enfocaron al escuchar la voz del niño, apartando su vista de Adam a Noah, y entonces a la mujer tras el.

-Mom…? -su voz realmente sonó vulnerable, casi similar a la de Noah, como un niño observando a uno de sus padres, algo asustado de lo que sucedía, de lo que significaba. Tras la mujer vio a sus soldados, quienes se acercaron a él y le arrancaron de Adam, sosteniéndole en pie, lejos del cazador a quien se encargaron de aferrar también, en su caso para retenerle y evitar que atacara.

-Yo que tu no intentaría nada cazador… no quieres herir a tu hijo -sonrió la vampiro, mostrando sus dientes afilados, manteniendo la daga en el cuello del niño.

-what’s going on? -jadeo el lobo intentando soltarse sin exito, estaba mareado, una punzada de dolor le atravesó cuando uno de los vampiros arranco la bala de su piel sin demasiado cuidado, no había suavidad en sus maneras, aunque parecía intentar curarle.

-Bala de plata -observo el vampiro, dejando una mano en el hombro de Velkan -Restaras bien.

-Ves lo que los cazadores te hacen hijo mio? -dijo Jezebel, como si quien le hubiese herido fuera Adam o alguno de los suyos, en lugar de ella.

-Noah!!! -Adam grito a todo pulmón, mientras sacudía los brazos intentando librarse de quienes le retenían. El miedo y la incertidumbre en los ojos de su pequeño le hacían pedazos -Suéltalo!! Maldita hija de perra, no te atrevas a tocarlo!!

-Papá -Noah tragó saliva sintiendo el filo de la daga contra su garganta, tembló apenas pero intentó mantenerse firme como buen soldado, como siempre le habían enseñado y como sabia debía comportarse, tenía que intentar ser un hombre.

Los ojos del que un día fue llave ya estaban de ese gris azulado, su mandíbula tensa y su musculatura creciendo. La sangre le hervía y a la vez se le helaba, tenía una explosión de furia dentro de él que quería salir a la luz. Echó los codos hacia atrás liberándose de los dos que le sostenían al arrojarles una fuerza imponente metros hacia atrás.

-Saca tus manos de mi hijo…
-Ah, ah, ah -advirtio la mujer, presionando la daga aun mas contra el cuello del niño, mientras el vampiro obligaba a Velkan a tragar un vial de sangre para que se recompusiera -solo intenta algo, y tendremos la sangre de tu hijo derramada por todo este lindo bosque -se relamió los labios -estoy segura de que sabe dulce.

-¿Qué diablos haces? -gruño Velkan, finalmente siendo capaz de pararse sobre sus pies. La sangre goteaba de su mentón manchando su ropa, sus ojos lobunos brillaban, pero en su estomago sentia a su cuerpo comenzar a rechazar el elixir.

-El planeo tu muerte Velkan, accedió a reunirse aquí para matarte, por que eso es lo que hacen los cazadores -la vampiro miro a su hijo -Intentamos advertírtelo cariño. Seguro hizo que uno de sus aliados te disparara, solo los cazadores usan balas de plata. Creyó que te mataría, pero no sabe cuan fuerte eres hijo mio -le observo alzando el mentón con orgullo. Se oía tan convencida, que casi parecía estar diciendo la verdad, de hecho, Velkan casi le creía, o al menos parecía hacerlo, por que su mirada se volvió hacia Adam con traición en sus ojos, mezclada con sorpresa.

-Probablemente intentando proteger a su monstruoso hijo -una gota de sangre escapo del cuello de Noah, y el aroma alerto a todos los vampiros presentes, incluso en Velkan, para su pesar y verguenza -Si, lo se… se que Salomon no es el enemigo mas temible… se sobre el circuo de Sahed. Este niño es peligroso.

-Crei que eramos amigos -la mirada de Velkan seguía fija en Adam, ya viéndose algo mas sano, las manchas desapareciendo lentamente.

La sangre que veía en el cuello de su pequeño hacía a Adam temblar, y solo cuando escuchó las últimas palabras de Van Helsing miró a su amigo de reojo.

-¿Estas de broma? ¿Crees una sola palabra de lo que dice? Jamás planearía matarte. No seas iluso Velkan…. Soy tu amigo, no tengo doble cara, no juego a dos bandas. Si no me importaras te hubiese abandonado hace tiempo… Ella solo quiere confundirte, convertirte en lo que ella es -siseó dirigiendo ahora su mirada a la mujer, una mirada que destilaba desprecio -Ella se equivoca, Allison se equivoca… Yo no mato por doquier, no mato sin criterio.. Fui educado por unas buenas personas y mi hijo también será una buena persona, más de lo que ahora es incluso. Juzgan a lo que llaman monstruos convirtiéndose en monstruos, es la hipocresía más lasciva y asquerosa que he conocido -cerró el puño -Tu eres el monstruo, y no mereces vivir.
-Ella es mi madre -Velkan entrecerró sus ojos, adelantándose hacia Adam, al tiempo que otros vampiros y hombres lobo se acercaban a apresarle, esta vez un numero mucho mas grande, intentando mantenerle en su sitio entre forcejeos, colocando en su cuello un collar con una piedra que el conocía bien agata, la misma que había dado a Allison sin que ella lo supiera, suprimía poderes, o mas bien los volvía contra su dueño, de modo que no le obedecían. Adam estaba frito, su hijo también… no saldrían con vida de allí.

Jezebel sonrió, satisfecha de que su hijo estuviera de su parte, honestamente lo había dudado.

-El niño puede que sea inocente -coloco un collar similar alrededor del cuello de Noah -pero esta destinado a destruirnos a todos, y no se puede escapar del destino.

Los ojos de Velkan se enfocaron, como si se dieran cuenta de algo en ese entonces.

-No… -arrugo levemente el ceño y volvió los ojos a Adam, entendiendo -no puedes escapar.

-Tiene que morir Velkan -dijo su madre, alzando la vista hacia el.

-Lo se… -respondió el muchacho, y sus palabras resonaron con el peso del destino sobre ellas, un horrible dejavu, la visión de las nornas haciéndose realidad.

-No -Adam negó apenas una vez, y volvió a hacerlo con más fuerza -No.. No!!! No la escuches. Velkan -suplicó, desistiendo en intentar liberarse, se sentía débil, cansado, como si algo estuviese absorbiéndole el alma partícula a partícula -Por favor… Es solo un niño. Matame a mi, yo soy quién le ha hecho así, es culpa mía… No es tarde para remediarlo, aún puedes tomar la decisión correcta. Maldita sea yo confío en ti Velkan!! Confié ciegamente en ti desde el primer día.. Cuando los demás te miraron como si fueras un monstruo yo te miré como realmente eres, no puede significar nada para ti, no todo es blanco y negro… No me falles tu también -las piernas le pesaban, el miedo de perder a Noah le aterraba -No me hagas fracasar contigo también.. Míralo. Míralo!!! -exigió que mirara a su hijo -Dime si ves gota de maldad en él.. Es solo un niño!!

-Papá -Noah intentaba ser fuerte, pero tenía miedo. Mucho miedo, de lo que le estaban haciendo, de lo que le hacían a su padre, de lo que ese hombre haría.. Le había creído buena persona, le había caído bien cuando le conoció

-Está bien Noah -Adam tensó la mandíbula -Esta bien hijo.. Todo estará bien. Velkan -volvió a llamar -No lo hagas..
-Lo siento Adam… no tengo opción… es como debe suceder… ahora lo entiendo -sus ojos estaban empañados, habia culpa en ellos, dolor, mas profundo de lo que parecía posible -No hay otro modo…

Aparto su vista de su amigo y de regreso a su madre.

-Yo lo haré… tengo que ser yo quien lo haga -trago, pareciendo que se lo repetía a si mismo. Sus pasos temblaron al apartarse de Adam, regresando junto a su madre quien le entrego la daga con una sonrisa.

-Estoy orgullosa de ti hijo -dejo un beso en su cabello antes de darle sitio -Sabes donde te plantas.

Velkan observo a Adam con sus ojos llenos de lagrimas, sentía el peso de la profecía sobre sus hombros, la OCEU seria destruida por que el había retenido la información de ellos, por que había confiado en Allison, inocentes morirían por su culpa. Y ahora… destruiría lo que quería, lo que amaba… El era el traidor.

Coloco una mano sobre la de Noah y dejo una caricia en su cabello.

El niño levantó la mirada temerosamente hacia los ojos de Velkan, había cierta inocencia en ellos, como si no comprendiese lo que sucedía a su alrededor, o no viese venir lo que sucedería a continuación. ¿Velkan le mataría a sangre fría asi, sin más? Nadie podía hacer eso ¿Cierto?

Jones sentía el colgante de su cuello arder, no el que acababan de ponerle, sino el otro, el que llevaba consigo desde que vio a su hijo arder en aquella pila. Parte de las cenizas de Eden encerradas en un diminuto frasco, lo llevaba siempre consigo, a dónde fuese que se dirigiese, y ahora ardía recordándole que le había fallado, mientras estaba inmóvil bajo el control de esas criaturas a punto de observar como le arrebataban a Noah en frente de sus ojos. Unos ojos cristalinos, llenos de impotencia y rabia, decepción, dolor. Su corazón latió con tanta fuerza de un momento a otro que lo sintió salirse de su pecho, fue una señal. Su cuerpo obligándole a reaccionar, pidiéndole que hiciese algo, que moviese un dedo por salvar lo que amaba. Pero al mismo tiempo no respondía a sus órdenes, no tenía control sobre sus poderes y él, al lado de aquellas criaturas era un renacuajo, un palo, una poca cosa que nada podía hacer por liberarse de tan fuerte agarre. Lo intentó, diablos que lo intentó, una y otra vez en cuanto volvió a ver los ojos de su hijo devolviéndole la mirada.

-Velkan..!! -rugió con la voz rota.

Velkan cerro sus ojos para no escuchar a su amigo. Jezebel se paro frente a su hijo, bloqueandole la vista del cazador.

-Hazlo, ahora -ordeno en voz dura.

-Forgive me godess… -murmuro. Entonces alzo su mano libre y cubrió los ojos del niño con una mano, echando su brazo con la daga hacia atrás, tomando carrera para asestar el puñal. Por un momento se escucho el sonido de la carne siendo atravesada por el metal, aquella daga mágica que podía matar cualquier cosa, había sido especialmente elegida para que el pequeño híbrido no la sobreviviera.

El mundo pareció avanzar en cámara lenta para el lobo, se sentía drenado de todas sus fuerzas, oía su lenta y falseada respiración, sus irregulares latidos, el grito del niño protegido entre sus brazos. Sus ojos claros y cristalinos se clavaron en los de Jezebel, su madre le devolvía la mirada, sorprendida, suplicante. Entonces bajo la vista hacia su estomago, viendo la daga clavada allí.

Velkan lloraba, no emitía sonido, pero las lagrimas rodaban silenciosas por sus mejillas sin control.

El mundo regreso a su velocidad y Jezebel cayo al suelo, alzando su vista hacia su hijo, aun sin poder creer que le hubiera apuñalado. Ni Velkan mismo podía creerlo, había destruido todo lo que amaba para proteger a Adam y a su hijo, por que era su hermano, y le había jurado lealtad, al final del dia, la profecía se había vuelto cierta, dejandole un amargo sabor de irónico heroísmo y traición.

Los licantropos y vampiros le observaron en shock por unos instantes, no parecían caer tampoco en lo que había sucedido, o recordar como reaccionar.

-Ve con tu padre, no mires -dijo a Noah, liberandole de su firme agarre -Su pelea es conmigo -dijo a las criaturas -dejenles ir.

Aquello pareció recordarles como debían actuar. La venganza de sangre era mas importante que cualquier plan, y no dudaron en soltar a Adam y avanzar peligrosamente hacia el lobo, rodeandole como predadores.

-Pon a tu hijo a resguardo Adam -le ladeo una sonrisa, aun lloraba, pero se veía decidido.
El niño no perdió un instante para correr a los brazos de su padre, quién le recibía aún en shock de rodillas en el suelo. Le habían faltado fuerzas para liberarse del ejército de Velkan pero ahora parecía tener todas las del mundo para abrazar a su hijo, apretándolo contra él, casi como si deseara meterle dentro de su cuerpo para que estuviese siempre a salvo. Eso había estado tan cerca, había sentido el sabor amargo de la traición y de la derrota nuevamente.

Pero no había sido así, y eso le hizo abrir los ojos y mirar hacia su amigo. Qué había hecho… Acababa de sentenciarse. Sus labios temblaron y dejando un beso en la cabeza de Noah le tomó las mejillas después para verlo a los ojos.

-Tengo que ayudarle ¿Lo entiendes verdad? Y tu tienes que quedarte aquí, rezagado y dónde nadie te vea. ¿Lo entiendes?

-Si -Noah asintió con firmeza aunque temblara como una gelatina, mirando los ojos de su padre que le inspiraban más fuerza que nada en el mundo -Lo entiendo.

Jones dejó ir a su pequeño y se puso en pie, las piernas aún no le respondían del todo, pero era un guerrero, uno joven e insensato, impulsivo y sentimental, pero uno al fin y al cabo. Desenfundó su cuchilla de caza y avanzó a paso decidido hacia aquellas criaturas que rodeaban a su amigo, acababa de salvarle la vida, no se iría sin devolverle la misma moneda. No sería el cobarde que le dejaría solo para morir.

-Hey -llamó con la mandíbula tensa -Puedo ser pequeño, pero esta cuchilla ha matado a muchos.. Vengan a probarla.

-Go away Adam! -comando con repentina fuerza, soltándole un rugido animal y feroz que parecía casi advertir que lo mordería si no se largaba, eran demasiados, al menos 20 o 30. No había modo de que salieran con vida de aquello, la única chance era que uno solo lo hiciera -Get the fuck out of here! -uno de los lobos le dio un empujón y varios rieron, estaban jugando con el, rodeándolo y acechándolo, jugando con la comida.

El lobo no se amedrento, se quito la chaqueta de cuero y se arremango los puños de la camiseta blanca. Merecía aquello, acababa de matar a su madre, quien le había tenido en su vientre, quien le había dado la vida, no había crimen mas terrible que aquel, sentía su alma manchada para siempre. Sangre de su sangre, derramada en sus manos.

-Come on and get me -extendió sus brazos, mirando sobre el hombro de Adam, a alguien que coloco una mano en el hombro del cazador.

-It’s ok kid… el sabe lo que hace -la mano férrea de Viktor impedía que Adam se moviera, era claramente mucho mas fuerte que el. Había lagrimas empañando sus ojos mientras observaba a su sobrino, pero no se movió para detener aquello, respeto su decisión, lo entendía, aunque le doliera. Asintió hacia su sobrino, y este hizo lo mismo, dibujando una sonrisa en sus labios, seveia casi aliviado. El sabia que iba a morir de todos modos, y aquel era un buen modo de morir, el mejor que un traidor podia pedir.

-Close your eyes -susurro a Adam, como si fuera alguna clase de juego de niños en que debiera contar hasta 10, segundos antes de que las criaturas se lanzaran sobre el como animales voraces. Cubriéndole en una masa de cuerpos. Por unos segundos Velkan intento contenerse, pero pronto su grito desgarrador irrumpió en la soledad del bosque, penetrando los arboles y los corazones, mientras su piel era desgarrada y mordida.

Viktor deseo cerrar sus ojos, pero se obligo a mantenerlos abiertos, lagrimas rodando por sus mejillas, obligando a Adam a permanecer en su sitio, a no interferir, aunque el agarre fuerte que casi parecía cortar la circulación al chico hablaba del dolor que sentía de ver aquello, de escuchar los gritos horribles resonar en el silencio.
No importaba lo que Viktor le dijese, lo que cualquier persona le dijese, lo que estaba viendo era peor que la muerte. Era pura muerte, puro dolor… Estaba viendo como un puñado de lobos hambrientos entre otras criaturas despedazaban a su mejor amigo. A su hermano, a su compañero.

Sus ojos cristalinos fueron empañando cada vez más la imagen, aunque hubiese querido no podría haberse movido, sentía las piernas dormidas, como si le hubiesen administrado un sedante cuya fórmula secreta era la pura, cruda y horrenda realidad.

No tardó en dejarse caer de rodillas con los brazos vencidos, y solo el abrazo de su hijo que acudió a su encuentro para consolarle y buscar también consuelo ante algo tan desgarrador pudo hacer que cerrara los ojos y los apartara de esa visión tan horrenda. Encerró la tela de la chaqueta de Noah en sus manos y sollozó contra su hombrera.

-It’s okay kid. It’s okay…

No lo estaba, nada estaba bien, pero qué iba a decirle a Noah sino que todo saldría bien? Él podía estar roto y haber perdido toda esperanza, pero no dejaría que a él le sucediera lo mismo.

El niño lloraba y apenas conocía al amigo de su padre, pero se había sacrificado por él, le había perdonado la vida entregando la suya, y su padre le quería. Le bastaba para sentir que estaba perdiendo a alguien importante.

Uno de los licántropos alzó el rostro con la mandíbula goteando sangre y dibujo una sonrisa burlona a los cazadores, disfrutando del sufrimiento que padecían, ellos habían causado la traición de su líder, si ese era todo el castigo que podía imponerles lo haría valer la pena, que vieran. Y así hizo, relamiéndose los labios con la sangre del alfa.

-Sangra, como cualquier otro –soltó una risa –El gran y honorable heredero de Cormac Mac Airt no es mas que otro simple mortal. No hay nada de especial en los de su clase. No hay nada de especial en él, sólo es un simple bastardo y un sucio traidor –se volvió sobre su hombro para ver a Adam –Quítenle su corazón, dejen que lo vean –sonrió como si aquello fuera a probar su punto.

Viktor no lo soportó más, desenfundando su arma, dispuesto a matarlo antes de permitir que profanaran el cuerpo de su sobrino. Entonces algo extraño sucedió. El licántropo se quedó serio, helado en su sitio, soltando un quejido antes de caer al suelo con sus ojos abiertos de par en par, lo mismo hicieron el resto de los vampiros y licántropos.

Parecían abruptamente enfermos, se llevaban sus manos a sus gargantas o soltaban gritos de dolor, como si algo les quemara en su interior. Y entonces ya no se movieron.

Entre los cuerpos se escuchó un agudo y casi inaudible lamento canino, proveniente de un lobo blanco o que al menos alguna vez había sido blanco, ahora su pelaje estaba manchado de sangre proveniente de las numerosas heridas y mordeduras. Tampoco se movía, yacía en el suelo con sus ojos ámbar clavados en ningún sitio.
Claramente Jones no podía explicarse lo que acababa de suceder, probablemente ni si quiera lo intentaría. Era inútil, y desde luego no era el momento de hacerse preguntas. Todo lo que él veía era que el enemigo había caído, y que el momento de acudir en ayuda de su hermano era ese.

Liberó a Noah acariciándole el pelo y las mejillas al dedicarle una mirada que sin lugar a dudas le dijo que se quedase allí, él se puso en pie y tragando saliva se animó a acercarse. Esquivaba los cuerpos de los licántropos tan aprisa como podía, pero ralentizó la marcha cuando llegó al lobo blanco. Los labios le temblaron y se dejó caer de rodillas a su lado, apartando bruscamente a los vampiros y lobos que aún tenía encima.

-Velk -llamó en voz baja, dudando cuando extendió la mano, pero finalmente la dejó sobre el pelaje de su cuello cuidadosamente -Hey… Te pondrás bien -asintió con una ilusa sonrisa, chequeándole con más detenimiento, aunque sus ojos probablemente veían sin ver -You bastard -sollozó, inclinándose adelante para apoyar la frente en la mejilla del lobo, necesitaba llorarle, sobreviviese o no, necesitaba llorar lo que había visto.

El lobo soltó un último lamento, antes de perder ya las fuerzas para mantener su transformación, y en su sitio quedó Velkan, las mordidas mucho más evidente en la carne humana, hasta su cabello castaño estaba empapado en sangre, sus ojos claros estaban empañados, pero cada vez más apagados.

-Lo hiciste Velkan -le sonrió tristemente su tío, notando que su sobrino siquiera podía enfocar la vista en él. Están muertos, I’m proud of you kid.

Velkan intentó decir algo, pero sólo fue capaz de soltar un quejido ahogado, brotando sangre de sus labios.

-Damnit -murmuro Viktor, acercándose rápidamente para poder girarlo y que soltara la sangre -Su cuerpo rechazo la sangre antes de que sanara… -murmuro, aunque parecía hacerlo más para si que para Adam -Esto hará que se marche el dolor -busco en su bolso, hasta sacar un pequeño frasquito de vidrio.

Velkan sin embargo pareció quejarse rechazándolo, dando un manotazo ciego el frasco se hizo añicos. Era difícil saber si habia sido intencional o accidental, estaba con un pie en ambos mundos, el dolor lo cegaba, pero parecía estar aferrándose a él.

-No te atrevas -rugió Adam, tomando de la ropa rasgada a Velkan -No te atrevas a hacer esto! Podrías haberte mejorado, todo lo que tenías que hacer era beber el dichoso remedio! ¿Quién te crees que eres maldito imbécil!? -era la rabia y la impotencia quienes hablaban, sabía que no debía tratarle así, no después de lo que había hecho por él. No obstante eso no le daba derecho a renunciar así a su vida, su vida era valiosa, lo era para él -Hiciste lo correcto Velk, ella no sabía el buen hijo que tenía, no era como tu ¿Me oyes? Tu eres bueno, conoces el sentimiento de abandono, sabes lo que es sufrir por otra persona, estás hecho para ayudar a los demás… Velk -insistió, las lágrimas rodando por sus mejillas sin freno, ni si quiera se daba cuenta de que lloraba -Nada de esto es culpa tuya, por favor, no me dejes… Me pediste que no muriera, me rogaste que no muriera.. No mueras ahora tu.

Velkan enfoco su mirada en el, incapaz de hablar, pero una lágrima rodó por su mejilla. Dolía, por que encontraba sentido a las palabras de Adam, pero eso no borraba lo que había hecho, nada lo haría.

Sus ojos se apartaron entonces de Adam a la mujer que yacía a unos pasos de él, el cabello negro desparramado en el perfecto rostro pálido como la muerte. Sin esa mirada oscura en sus ojos, ahora se veia hermosa, joven.

Intento alargar la mano hacia ella, quería pedirle perdón, pero a penas alcanzó a estirar sus dedos antes de perder las fuerzas.

Volvió entonces la mirada a Adam, con ojos decididos. Quería morir, y pretendía soportar el sufrimiento de esa muerte, habia traicionado a su clan, a Allison, a su madre. Lo único que le dolía era nunca haber vuelto a ver a su padre, saber que nunca posaría sus ojos en las tierras de su clan una vez más.

-It’s ok -sonrió y tomo la mano de Adam con firmeza, pero no fue capaz de decir más. Echo su cabeza hacia atrás y soltó un quejido mezclado con lo que bien podría haber sido un sollozo, no resultaba simple distinguir los débiles sonidos.

Entonces simplemente cayó inconsciente de sus heridas, era mucho más de lo que podía soportar, incluyendo un fuerte lobo como el.

-Estaba muriendo, incluso antes de esto -fue Viktor quien hablo, con sus ojos clavados en su sobrino -no quería morir enfermo y débil… se suponía que se sanaría luego de esto, temporalmente al menos… no creo que lo quisiera… -paso una mano por el cabello castaño -Let’s take him out of here -Haciendo uso de su fuerza, alzo al muchacho en brazos como si fuera nada mas que un niño. La cabeza inerte colgo hacia atras y tambien lo hizo su mano, cayéndose de esta el cuchillo de despellejar que Velkan habia estado aferrando hasta el ultimo momento.

-¿A dónde vas a llevarlo? -preguntó Adam con la mirada perdida, sus ojos estaban vacíos a pesar de estar llorando tanto, sentía tanto que deseaba quedarse vacío. Lo intentaba con tal esfuerzo que de hecho, parecía estarlo.

-Dad -Noah se acercó a su padre cuando Viktor pasó por su lado cargando a Velkan, abrazándose a su cintura.

El cazador dejó la mano sobre su cabeza, aún viendo hacia un punto muerto. El eco del bombardeo que estaba cayendo sobre Senoia le golpeó de pleno, regresándole a otra indudable realidad. Mientras sus hermanos luchaban él se rompía, mientras la resistencia peleaba él veía morir a quién amaba. Estaba demasiado lejos, demasiado solo, y demasiado roto para pelear. Lo único que podía y debía hacer, era poner a Noah a salvo. Sabía como acabaría aquello, Senoia ardiendo en llamas, siendo destruída, la resistencia perdiendo la batalla… Podías cambiar un destino, perderte de un detalle que daría un giro completo al desenlace, pero no todos. Y el desenlace de Senoia era el que era, sin peros y sin milagros navideños.

Se agachó solo para tomar al muchachito en brazos y siguió a Viktor. Le seguiría a dónde fuese que se dirigiese, y no se separaría de Velkan hasta verle despierto. Hasta que estuviese recuperado.

FINAL CHAPTER 1


burntoembers:

-¿Estas seguro de que es aquí donde has visto los cazadores rusos? -la mujer recorrió con pasos tranquilos aquel claro entre los árboles, buscando con la mirada señales del enemigo. Un pequeño grupo de soldados, por muy pequeño que fuera tendría que dejar al menos tierra removida, algo que hubieran dejado atrás, pero no había nada.
Tenían que hacerse cargo de ellos, no podían tener a nadie delatando su presencia  el elemento sorpresa era su principal ventaja contra Salomon, este jamás esperaría que nadie fuera a su ataque en lugar de defenderse.
Su vista se volvió hacia el grupo de brujas que le devolvieron la mirada, sólo con ello dando a entender que tampoco percibían nada, entonces miró a su más fiel soldado, aquel que era como un hermano, Velkan.
-Los he visto con mis propios ojos -aseguró el lobo, se mantenía algo apartado, aún entre los árboles, con su rostro levemente oculto bajo su sombra. Cualquiera habría notado algo sospechoso ante su actitud, al menos cualquiera que conociera al lobo, pero no Allison, nunca Allison. A sus ojos, Velkan aún estaba algo angustiado por el ataque a Senoia, preocupado por Adam -Han de haber levantado el campamento más al sur. Aún capto su aroma, no han de estar lejos.
Y de hecho aquello no era una mentira, los sentía.
No pasó mucho tiempo, antes de que silenciosos como la niebla, los soldados comenzaron a surgir de entre los árboles, rodeándoles  vestidos de blanco, camuflados en la nieve. Por una fracción de segundo, los ojos de la bruja mostraron   un vulnerable miedo, mientras observaba a sus enemigos, un rastro reflejo de la niña que alguna vez había sido. Pero aquel reflejo no duró más de unos breves segundos  y pronto el odio nubló su mirada.
Mientras los soldados alzaban sus armas, de entre el círculo surgieron las figuras de Serguei , escoltado por un joven hombre, quien parecía excesivamente satisfecho de la situación, Reynard.
-Allison Cobain, queda arrestada por crímenes contra la humanidad, es acusada de brujería y de poseer sangre demoníaca. Eres un peligro para todos -recitó Serguei, como si se tratara de un oficial. Aunque estaba claro que Allison no recibiría juicio alguno -Y por ello es nuestro deber librar al mundo de ti.
Allison soltó una sonora carcajada, mirando a Serguei con incredulidad.
-Soy una sacerdotisa de la gran diosa triple Morrigan y la bruja más poderosa que hayan enfrentado. He visto la muerte y regresado. No pueden matarme -sonrió ampliamente -sus tristes armas humanas son inútiles contra mi. Han venido a su muerte -alzó su mano para usar su magia contra ellos, pero nada sucedió -nerviosa miró a sus brujas que se veían tan asustadas y confundidas como ella. 
Allison volvió a gritar otro encantamiento diferente, pero nuevamente nada sucedió.
-No señorita Cobain, me temo que está equivocada -Reynard se adelantó, sonriendo con falsa cortesía, satisfecho de que todo saliera como planeado -No es tan grande sin sus poderes ¿Cierto?
Ante la señal de Sergui, varios soldados se adelantaron con armas listas para apresar a las mujeres. Allison sin embargo no era indefensa, con o sin poderes. Antes de que siquiera pudieran tocarle, sacó su daga y mató a dos soldados, maniéndose cerca de sus brujas -¡Velkan! -gritó por ayuda, volviéndose hacia el lobo que aún no se movía, aún en las sombras, aún con sus ojos clavados en ella -¡VELKAN! -había una nota desesperada en su voz cuando volvió a gritar, pedía ayuda, por que no podía defenderse sola, había olvidado la última vez que había sucedido aquello. 
Sus miradas se encontraron. Había lágrimas nublando la vista del muchacho, pero este pudo ver como la de la bruja cambiaba lentamente, pudo ver como su mente comenzaba a comprender lo que jamás había pensado. En esa fracción de segundo pasó del temor, a la confusión, y entonces esa temible realización de que Velkan no se movía para ayudarla, y la comprensión de que tampoco lo haría, fue entonces cuando la desesperanza tomó lugar. Sus brazos cayeron muertos a ambos lados de su cuerpo, rendidos, y los soldados no demoraron en saltar sobre ella y sus brujas.
-Quizá no podremos matarla Allison -volvió a hablar Reynard, mientras la esposaban -Pero hay cosas peores que la muerte. Usted debería saber eso.
Velkan observó como se llevaban a la mujer a rastras, quien no movía un dedo para seguirles ni para resistirse, sólo se mantenía con la vista clavada en aquel en quien más había confiado, y quién le había traicionado. El lobo intentaba convencerse de que eso era lo que debía hacerse, tal como su tío le había dicho, que Allison era peligrosa, que había puesto en peligro la vida de Adam, había sacrificado a la totalidad de la OCEU para usarles de carnada. Aquellas cosas eran ciertas desde luego, pero eso no borraba la culpabilidad en su corazón, ni la mirada desesperanzada de Allison, grabada dolorosamente en su cráneo.
Limpiandose las lágrimas de un manotazo dio media vuelta y se internó entre los árboles. Aún debía ir a advertir a Adam, si es que llegaba. Tenía que salvar cuantas vidas pudiera en ese lugar. Quizá fueran cazadores, y quizá no confiara en ellos, pero había niños e inocentes en ese lugar.

burntoembers:

-¿Estas seguro de que es aquí donde has visto los cazadores rusos? -la mujer recorrió con pasos tranquilos aquel claro entre los árboles, buscando con la mirada señales del enemigo. Un pequeño grupo de soldados, por muy pequeño que fuera tendría que dejar al menos tierra removida, algo que hubieran dejado atrás, pero no había nada.

Tenían que hacerse cargo de ellos, no podían tener a nadie delatando su presencia  el elemento sorpresa era su principal ventaja contra Salomon, este jamás esperaría que nadie fuera a su ataque en lugar de defenderse.

Su vista se volvió hacia el grupo de brujas que le devolvieron la mirada, sólo con ello dando a entender que tampoco percibían nada, entonces miró a su más fiel soldado, aquel que era como un hermano, Velkan.

-Los he visto con mis propios ojos -aseguró el lobo, se mantenía algo apartado, aún entre los árboles, con su rostro levemente oculto bajo su sombra. Cualquiera habría notado algo sospechoso ante su actitud, al menos cualquiera que conociera al lobo, pero no Allison, nunca Allison. A sus ojos, Velkan aún estaba algo angustiado por el ataque a Senoia, preocupado por Adam -Han de haber levantado el campamento más al sur. Aún capto su aroma, no han de estar lejos.

Y de hecho aquello no era una mentira, los sentía.

No pasó mucho tiempo, antes de que silenciosos como la niebla, los soldados comenzaron a surgir de entre los árboles, rodeándoles  vestidos de blanco, camuflados en la nieve. Por una fracción de segundo, los ojos de la bruja mostraron   un vulnerable miedo, mientras observaba a sus enemigos, un rastro reflejo de la niña que alguna vez había sido. Pero aquel reflejo no duró más de unos breves segundos  y pronto el odio nubló su mirada.

Mientras los soldados alzaban sus armas, de entre el círculo surgieron las figuras de Serguei , escoltado por un joven hombre, quien parecía excesivamente satisfecho de la situación, Reynard.

-Allison Cobain, queda arrestada por crímenes contra la humanidad, es acusada de brujería y de poseer sangre demoníaca. Eres un peligro para todos -recitó Serguei, como si se tratara de un oficial. Aunque estaba claro que Allison no recibiría juicio alguno -Y por ello es nuestro deber librar al mundo de ti.

Allison soltó una sonora carcajada, mirando a Serguei con incredulidad.

-Soy una sacerdotisa de la gran diosa triple Morrigan y la bruja más poderosa que hayan enfrentado. He visto la muerte y regresado. No pueden matarme -sonrió ampliamente -sus tristes armas humanas son inútiles contra mi. Han venido a su muerte -alzó su mano para usar su magia contra ellos, pero nada sucedió -nerviosa miró a sus brujas que se veían tan asustadas y confundidas como ella. 

Allison volvió a gritar otro encantamiento diferente, pero nuevamente nada sucedió.

-No señorita Cobain, me temo que está equivocada -Reynard se adelantó, sonriendo con falsa cortesía, satisfecho de que todo saliera como planeado -No es tan grande sin sus poderes ¿Cierto?

Ante la señal de Sergui, varios soldados se adelantaron con armas listas para apresar a las mujeres. Allison sin embargo no era indefensa, con o sin poderes. Antes de que siquiera pudieran tocarle, sacó su daga y mató a dos soldados, maniéndose cerca de sus brujas -¡Velkan! -gritó por ayuda, volviéndose hacia el lobo que aún no se movía, aún en las sombras, aún con sus ojos clavados en ella -¡VELKAN! -había una nota desesperada en su voz cuando volvió a gritar, pedía ayuda, por que no podía defenderse sola, había olvidado la última vez que había sucedido aquello. 

Sus miradas se encontraron. Había lágrimas nublando la vista del muchacho, pero este pudo ver como la de la bruja cambiaba lentamente, pudo ver como su mente comenzaba a comprender lo que jamás había pensado. En esa fracción de segundo pasó del temor, a la confusión, y entonces esa temible realización de que Velkan no se movía para ayudarla, y la comprensión de que tampoco lo haría, fue entonces cuando la desesperanza tomó lugar. Sus brazos cayeron muertos a ambos lados de su cuerpo, rendidos, y los soldados no demoraron en saltar sobre ella y sus brujas.

-Quizá no podremos matarla Allison -volvió a hablar Reynard, mientras la esposaban -Pero hay cosas peores que la muerte. Usted debería saber eso.

Velkan observó como se llevaban a la mujer a rastras, quien no movía un dedo para seguirles ni para resistirse, sólo se mantenía con la vista clavada en aquel en quien más había confiado, y quién le había traicionado. El lobo intentaba convencerse de que eso era lo que debía hacerse, tal como su tío le había dicho, que Allison era peligrosa, que había puesto en peligro la vida de Adam, había sacrificado a la totalidad de la OCEU para usarles de carnada. Aquellas cosas eran ciertas desde luego, pero eso no borraba la culpabilidad en su corazón, ni la mirada desesperanzada de Allison, grabada dolorosamente en su cráneo.

Limpiandose las lágrimas de un manotazo dio media vuelta y se internó entre los árboles. Aún debía ir a advertir a Adam, si es que llegaba. Tenía que salvar cuantas vidas pudiera en ese lugar. Quizá fueran cazadores, y quizá no confiara en ellos, pero había niños e inocentes en ese lugar.


Cinco años atrás, solsticio de invierno

La puerta de la cabaña se abrió de par en par y de ella salió disparado un lobo blanco, saltando un alegre aullido mientras correteaba por la nieve, golpeándola con su hocico, brincando y revolcándose en ella, salpicando de nieve por todos lados. De la nada, un lobo gris apareció, prácticamente atropellando al blanco a toda velocidad. Ambos rodaron por la helada superficie jugando. De un momento a otro ya no eran sonidos de animales, sino risas de muchachos que jugaban e la nieve como cachorros, riéndose, fastidiándose, dándose coscorrones y golpes, intentando enterrar la cara del otro en la nieve.
-Not so mighty now my prince uh? –soltó una risa Aiden, consiguiendo inmovilizarle en el suelo.
-Oh, please. Te deje ganar –bufó el chico, rodando los ojos –Bien, bien, I give up… -se tiro de espaldas, sobre la nieve, fingiendo rendirse, dejando que el otro bajara la guardia, aburrido por la rendición tan temprana, solo para tirarle nieve directamente a su rostro y salir corriendo, soltando una carcajada.
-Hey! –se quejó, corriendo todos tras él.
Demasiado ocupado en mirar hacia atrás, Velkan no vio el camino y choco de lleno con la enorme figura de su padre, cayendo de espaldas en la nieve, sin mover un centímetro al enorme hombre que le miraba con una ceja enarcada.
-¡Padre! –exclamó, algo avergonzado, hasta aguardando un regaño. Aiden a sus espaldas bajo la velocidad de la carrera y se detuvo a una distancia segura, con su rostro asustado por la presencia de su alfa.
-Lycus –agachó la cabeza mansamente, haciendo una leve inclinación.
-¿Ese es el modo de comportarse del heredero? Ya no eres un cachorro Velkan –le tendió una mano para ayudarle a levantarse, sin embargo se veía serio, intimidante como de costumbre -¿Y que hay de ti Aiden? Vamos, de regreso a casa, aun hay mucho trabajo que hacer para el festival. Que vergüenza, dejar que tu madre haga todo el trabajo ella sola.
-Lo siento Lycus –como niño regañado, Aiden agacho la cabeza y corrió de regreso a casa.
-Padre… -intentó explicar el muchacho, temiendo ahora que estaba solo con el, pero su padre le cortó.
-El alfa, dejándose vencer por un cachorro –negó con la cabeza –Nunca debes dejar que otro lobo te venza ¡Socaba tu autoridad! –Soltó un bufido –necesitas entrenarte kid, quizá con alguien que no es de tu tamaño –le guiñó un ojo, que cambio la mirada del chico desde la de un niño desilusionado a la absoluta esperanza.
Un lobo negro saltó sobre él, y ambos, negro y blanco rodaron por la nieve, luchando juguetonamente como cachorros. El negro era claramente más grande y fuerte que el blanco, a lo que desde luego la lucha acabó con rapidez. Aún así el cachorro blanco se encargó de mordisquearle las orejas y saltarle fastidiosamente, buscando volver a jugar, incluso le soltó un gruñido juguetón, poniéndose en posición de ataque; pero el negro o ignoró con un resoplido. El blaco se tiró en la nieve y rodó como un pequeño buscando atención, entonces el otro acabó resignándose a otra breve lucha. Sorpresivamente, esta vez fue el blanco quien ganó, sacando algo de agilidad de debajo de la manga, en su beneficio.
-Estaba cansado –resopló su padre, sentándose en la nieve en su forma humana.
-Lo que digas old man-rió el chico, sentándose a su lado, jadeante. Lycus le miro de reojo y le dio un golpe en la nuca como regaño, haciendo reír a su hijo.
-Sabes… -luego de unos momentos, su padre le rodeó con un brazo, observando el grupo de personas armando unas grandes mesas fuera, dejando adornos, comida. El solsticio de invierno era un festejo muy importante para los del clan. Festejaban juntos, como la gran familia que eran –Algún día estarás a cargo de todo esto, serás el alfa y ellos tu responsabilidad.
-Aún falta para ello… -rechazó la idea, apenas tenía dieciséis años, no quería pensar en ese futuro tan grande y temible.
-Quiero que seas consciente…. Se que a veces quisieras una vida normal, ser como los humanos. Lo noto.
Velkan alsó la mirada hacia él, como si acabara de descubrir un secreto vergonzoso.
-Pero tú hijo mío… -tienes un destino mucho más noble, has nacido para ser un alfa mucho más extraordinario de lo que yo jamás seré, y he estado intentando prepararte para ello… Jade lo ha visto, has sido elegido Velkan, harás grandes cosas.
-Yo no… -intentó interrumpirle, realmente dudaba lo que decía, y le asustaban unos zapatos tan grandes que llenar como lo eran las expectativas de su padre.
-Eres grande Velkan, y tu corazón es de oro, nunca olvides eso. Nunca cambies tu corazón, es lo más valioso que posees. Nunca dejes que otros lo oscurezcan…
Tiempo presente, Nochebuena 
Quien estaba sentado en aquel edificio abandonado y bombardeado, ya no era el chico de dieciséis años. Ya no estaba ese brillo en sus ojos, esa ilusión, esa inocencia. Un largo camino había recorrido Velkan Van Helsing, y ni siquiera él estaba seguro de que fuera el indicado, aún no lo estaba.
Desde sus espaldas, Allison ingresó en la habitación, parándose a su lado, observando la noche tal como él, a través de aquel enorme hueco en la pared.
-Creí que para estas alturas estarías varios kilómetros a la distancia, intentando advertir a la OCEU –observo la mujer sin mirarle.
-No… se ha vuelto muy claro para mi la razón por la que luchas… a dónde nos llevara este camino… -Velkan se mantenía serio, su puño cerrado alrededor de algo –Es por ello que me quedo –con tranquilidad se incorporó, girándose hacia ella.
Allison no perdió nota del modo en que su mano estaba cerrada, e incluso dio un paso hacia atrás, con desconfianza. Velkan soltó una leve risa desganada al notar esto, y alzó su mano, abriendo el puño para mostrarle lo que sostenía en esta, un collar con una piedra roja como la sangre.
-Feliz navidad Allison –dijo ante la sorpresa de la chica, rodeándole para ponerle el collar, lo quisiera o no -¿Podrías…? –pidió indicando su cabello.
Allison actuó automáticamente, en shock, removiéndose el cabello hacia un costado para dejarle sitio libre.
-There… -los ojos del lobo se clavaron en aquel collar, en lo que estaba haciendo, no deseando ver el rostro de la mujer.
Ella se giró a verle aun desconcertada, y entonces una sonrisa llena de ilusión se dibujó en sus labios. Era algo terrible de ver dadas las circunstancias. Pero honestamente era el gesto más inocente y humano que le había visto en mucho tiempo.
-Feliz navidad Velkan –respondió, colocando una mano en su mejilla con gentileza, antes de rodearle en un abrupto abrazo –sabia que llegarías a tus sentidos.
Velkan no sonrió  solo le correspondió el abrazo con fuerza, cerrando sus ojos, intentando olvidarse de todas las razones por las que sentía que aquello estaba mal.
-He oído de un pequeño grupo de cazadores en las cercanías, deberíamos investigarlo, tú y yo –ofreció.
-Una pequeña cacería propia… -sonrió la mujer.

Journal Entry
El solsticio de invierno… aquella época en que se festeja el triunfo de la luz sobre la oscuridad, la bondad sobre la maldad… La fina línea que divide estos conceptos es en muchas ocasiones difícil de leer, y muchos de nosotros la caminamos tentativamente ¿Cómo prevenirnos de caer del lado equivocado? ¿Cómo somos conscientes de estar en el lado correcto? ¿Cómo sabemos que estamos en el que decimos estar? La mas extraña bondad puede encontrarse en los más oscuros… y los más terribles actos se realizan en nombre de lo justo, de lo correcto. ¿Existe tal cosa como estar demasiado perdido en la oscuridad, más allá de toda salvación? Y más importante aún… ¿Existe tal cosa como la luz triunfando sobre la oscuridad?

Cinco años atrás, solsticio de invierno


La puerta de la cabaña se abrió de par en par y de ella salió disparado un lobo blanco, saltando un alegre aullido mientras correteaba por la nieve, golpeándola con su hocico, brincando y revolcándose en ella, salpicando de nieve por todos lados. De la nada, un lobo gris apareció, prácticamente atropellando al blanco a toda velocidad. Ambos rodaron por la helada superficie jugando. De un momento a otro ya no eran sonidos de animales, sino risas de muchachos que jugaban e la nieve como cachorros, riéndose, fastidiándose, dándose coscorrones y golpes, intentando enterrar la cara del otro en la nieve.

-Not so mighty now my prince uh? –soltó una risa Aiden, consiguiendo inmovilizarle en el suelo.

-Oh, please. Te deje ganar –bufó el chico, rodando los ojos –Bien, bien, I give up… -se tiro de espaldas, sobre la nieve, fingiendo rendirse, dejando que el otro bajara la guardia, aburrido por la rendición tan temprana, solo para tirarle nieve directamente a su rostro y salir corriendo, soltando una carcajada.

-Hey! –se quejó, corriendo todos tras él.

Demasiado ocupado en mirar hacia atrás, Velkan no vio el camino y choco de lleno con la enorme figura de su padre, cayendo de espaldas en la nieve, sin mover un centímetro al enorme hombre que le miraba con una ceja enarcada.

-¡Padre! –exclamó, algo avergonzado, hasta aguardando un regaño. Aiden a sus espaldas bajo la velocidad de la carrera y se detuvo a una distancia segura, con su rostro asustado por la presencia de su alfa.

-Lycus –agachó la cabeza mansamente, haciendo una leve inclinación.

-¿Ese es el modo de comportarse del heredero? Ya no eres un cachorro Velkan –le tendió una mano para ayudarle a levantarse, sin embargo se veía serio, intimidante como de costumbre -¿Y que hay de ti Aiden? Vamos, de regreso a casa, aun hay mucho trabajo que hacer para el festival. Que vergüenza, dejar que tu madre haga todo el trabajo ella sola.

-Lo siento Lycus –como niño regañado, Aiden agacho la cabeza y corrió de regreso a casa.

-Padre… -intentó explicar el muchacho, temiendo ahora que estaba solo con el, pero su padre le cortó.

-El alfa, dejándose vencer por un cachorro –negó con la cabeza –Nunca debes dejar que otro lobo te venza ¡Socaba tu autoridad! –Soltó un bufido –necesitas entrenarte kid, quizá con alguien que no es de tu tamaño –le guiñó un ojo, que cambio la mirada del chico desde la de un niño desilusionado a la absoluta esperanza.

Un lobo negro saltó sobre él, y ambos, negro y blanco rodaron por la nieve, luchando juguetonamente como cachorros. El negro era claramente más grande y fuerte que el blanco, a lo que desde luego la lucha acabó con rapidez. Aún así el cachorro blanco se encargó de mordisquearle las orejas y saltarle fastidiosamente, buscando volver a jugar, incluso le soltó un gruñido juguetón, poniéndose en posición de ataque; pero el negro o ignoró con un resoplido. El blaco se tiró en la nieve y rodó como un pequeño buscando atención, entonces el otro acabó resignándose a otra breve lucha. Sorpresivamente, esta vez fue el blanco quien ganó, sacando algo de agilidad de debajo de la manga, en su beneficio.

-Estaba cansado –resopló su padre, sentándose en la nieve en su forma humana.

-Lo que digas old man-rió el chico, sentándose a su lado, jadeante. Lycus le miro de reojo y le dio un golpe en la nuca como regaño, haciendo reír a su hijo.

-Sabes… -luego de unos momentos, su padre le rodeó con un brazo, observando el grupo de personas armando unas grandes mesas fuera, dejando adornos, comida. El solsticio de invierno era un festejo muy importante para los del clan. Festejaban juntos, como la gran familia que eran –Algún día estarás a cargo de todo esto, serás el alfa y ellos tu responsabilidad.

-Aún falta para ello… -rechazó la idea, apenas tenía dieciséis años, no quería pensar en ese futuro tan grande y temible.

-Quiero que seas consciente…. Se que a veces quisieras una vida normal, ser como los humanos. Lo noto.

Velkan alsó la mirada hacia él, como si acabara de descubrir un secreto vergonzoso.

-Pero tú hijo mío… -tienes un destino mucho más noble, has nacido para ser un alfa mucho más extraordinario de lo que yo jamás seré, y he estado intentando prepararte para ello… Jade lo ha visto, has sido elegido Velkan, harás grandes cosas.

-Yo no… -intentó interrumpirle, realmente dudaba lo que decía, y le asustaban unos zapatos tan grandes que llenar como lo eran las expectativas de su padre.

-Eres grande Velkan, y tu corazón es de oro, nunca olvides eso. Nunca cambies tu corazón, es lo más valioso que posees. Nunca dejes que otros lo oscurezcan…

Tiempo presente, Nochebuena

Quien estaba sentado en aquel edificio abandonado y bombardeado, ya no era el chico de dieciséis años. Ya no estaba ese brillo en sus ojos, esa ilusión, esa inocencia. Un largo camino había recorrido Velkan Van Helsing, y ni siquiera él estaba seguro de que fuera el indicado, aún no lo estaba.

Desde sus espaldas, Allison ingresó en la habitación, parándose a su lado, observando la noche tal como él, a través de aquel enorme hueco en la pared.

-Creí que para estas alturas estarías varios kilómetros a la distancia, intentando advertir a la OCEU –observo la mujer sin mirarle.

-No… se ha vuelto muy claro para mi la razón por la que luchas… a dónde nos llevara este camino… -Velkan se mantenía serio, su puño cerrado alrededor de algo –Es por ello que me quedo –con tranquilidad se incorporó, girándose hacia ella.

Allison no perdió nota del modo en que su mano estaba cerrada, e incluso dio un paso hacia atrás, con desconfianza. Velkan soltó una leve risa desganada al notar esto, y alzó su mano, abriendo el puño para mostrarle lo que sostenía en esta, un collar con una piedra roja como la sangre.

-Feliz navidad Allison –dijo ante la sorpresa de la chica, rodeándole para ponerle el collar, lo quisiera o no -¿Podrías…? –pidió indicando su cabello.

Allison actuó automáticamente, en shock, removiéndose el cabello hacia un costado para dejarle sitio libre.

-There… -los ojos del lobo se clavaron en aquel collar, en lo que estaba haciendo, no deseando ver el rostro de la mujer.

Ella se giró a verle aun desconcertada, y entonces una sonrisa llena de ilusión se dibujó en sus labios. Era algo terrible de ver dadas las circunstancias. Pero honestamente era el gesto más inocente y humano que le había visto en mucho tiempo.

-Feliz navidad Velkan –respondió, colocando una mano en su mejilla con gentileza, antes de rodearle en un abrupto abrazo –sabia que llegarías a tus sentidos.

Velkan no sonrió  solo le correspondió el abrazo con fuerza, cerrando sus ojos, intentando olvidarse de todas las razones por las que sentía que aquello estaba mal.

-He oído de un pequeño grupo de cazadores en las cercanías, deberíamos investigarlo, tú y yo –ofreció.

-Una pequeña cacería propia… -sonrió la mujer.

Journal Entry

El solsticio de invierno… aquella época en que se festeja el triunfo de la luz sobre la oscuridad, la bondad sobre la maldad… La fina línea que divide estos conceptos es en muchas ocasiones difícil de leer, y muchos de nosotros la caminamos tentativamente ¿Cómo prevenirnos de caer del lado equivocado? ¿Cómo somos conscientes de estar en el lado correcto? ¿Cómo sabemos que estamos en el que decimos estar? La mas extraña bondad puede encontrarse en los más oscuros… y los más terribles actos se realizan en nombre de lo justo, de lo correcto. ¿Existe tal cosa como estar demasiado perdido en la oscuridad, más allá de toda salvación? Y más importante aún… ¿Existe tal cosa como la luz triunfando sobre la oscuridad?


Podía sentir los tambores resonando en su pecho, como si nacieran de los mismos latidos de su corazón. Desde lo alto de aquella saliente en la montaña, observaba como los clanes desembarcaban en tierra, todos los soldados habían dejado Bannerman, sólo los niños y ancianos demasiado viejos para luchar quedaban allí en aquel santuario, con apenas un puñado de soldados para protegerles en caso de que algo sucediera. Vio a Allison, rodeada como de costumbre de su grupo de brujas, siempre se mantenían cerca de su dama sin excepción, ellas le daban poder, la volvían invencible, de algún modo casi parecía que eran parte de ella misma en un punto. 
Sus ojos se clavaron en la sacerdotisa, quien supervisaba con ojo atento el avance de sus tropas. Aquel ejército era mucho más grande de lo que nadie sospechaba. Suficientemente grande como para inclinar la balanza hacia el lado correcto, pero Allison no le escucharía, no quería formar parte de aquella balanza, tenía la suya propia.
-¿Qué es esto? ¿Qué ven mis ojos? –una voz a sus espaldas le hizo girarse, llevando una mano a su arma, no obstante no había nadie allí, listo para atacar, se internó en la cueva de donde parecía provenir –El príncipe sin tierra, el lobo sin manada, bastardo como su padre antes que él –la voz parecía llevada por el viento, pícara y algo socarrona.
-¿Quién anda ahí? –los colmillos asomaron en su boca, los lobunos que desgarraban, los vampíricos certeros y letales. Sus pasos eran sigilosos, como los de un cazador, alerta a cualquier movimiento.
-Observa desde la montaña, él pertenece a ningún sitio, el traidor, el príncipe de los lobos, cuanto pesa un corazón de oro ¿O es de hierro? –canturreaba la voz, haciéndole girar sobre si mismo. Se sentía rodeado, sentía el vello de su nuca erizado, sus ojos lobunos brillando.
-¡Basta de juegos, muéstrate! –gruñó de un modo en absoluto humano.
-Hay duda en tu corazón Velkan Van Helsing –la voz finalmente sonaba clara y enfocada en un punto. Al girarse, Velkan se encontró con quien parecía nada más que un hombre joven. Tenía una sonrisa algo burlona y unos ojos astutos que advertían que se trataba de más que un simple hombre –Si un instinto Van Helsing desconfía nunca debería ser ignorado.
-Ahora mismo desconfía de ti –le observo con ojo atento, vigilando cada movimiento del desconocido -¿Quién eres?
-Quien soy  es demasiado largo de explicar, pero el nombre es Reynard –sonrió como si supiera mucho más que él, como si fuer aun adulto entendiendo una broma de adultos frente a un niño ingenuo que no comprendía –Y estoy aquí para ayudarte –bajó de un salto de la roca en la que estaba parado.
-No necesito tu ayuda –dio un paso hacia tras con recelo, mostrando sus dientes como un animal desconfiando.
-Oh, pero lo haces –le señaló con un brillo astuto en sus ojos –Sabes lo que debes hacer, tú mismo lo has visto… -dio otros pasos hacia él, clavando sus ojos en los del lobo sin el menor temor –Tienes que detener la profecía –la guardia del lobo se bajo, su expresión feroz se ablandó en una mansa, mas preocupada y asustada que pacífica –No, no hablo sólo de las manipulaciones de las nornas. Hay algo más grande aún, más terrible y peligroso de lo que puedas imaginar, y está comenzando –toda sonrisa burlona se borro del rostro de Reynard, estaba siendo honesto, y eso resultaba escalofriante –Estas aprendiendo Van Helsing, que no existen bandos, son inventos. Lo importante es la meta, y si la tuya es honesta, no debes apartarte de ella sin importar quién se te imponga –su mirada era atrapante, casi nublaba todo alrededor –Es sencillo ser un héroe visible, pararse en lo alto, ser admirado. Pero el verdadero trabajo yace en las sombras, en quienes conocen el sacrificio, el Judas es el verdadero salvador, pues él sacrifica hasta su propio nombre en beneficio del bien mayor –Reynard tomó su mano y allí dejó un collar con una piedra roja como la sangre –tienes que detener a la bruja. Detenerla y detener al chico son los primeros pasos para evitar que todo se pierda.
-El chico… -murmuro Velkan, su mente aun algo perdida, algo absorto en las palabras de Reynard. Sentía que aquello tenía significado ¿Qué chico? –El asesino de Joshiel… -cayó en la cuenta.
Reynard asintió.
-Deben morir –sentenció con una voz extrañamente dura –Es el único modo de detener el futuro que has visto.
-No… -regresando a la realidad, Velkan negó con su cabeza, sus ojos empañados, observando e collar en sus manos –No puedo matarla, no lo haré… no puedo matar a Allison…
-El collar lleva una ágata, vuelve el arma del enemigo contra si mismo. Has que lo lleve y su magia le será inútil. Entonces deberás acabarla. O bien pones tus emociones primero Velkan, o pones al mundo -advirtió -La OCR está en camino, quizá quieras explorar la zona con tu líder, nadie sabe lo que pueda suceder en el tumulto de una lucha -le guiñó un ojo -Y Velkan, no lleves a la profesora contigo, la pelirroja intentará detenerte.

Podía sentir los tambores resonando en su pecho, como si nacieran de los mismos latidos de su corazón. Desde lo alto de aquella saliente en la montaña, observaba como los clanes desembarcaban en tierra, todos los soldados habían dejado Bannerman, sólo los niños y ancianos demasiado viejos para luchar quedaban allí en aquel santuario, con apenas un puñado de soldados para protegerles en caso de que algo sucediera. Vio a Allison, rodeada como de costumbre de su grupo de brujas, siempre se mantenían cerca de su dama sin excepción, ellas le daban poder, la volvían invencible, de algún modo casi parecía que eran parte de ella misma en un punto.

Sus ojos se clavaron en la sacerdotisa, quien supervisaba con ojo atento el avance de sus tropas. Aquel ejército era mucho más grande de lo que nadie sospechaba. Suficientemente grande como para inclinar la balanza hacia el lado correcto, pero Allison no le escucharía, no quería formar parte de aquella balanza, tenía la suya propia.

-¿Qué es esto? ¿Qué ven mis ojos? –una voz a sus espaldas le hizo girarse, llevando una mano a su arma, no obstante no había nadie allí, listo para atacar, se internó en la cueva de donde parecía provenir –El príncipe sin tierra, el lobo sin manada, bastardo como su padre antes que él –la voz parecía llevada por el viento, pícara y algo socarrona.

-¿Quién anda ahí? –los colmillos asomaron en su boca, los lobunos que desgarraban, los vampíricos certeros y letales. Sus pasos eran sigilosos, como los de un cazador, alerta a cualquier movimiento.

-Observa desde la montaña, él pertenece a ningún sitio, el traidor, el príncipe de los lobos, cuanto pesa un corazón de oro ¿O es de hierro? –canturreaba la voz, haciéndole girar sobre si mismo. Se sentía rodeado, sentía el vello de su nuca erizado, sus ojos lobunos brillando.

-¡Basta de juegos, muéstrate! –gruñó de un modo en absoluto humano.

-Hay duda en tu corazón Velkan Van Helsing –la voz finalmente sonaba clara y enfocada en un punto. Al girarse, Velkan se encontró con quien parecía nada más que un hombre joven. Tenía una sonrisa algo burlona y unos ojos astutos que advertían que se trataba de más que un simple hombre –Si un instinto Van Helsing desconfía nunca debería ser ignorado.

-Ahora mismo desconfía de ti –le observo con ojo atento, vigilando cada movimiento del desconocido -¿Quién eres?

-Quien soy  es demasiado largo de explicar, pero el nombre es Reynard –sonrió como si supiera mucho más que él, como si fuer aun adulto entendiendo una broma de adultos frente a un niño ingenuo que no comprendía –Y estoy aquí para ayudarte –bajó de un salto de la roca en la que estaba parado.

-No necesito tu ayuda –dio un paso hacia tras con recelo, mostrando sus dientes como un animal desconfiando.

-Oh, pero lo haces –le señaló con un brillo astuto en sus ojos –Sabes lo que debes hacer, tú mismo lo has visto… -dio otros pasos hacia él, clavando sus ojos en los del lobo sin el menor temor –Tienes que detener la profecía –la guardia del lobo se bajo, su expresión feroz se ablandó en una mansa, mas preocupada y asustada que pacífica –No, no hablo sólo de las manipulaciones de las nornas. Hay algo más grande aún, más terrible y peligroso de lo que puedas imaginar, y está comenzando –toda sonrisa burlona se borro del rostro de Reynard, estaba siendo honesto, y eso resultaba escalofriante –Estas aprendiendo Van Helsing, que no existen bandos, son inventos. Lo importante es la meta, y si la tuya es honesta, no debes apartarte de ella sin importar quién se te imponga –su mirada era atrapante, casi nublaba todo alrededor –Es sencillo ser un héroe visible, pararse en lo alto, ser admirado. Pero el verdadero trabajo yace en las sombras, en quienes conocen el sacrificio, el Judas es el verdadero salvador, pues él sacrifica hasta su propio nombre en beneficio del bien mayor –Reynard tomó su mano y allí dejó un collar con una piedra roja como la sangre –tienes que detener a la bruja. Detenerla y detener al chico son los primeros pasos para evitar que todo se pierda.

-El chico… -murmuro Velkan, su mente aun algo perdida, algo absorto en las palabras de Reynard. Sentía que aquello tenía significado ¿Qué chico? –El asesino de Joshiel… -cayó en la cuenta.

Reynard asintió.

-Deben morir –sentenció con una voz extrañamente dura –Es el único modo de detener el futuro que has visto.

-No… -regresando a la realidad, Velkan negó con su cabeza, sus ojos empañados, observando e collar en sus manos –No puedo matarla, no lo haré… no puedo matar a Allison…

-El collar lleva una ágata, vuelve el arma del enemigo contra si mismo. Has que lo lleve y su magia le será inútil. Entonces deberás acabarla. O bien pones tus emociones primero Velkan, o pones al mundo -advirtió -La OCR está en camino, quizá quieras explorar la zona con tu líder, nadie sabe lo que pueda suceder en el tumulto de una lucha -le guiñó un ojo -Y Velkan, no lleves a la profesora contigo, la pelirroja intentará detenerte.


burntoembers:


-Puede que hayamos encontrado la locación de Salomon -el djinn señalo un punto en el mapa desplegado frente a ellos. Estaban todos los cabecillas reunidos en aquella sala, planeando su gran ataque, uno de cada raza sobrenatural, todos representados para evitar conflictos, cada uno comandando un ejército de los suyos.
-¿Que esperamos -un elemental de agua sonrió observando el mapa desde su sitio, las gotas deslizándose por su piel como si acabara de ser sacado del fondo del mar.
Allison observo a los suyos, sonriendo, realmente sucedería, realmente tenían una chance de ganar. Sus ojos se posaron entonces en Velkan, quien observaba con seriedad una carpeta. Sabia lo que había allí, era la información desencriptada de los británicos, claramente no iba a agradarle, y estaba segura de que tendría que lidiar con ello muy pronto, pero el debía entenderlo, era su única chance de ser libres, ese era el gran momento.
-La OCEU será atacada luego de navidad, será nuestro momento. Estarán demasiado centrados en ese ataque y no se lo esperaran, no son conscientes del alcance de nuestras fuerzas -la bruja sonrió, observando en el mapa el punto donde Senoia se encontraba. Seria una doble victoria, y aunque no tendría el placer de ser ella quienes le destruyera, los cazadores pagarian, serian devastados en un solo golpe.
-Suena a dos pájaros de un tiro -sonrió otra mujer, una metamorfa de ojos maliciosos y astutos.
-Lo será -Allison le devolvió la sonrisa antes de hacer un gesto para que se dispersaran -preparen a sus ejércitos, partimos al amanecer -anunció sin poder contener su expresión triunfal, casi ilusionada en el fondo. Existía justicia, los astros estaban de su lado, resultaba difícil de creer que por una vez las cosas estuvieran saliendo bien.
Uno a uno los jefes de los clanes abandonaron la sala de reuniones tras presentar sus respetos a la mujer, todos, hasta que solo quedo Velkan en su sitio, con expresión seria, sus ojos clavados en Senoia. Allison le observo, sabiendo lo que se avecinaba, Velkan era demasiado idealista, casi infantil, desgraciadamente eso resultaba peligroso, por mucho que la mayoría de las veces le llevara por la senda adecuada, no estaba hecho para los tiempos de guerra, no entendía los sacrificios y decisiones difíciles que debían tomarse, no era un líder, era un niño.
-¿Hace cuánto que sabes esto? -inquirió desde la punta de la mesa, enfrentado a ella en el otro extremo. Curiosamente no había estallado como era de esperarse, estaba sentado, en falsa calma, casi derrotado, o quizá decepcionado. Eso removió el pecho de Allison, como si una parte de ella no soportara el decepcionarle.
-Hace un tiempo ya -respondió con calma, ocupada examinando los mapas para evitar prestarle demasiada atención e importancia al asunto.
-Tenemos que advertirles, no puedes usarles de señuelo Allison -negó con la cabeza, soltando un suspiro, estaba desplomado sobre su silla, sin alzar la voz, resignado, derrotado. Ella odiaba aquello, necesitaba que se enfadara, que le gritara.
La mujer soltó una risa como si acabara de decirle un excelente chiste.
-¿Por qué? -modulo la pregunta con claridad, sin encontrar razón absoluta para hacer aquello -Si con ello obtendré exactamente lo que quiero, todo lo que quiero.
-Hay inocentes allí, no es solo cazadores, hay niños, civiles -sus ojos se veían cristalinos, Allison no lo sabia, pero Velkan sentía el peso de la profecía sobre sus hombros. Él era quien había robado esa información de la OCEU, el era quien les había privado de un informe detallado sobre quiénes le atacarían. Creían que se enfrentarían únicamente a humanos, pero se encontrarían con algo mucho peor de lo que habrían sospechado -Adam está allí…
-¡No me importa! -grito golpeando la mesa con las palmas de su mano, librando su furia y frustración. Maldito fuera Velkan -¡Que los asesinen a todos y se bañen en su sangre! -abrió sus ojos de par en par, casi con demencia -Que la OCEU vea su ultimo amanecer y se vuelva cenizas, que Salomon sea aplastado por mi puño. Entonces nada se interpondrá entre nosotros y nuestra libertad. Nadie nos volverá a desafiar.
-Suenas como si vieras a Salomon como un contrincante en lugar de un villano… -observo aun calmado a pesar del instante de locura de Allison. Simplemente la observaba desde la punta de la mesa, con esa expresión tan fastidiosamente calmada, juzgándole ¿Como se atrevía a juzgarle? -¿Qué sigue? ¿Tomar su sitio? -recordó las palabras de Jane “el poder corrompe”, quizá ella si tenía razón, estaban avanzando en una dirección que no había considerado.
-¿Y eso es tan demente? ¿Tomar lo que debería ser nuestro? La oportunidad de ser libres -se inclino hacia adelante en la mesa, clavando sus ojos de fuego en Velkan.
-Eso no es por lo que luchamos -le interrumpió con voz menos calmada, mas firme.
-¿Y por qué crees que luchamos exactamente Velkan? -esta vez fue ella quien le corto -¿Los humanos? -sonrió entretenida. Criaturas sobrenaturales luchando por los humanos como sirvientes, eso era un buen chiste -¿Los cazadores? ¿La OCEU? -soltó risa negando con la cabeza ante la expresión seria del lobo -Sólo espera a que Salomon deje de ser un problema, volverán a cazarnos como animales.
Velkan no respondió, no podía, sabía perfectamente que eso era verdad, y no tenia argumento en su contra. Los cazadores cazaban criaturas como ellos. Quizá había excepciones como Adam, pero en los grandes colores esa era la verdad universal.
-Ellos se atreven a juzgarnos y cazarnos, ellos, cuyo líder es un mestizo con sangre demoniaca que de tanto en tanto pierde el control y mata a unas docenas -volvió a reír ante la ironía -¿Cuantos de ellos son realmente humanos siquiera? Hipócritas, nos llaman a nosotros monstruos. Al menos nosotros no ocultamos nuestra naturaleza –su voz se alzaba cada vez más, casi fanatizada -¿Por qué entregarle la tierra a ellos? ¿¡Por qué regresar a la oscuridad!? ¡Mira como vivimos! -de un manotazo tiro los mapas al suelo.
-¡Luchamos por que es lo correcto! -gritó el lobo, esta vez poniéndose de pie de un salto, reaccionando quizá en un intento de defender su propia mente de los argumentos de Allison. 
-¡Esto es lo correcto! -grito por encima de su voz -Es nosotros o ellos Velkan, que la tregua no te engañe.
-¡Si son tan terribles entonces debemos probar ser mejores! ¡Tenemos una oportunidad única de hacerlo! ¿Cuándo se ha hecho algo como lo que hemos logrado aquí, una unión como esta? ¡Has visto a los jefes de los clanes sentados en esta mesa, aliados! ¿No lo ves? Todo puede ser diferente -había tal brillo de esperanza en su voz que de hecho parecía que se creia sus palabras. Era algo bello de creer, en algún tiempo le habría creído, habría defendido la misma tonta idea. Pero había aprendido la lección, el mundo real había abierto sus ojos y no podía permitirse soñar despierta cuando los clanes dependían de ella, cuando había tanto en juego.
-Tu ingenuidad es casi encantadora -sonrió amargamente -Te admiraría Velkan, pero este es el mundo real, y estamos en guerra. Intenta lo que dices, ve a intentar proponer tu idea de paz y de tomarnos las manos, a ver cuanto tardan en volver a encerrarte o matarte.
El chico le observo negando con la cabeza.
-¿Que estas haciendo Allie? -se detuvo en su sitio, mirándole con esos enormes y brillantes ojos claros que tenían ese fastidioso talento de brillar como los de un niño pequeño que ve a su héroe caer.
-Tomando el control.

burntoembers:

-Puede que hayamos encontrado la locación de Salomon -el djinn señalo un punto en el mapa desplegado frente a ellos. Estaban todos los cabecillas reunidos en aquella sala, planeando su gran ataque, uno de cada raza sobrenatural, todos representados para evitar conflictos, cada uno comandando un ejército de los suyos.

-¿Que esperamos -un elemental de agua sonrió observando el mapa desde su sitio, las gotas deslizándose por su piel como si acabara de ser sacado del fondo del mar.

Allison observo a los suyos, sonriendo, realmente sucedería, realmente tenían una chance de ganar. Sus ojos se posaron entonces en Velkan, quien observaba con seriedad una carpeta. Sabia lo que había allí, era la información desencriptada de los británicos, claramente no iba a agradarle, y estaba segura de que tendría que lidiar con ello muy pronto, pero el debía entenderlo, era su única chance de ser libres, ese era el gran momento.

-La OCEU será atacada luego de navidad, será nuestro momento. Estarán demasiado centrados en ese ataque y no se lo esperaran, no son conscientes del alcance de nuestras fuerzas -la bruja sonrió, observando en el mapa el punto donde Senoia se encontraba. Seria una doble victoria, y aunque no tendría el placer de ser ella quienes le destruyera, los cazadores pagarian, serian devastados en un solo golpe.

-Suena a dos pájaros de un tiro -sonrió otra mujer, una metamorfa de ojos maliciosos y astutos.

-Lo será -Allison le devolvió la sonrisa antes de hacer un gesto para que se dispersaran -preparen a sus ejércitos, partimos al amanecer -anunció sin poder contener su expresión triunfal, casi ilusionada en el fondo. Existía justicia, los astros estaban de su lado, resultaba difícil de creer que por una vez las cosas estuvieran saliendo bien.

Uno a uno los jefes de los clanes abandonaron la sala de reuniones tras presentar sus respetos a la mujer, todos, hasta que solo quedo Velkan en su sitio, con expresión seria, sus ojos clavados en Senoia. Allison le observo, sabiendo lo que se avecinaba, Velkan era demasiado idealista, casi infantil, desgraciadamente eso resultaba peligroso, por mucho que la mayoría de las veces le llevara por la senda adecuada, no estaba hecho para los tiempos de guerra, no entendía los sacrificios y decisiones difíciles que debían tomarse, no era un líder, era un niño.

-¿Hace cuánto que sabes esto? -inquirió desde la punta de la mesa, enfrentado a ella en el otro extremo. Curiosamente no había estallado como era de esperarse, estaba sentado, en falsa calma, casi derrotado, o quizá decepcionado. Eso removió el pecho de Allison, como si una parte de ella no soportara el decepcionarle.

-Hace un tiempo ya -respondió con calma, ocupada examinando los mapas para evitar prestarle demasiada atención e importancia al asunto.

-Tenemos que advertirles, no puedes usarles de señuelo Allison -negó con la cabeza, soltando un suspiro, estaba desplomado sobre su silla, sin alzar la voz, resignado, derrotado. Ella odiaba aquello, necesitaba que se enfadara, que le gritara.

La mujer soltó una risa como si acabara de decirle un excelente chiste.

-¿Por qué? -modulo la pregunta con claridad, sin encontrar razón absoluta para hacer aquello -Si con ello obtendré exactamente lo que quiero, todo lo que quiero.

-Hay inocentes allí, no es solo cazadores, hay niños, civiles -sus ojos se veían cristalinos, Allison no lo sabia, pero Velkan sentía el peso de la profecía sobre sus hombros. Él era quien había robado esa información de la OCEU, el era quien les había privado de un informe detallado sobre quiénes le atacarían. Creían que se enfrentarían únicamente a humanos, pero se encontrarían con algo mucho peor de lo que habrían sospechado -Adam está allí…

-¡No me importa! -grito golpeando la mesa con las palmas de su mano, librando su furia y frustración. Maldito fuera Velkan -¡Que los asesinen a todos y se bañen en su sangre! -abrió sus ojos de par en par, casi con demencia -Que la OCEU vea su ultimo amanecer y se vuelva cenizas, que Salomon sea aplastado por mi puño. Entonces nada se interpondrá entre nosotros y nuestra libertad. Nadie nos volverá a desafiar.

-Suenas como si vieras a Salomon como un contrincante en lugar de un villano… -observo aun calmado a pesar del instante de locura de Allison. Simplemente la observaba desde la punta de la mesa, con esa expresión tan fastidiosamente calmada, juzgándole ¿Como se atrevía a juzgarle? -¿Qué sigue? ¿Tomar su sitio? -recordó las palabras de Jane “el poder corrompe”, quizá ella si tenía razón, estaban avanzando en una dirección que no había considerado.

-¿Y eso es tan demente? ¿Tomar lo que debería ser nuestro? La oportunidad de ser libres -se inclino hacia adelante en la mesa, clavando sus ojos de fuego en Velkan.

-Eso no es por lo que luchamos -le interrumpió con voz menos calmada, mas firme.

-¿Y por qué crees que luchamos exactamente Velkan? -esta vez fue ella quien le corto -¿Los humanos? -sonrió entretenida. Criaturas sobrenaturales luchando por los humanos como sirvientes, eso era un buen chiste -¿Los cazadores? ¿La OCEU? -soltó risa negando con la cabeza ante la expresión seria del lobo -Sólo espera a que Salomon deje de ser un problema, volverán a cazarnos como animales.

Velkan no respondió, no podía, sabía perfectamente que eso era verdad, y no tenia argumento en su contra. Los cazadores cazaban criaturas como ellos. Quizá había excepciones como Adam, pero en los grandes colores esa era la verdad universal.

-Ellos se atreven a juzgarnos y cazarnos, ellos, cuyo líder es un mestizo con sangre demoniaca que de tanto en tanto pierde el control y mata a unas docenas -volvió a reír ante la ironía -¿Cuantos de ellos son realmente humanos siquiera? Hipócritas, nos llaman a nosotros monstruos. Al menos nosotros no ocultamos nuestra naturaleza –su voz se alzaba cada vez más, casi fanatizada -¿Por qué entregarle la tierra a ellos? ¿¡Por qué regresar a la oscuridad!? ¡Mira como vivimos! -de un manotazo tiro los mapas al suelo.

-¡Luchamos por que es lo correcto! -gritó el lobo, esta vez poniéndose de pie de un salto, reaccionando quizá en un intento de defender su propia mente de los argumentos de Allison.

-¡Esto es lo correcto! -grito por encima de su voz -Es nosotros o ellos Velkan, que la tregua no te engañe.

-¡Si son tan terribles entonces debemos probar ser mejores! ¡Tenemos una oportunidad única de hacerlo! ¿Cuándo se ha hecho algo como lo que hemos logrado aquí, una unión como esta? ¡Has visto a los jefes de los clanes sentados en esta mesa, aliados! ¿No lo ves? Todo puede ser diferente -había tal brillo de esperanza en su voz que de hecho parecía que se creia sus palabras. Era algo bello de creer, en algún tiempo le habría creído, habría defendido la misma tonta idea. Pero había aprendido la lección, el mundo real había abierto sus ojos y no podía permitirse soñar despierta cuando los clanes dependían de ella, cuando había tanto en juego.

-Tu ingenuidad es casi encantadora -sonrió amargamente -Te admiraría Velkan, pero este es el mundo real, y estamos en guerra. Intenta lo que dices, ve a intentar proponer tu idea de paz y de tomarnos las manos, a ver cuanto tardan en volver a encerrarte o matarte.

El chico le observo negando con la cabeza.

-¿Que estas haciendo Allie? -se detuvo en su sitio, mirándole con esos enormes y brillantes ojos claros que tenían ese fastidioso talento de brillar como los de un niño pequeño que ve a su héroe caer.

-Tomando el control.


Las puertas de la sala principal se abrieron de par en par y el lobo ingreso dando zancadas, ignorando a los guardias de la entrada que intentaron detenerle. Seguía siendo la mano derecha de Allison después de todo, así que no había demasiado que pudieran hacer, estaba por encima de ellos.
Se giro y cerro las puertas, apoyándose en estas un momento para intentar controlarse, evitar que su lado lobuno saliera a la luz y atacara. Se giro entonces hacia Allison que le observaba con calma desde su trono, y arrojo una lujosa daga a sus pies. Las piedras preciosas brillaron bajo la luz mágica de las antorchas y la mujer enarco una ceja, pasando su mirada de la daga al lobo.
-¿Que es esto? -su tono sonó casi juguetón, fingiendo inocencia que sabia nunca seria creída, por simple diversión de verlo enfurecerse.
-Sabes perfectamente lo que es -su voz sonó potente, dura, dejando traslucir una furia apenas contenida, miraba a Allison como si sus ojos pudieran hacerla arder espontáneamente, y a su vez, había cierto dolor, como si comenzara a ver una nueva cara de en quien había creído -Podrías haberlo dejado ir sin más.
-No se iría -respondió ella con la misma calma, sonriendo levemente -Y no podía dejar ir a un cazador sin más, por mucho que tú le tengas en un altar -se encogió levemente de hombros -relájate, esta vivo ¿No? Tienes lo que querías.
-¡Podrías haberle matado! -grito finalmente, casi temblando en su ira ¿Que tal si el hechizo no funcionaba? ¿Había pensado en aquello? ¿Todo para probar un punto?
-Pero no lo hice, y al final del día, ese no es mi problema, si Adam Jones vive o no.
-¿Cómo pudiste arriesgar su vida? -había una expresión incrédula y traicionada en su rostro, como si hubiera sido a él a quien Allison había apuñalado. 
-Lo deje vivir únicamente en respeto a ti, en un acto de piedad -Allison alzó el mentón, obsequiándole una expresión dura en respuesta -y para saldar una deuda pasada, si Jones llega a morir ahora, no me quitara el sueño.
-El te ama Allison -soltó con esa chispa de indignación y furia nuevamente renaciendo en su pecho, alimentada por el dolor. La visión de Adam muriendo era horriblemente fresca, aunque estuviera con vida, no podía borrar esa imagen, o la imagen de las nornas.
-Es un cazador, Velkan, tenemos una única ley para los de su clase -arrugó levemente su nariz con desprecio, tal como cada vez que nombraba esa palabra, el simple término ya era despreciable, un nombre ligado con la muerte, con el disfrutar del asesinar, el deporte. Eso eran los cazadores, asesinos que les cazaban como animales.
-Adam es mi hermano -el joven lobo se acerco a ella, endureciendo su rostro hasta el punto en que dejaba de ser el chico herido, gritando, pataleando furioso, era una criatura peligrosa, era el lobo quieto en su sitio dando un gruñido de advertencia y descubriendo sus colmillos -Vuelves a hacerle daño y te arrepentirás –hablo en voz baja, a unos centímetros de su rostro, el desafío plasmado en sus facciones.
-¿Es eso una amenaza? -su expresión parecía casi divertida, sin creer realmente que Velkan fuera capaz de dañarle, no solo por ser ella mas poderosa, sino que el lobo era mucho mas débil de lo que se creía, se preocupaba demasiado, quería demasiado y a demasiados, allí yacía su debilidad.
-Es una advertencia -replico sin afectarse de la burla, se mantenía amenazante, mientras se apartaba y regresaba sobre sus pasos, estaba claro que nunca le perdonaría aquello a Allison, y en el fondo, ella también lo sabia, sabia que el no entendía, y que ella nunca se lo explicaría.

Las puertas de la sala principal se abrieron de par en par y el lobo ingreso dando zancadas, ignorando a los guardias de la entrada que intentaron detenerle. Seguía siendo la mano derecha de Allison después de todo, así que no había demasiado que pudieran hacer, estaba por encima de ellos.

Se giro y cerro las puertas, apoyándose en estas un momento para intentar controlarse, evitar que su lado lobuno saliera a la luz y atacara. Se giro entonces hacia Allison que le observaba con calma desde su trono, y arrojo una lujosa daga a sus pies. Las piedras preciosas brillaron bajo la luz mágica de las antorchas y la mujer enarco una ceja, pasando su mirada de la daga al lobo.

-¿Que es esto? -su tono sonó casi juguetón, fingiendo inocencia que sabia nunca seria creída, por simple diversión de verlo enfurecerse.

-Sabes perfectamente lo que es -su voz sonó potente, dura, dejando traslucir una furia apenas contenida, miraba a Allison como si sus ojos pudieran hacerla arder espontáneamente, y a su vez, había cierto dolor, como si comenzara a ver una nueva cara de en quien había creído -Podrías haberlo dejado ir sin más.

-No se iría -respondió ella con la misma calma, sonriendo levemente -Y no podía dejar ir a un cazador sin más, por mucho que tú le tengas en un altar -se encogió levemente de hombros -relájate, esta vivo ¿No? Tienes lo que querías.

-¡Podrías haberle matado! -grito finalmente, casi temblando en su ira ¿Que tal si el hechizo no funcionaba? ¿Había pensado en aquello? ¿Todo para probar un punto?

-Pero no lo hice, y al final del día, ese no es mi problema, si Adam Jones vive o no.

-¿Cómo pudiste arriesgar su vida? -había una expresión incrédula y traicionada en su rostro, como si hubiera sido a él a quien Allison había apuñalado.

-Lo deje vivir únicamente en respeto a ti, en un acto de piedad -Allison alzó el mentón, obsequiándole una expresión dura en respuesta -y para saldar una deuda pasada, si Jones llega a morir ahora, no me quitara el sueño.

-El te ama Allison -soltó con esa chispa de indignación y furia nuevamente renaciendo en su pecho, alimentada por el dolor. La visión de Adam muriendo era horriblemente fresca, aunque estuviera con vida, no podía borrar esa imagen, o la imagen de las nornas.

-Es un cazador, Velkan, tenemos una única ley para los de su clase -arrugó levemente su nariz con desprecio, tal como cada vez que nombraba esa palabra, el simple término ya era despreciable, un nombre ligado con la muerte, con el disfrutar del asesinar, el deporte. Eso eran los cazadores, asesinos que les cazaban como animales.

-Adam es mi hermano -el joven lobo se acerco a ella, endureciendo su rostro hasta el punto en que dejaba de ser el chico herido, gritando, pataleando furioso, era una criatura peligrosa, era el lobo quieto en su sitio dando un gruñido de advertencia y descubriendo sus colmillos -Vuelves a hacerle daño y te arrepentirás –hablo en voz baja, a unos centímetros de su rostro, el desafío plasmado en sus facciones.

-¿Es eso una amenaza? -su expresión parecía casi divertida, sin creer realmente que Velkan fuera capaz de dañarle, no solo por ser ella mas poderosa, sino que el lobo era mucho mas débil de lo que se creía, se preocupaba demasiado, quería demasiado y a demasiados, allí yacía su debilidad.

-Es una advertencia -replico sin afectarse de la burla, se mantenía amenazante, mientras se apartaba y regresaba sobre sus pasos, estaba claro que nunca le perdonaría aquello a Allison, y en el fondo, ella también lo sabia, sabia que el no entendía, y que ella nunca se lo explicaría.


burntoembers:


Olía como el infierno. Solo el cielo como techo, lejano, y aún así el hedor se expandía con el aire, entraba por sus fosas nasales y a veces hubiese jurado no poder dar un paso más. Lo prudente hubiese sido no dirigirse a ese campo sembrado con muerte solo, pero en cuanto escuchó los rumores, supo de quién se trataba y supo de quién era problema: suyo. Allison siempre fue su problema, desde el momento en que se juró salvarla, cuidarla, protegerla hasta el momento en que falló en su promesa. No le temía, había algo dentro suyo, un sentimiento estúpido y errado probablemente diciéndole que ella no le haría daño. En el fondo Adam seguía siendo el chico inocente que cree que toda persona guarda siempre una pizca de bondad aunque la oscuridad domine el resto, ni si quiera muerto en sus manos dejaría de creerlo así. Pasó cerca de lo que parecía una trinchera, cuerpos, sangre, putrefacción. Silencio… Finalmente vio el movimiento que esperaba ver, allí estaba ella, en mitad de aquella desolación, cómoda como quién se tira en su sofá tras un largo día de trabajo.
No parecía quebrarla ni si quiera mínimamente estar rodeada de tanta pérdida, todo lo contrario, incluso podría decir que lo disfrutaba. A pesar de que quizá debió hacerlo no sacó su arma, solo se detuvo cuando la distancia con Allison Cobain era suficientemente prudente, que no segura. No habría distancia segura con ella. A esa distancia, su corazón aún se aceleraba.
Desde su sitio, sentada en una de las ruinas; que no era más que trozos de concreto en el suelo; tal cual si fuera un trono, Allison supervisaba a sus soldados que se dividían entre buscar aquel libro antiguo que Allison tanto anhelaba, y preparar uno de los edificios en ruinas menos destruidos para poder pasar la noche allí probablemente. Los ojos de la chica estaban clavados en la tarea que hacían, tensa, necesitaba ese libro, era la clave, con él podría ganar más poder, y poder para ella era libertad, estar en la cima, no ser aplastada por nadie más nunca jamás, ya no estar indefensa, a merced de otros. Y sin embargo, fuera de su concentración, notó la presencia de Adam tan pronto puso un pie en ese campo de batalla. Siempre habían tenido una conexión extraña, la misma que le había vuelto inmune a sus poderes cuando un sólo toque de la chica solía matar al instante a cualquiera. Los soldados estaban demasiado ocupados como para ver al cazador, pero tan pronto la presencia del cazador fue captada por las brujas junto a Allison, estas sacaron unas brillantes dagas de sus cinturones, listas para defenderla a muerte. Con un gesto de su mano, esta les aplacó, incorporándose con una sonrisa no precisamente dulce. Había un veneno en su gesto, mientras se acercaba a Adam sin la menor preocupación. Sabía que no se lanzaría al ataque como un demente, era idiota, pero no tanto. 
-Ha sido una decisión bastante estúpida y suicida venir aquí Jones -le observó casi entretenida, como si estuviera observando algo cómico -¿Buscas que te asesinen o sólo que te torturen?
El mentón del cazador tembló apenas con su mano derecha en el cinturón listo para sacar su daga. Una cualquiera, vieja, de caza, no mataba brujas ni nada por el estilo, más quisiera él. Era cierto, un completo suicidio ir hasta allí solo, pero Allison le había subestimado mucho tiempo y ella no era, ni por asomo, la única con poder. 
-What happened to you Allie? -fue lo primero que le salió preguntar, sentía esa mirada calándole dentro, rompiéndole, como siempre había hecho. Solo ella había tenido el poder de destruirle con una sola mirada, Dios no había podido, el infierno no había podido, la muerte no había podido.. Solamente ella. Y sabía que probablemente jamás llegaría a entender el por qué, el saber la razón no cambiaría los hechos de todas formas -Where is the girl I met once? Como puedes tratarme con esta frialdad, olvida lo que he hecho por ti, ni si quiera lo pondré sobre la mesa como excusa o argumento. Piensa en lo que fuimos, en lo que pudimos haber sido.. ¿Por qué haces esto? Yo podría haberte amado -apretó el mango de la daga con ira -Yo podría haber estado a tu lado por siempre, cuidarte como lo hacía… ¿Por qué te rendiste? ¿Por qué lo echaste todo a perder?
La mirada de la mujer menguó momentáneamente, mostrando algo de esa fragilidad emocional que siempre había habido en ella. Las palabras de Adam le dolían, le pesaban. Le recordaban a como habían sido las cosas alguna vez, cuando el mundo aún no le había dañado lo suficiente como para destruirle. No obstante lo último acabó haciéndole soltar una risa amarga. 
-¿Yo lo eche a perder? -sonrió negando con la cabeza, no era esa risa maligna, era una dolida -Desde luego, yo lo eché a perder cuando causé que mi madre intentara matarme, que mi hermano me envenenara, yo lo causé cuando me enterré viva, cuando me torturé, cuando me violé -su mirada se endureció, reflejándose ese odio y rencor tan latentes en ella -Yo lo causé cuando me quité a mi hija ¿Cierto? -negó con la cabeza -No me rendí Adam, me puse de pie, lamento que seas tan ciego para verlo -sacó su propia daga de su cinturón, manteniendo una expresión dura.
-Lo echaste a perder cuando te alejaste de mi -siseó sin inmutarse cuando ella sacó la daga, no le mataría, estaría ciego aún quizá, pero de algún modo sabía no lo haría, seguía siendo su Allie, ella seguía estando en algún lugar. Que le jodieran al amor, a lo lógico, a lo evidente, ella había sido su amiga, su compañera y mucho más, no se trataba de amor o de una relación rota, era mucho más que eso, le había dado parte de su corazón a Allison y quería que se lo devolviera si eso iba a hacer con él, arrojarlo al suelo y pisarlo, desestimar cada ayuda que le ofreció -Realmente siento todo lo que te sucedió, realmente siento que tu te hayas vuelto tan ciega, que creas que un par de cazadores radicales sean la representación de miles. Tu estuviste ahí cuando la OCEU cambió, estuviste ahí cuando mi hermano hizo de un imperio de asesinos uno de luchadores, de personas justas. Pero nadie puede cambiar el mundo… Miranos a nosotros -sonrió con amargura -No quería cambiar el mundo, ni salvarlo, quería salvarte a ti y mira dónde nos ha llevado -dio un paso, dejando que la daga que Allie sostenía hiciese contacto con su camiseta, sintiendo la aguja pinchando -Culpa a cada uno que te hizo daño, culpa a quién quieras pero nunca te atrevas a culparme a mi. Yo nunca me rendí contigo, y nunca voy a hacerlo… Allie -susurró su nombre, atreviéndose a llevar una mano a su mejilla -Por favor. Escúchame… Nada de lo que hagas borrará ese dolor, créeme lo he intentado, durante años.. También he visto morir a mi hijo, también me han despedazado y roto en pedazos.. Ni luchando por el bien, ni consiguiendo poder voy a cambiar eso. Detén esto, mírame a los ojos y dime que serías capaz de matarme sin que te temblara el pulso.
-Tu clase nunca aceptara a los míos, siempre nos cazarán. Eso es lo que la OCEU hace, sólo que son suficientemente hipócritas como para hacer la vista gorda ante unos pocos -bajó la vista hacia el arma, tragando. Estaba allí, no había otro modo, no había salida, estaba acorralada, y no funcionaba bien acorralada. Alzó la vista hacia él, estaba tan cerca que podía ver su rostro a la perfección, sus ojos verdes, las pestañas largas que los coronaban -Ya es demasiado tarde para eso -la daga se clavó unos tres centímetros en la piel del cazador. No era letal, pero definitivamente era doloroso -No voy a decírtelo Adam, voy a mostrártelo.
En contra de todo pronóstico los ojos de Adam no se apartaron de los de Allison. Si iba a romperse lo haría delante de ella, no tendría inconveniente, no sacaría a relucir su orgullo con ella, no era una batalla cualquiera, era la batalla, y si perderla significaba ganarla de algún retorcido modo, entonces la perdería. Muchos le habían dejado, el miedo de que Velkan le matase con sus propias manos le quitaba el poco sueño que había podido conciliar alguna noche. Su hermano, su hijo, Noah… Las traiciones, sería mucho más fácil si pudiese hacer lo que Allie hacía, enfocar su dolor y su rabia hacia un propósito y no soltarlo. Él no podía, no sabía como hacerlo, el resentimiento y la pena seguían nadando en ese mar con las derrotas de su pasado y no habría agujero negro lo suficientemente poderoso que pudiese tragárselo todo. La daga escocía, era cierto, sentía la sangre comenzando a marchar su camiseta, pero no era suficiente, seguía doliéndole más el pecho. Seguía doliéndole más la culpa, por qué no la había salvado. Por qué tenía que verla allí en frente de él, rota y sola. Quizá ese había sido su primer error, pensar que alguna vez habia superado el como había roto su promesa de cuidarla. Como rompía todas las promesas que hacía, a ella, a su hijo, porque nunca era capaz de salvar a nadie. 
-Deja que te ayude -llevó la mano a la muñeca de Allie de la mano que sostenía el cuchillo y tiró hacia así, terminando de hundir el cuchillo. Un solo espasmo y su expresión ligeramente más vacía, pero aún tenso, mejor tenso que roto, aunque todo lo que se tensa demasiado acaba rompiéndose eventualmente -Dime ahora.. Soy yo, el cazador el que mata ¿O tú?
La expresión de sorpresa en el rostro de Allison fue absoluta, sintiendo la sangre tibia empapando su mano. La sangre de Adam, en sus manos… acababa de apuñalarle. Bajó la vista al mango de la daga asomándose, rodeado de aquella mancha de sangre que comenzaba a extenderse. Y entonces lo miró a él, confundida, asustada ¿Por qué había hecho aquello? No lo comprendía ¿Quién se apuñalaba a si mismo? Una parte de ella gritaba en su interior llena de dolor, la otra simplemente no reaccionaba, estaba nula. 
-Adam… -pestañeó, conteniendo las lágrimas que amenazaban con rodar por sus mejillas, y entonces arrancó la daga con fuerza, sintiendo su cuerpo temblar con aquello. Bien, había conseguido lo que quería ¿Cierto? 
La daga fue arrancada, si, y él cayó de rodillas inmediatamente al suelo, pero no hubo mueca de dolor en su expresión, sino una extraña e incomprensible sonrisa que acabó en una entrecortada carcajada. Inconscientemente se tapó la herida, quizá porque sabía era lo que debía hacerse. No había podido, ella no había podido, no podría 
-You wouldt… -amplió la sonrisa ignorando el olor de su propia sangre y como los coágulos empezaban a formarse en su garganta -You wouldnt kill me…You cant. De acuerdo, quizá no era lo más lógico estar feliz por eso cuando prácticamente se desangraba sin que pareciese importarle, realmente resultaba curioso como uno descubre sus debilidades cuando creía que eran otras, ella era su debilidad, lo había sido siempre y para no aceptar el dolor que su pérdida suponía lo había camuflado con otras partes que también había perdido. No sabía que lograría demostrar con eso, no estaba seguro de qué serviría estar convencido ahora de que quedaba bondad en Allison, aunque fuese una pizca, si moría allí. No tenía sentido, nunca nada lo había tenido cerca de ella, él era inmune a su toque mortal pero absorbía su locura, todo cerca de Allison era un manojo de locuras, como aquella que acababa de cometer. No solo el haberse apuñalado, sino el derramar su sangre ante veintenas de criaturas sedientas.
La daga escapó de su mano y sólo pudo quedarse allí parada por un momento, viendo a Adam caer de rodillas frente a ella, reír absolutamente demente. Sus palabras calaron profundo, sintiendo temor al escuchar aquello, temor por que sabía que era cierto. Había una razón por la que odiaba tanto a Adam, y no era por que le hubiera dañado como el resto. Le odiaba más que a todos por que era el único que se había preocupado por ella en toda su vida. Siempre había tenido control sobre ella, y eso era lo que odiaba, por que iba absolutamente en contra de sus anhelos de libertad. No importaba cuan libre fuera, cuan poderosa, aún allí continuaba estando en una prisión de Adam, una que no necesitaba muros. Lo odiaba más que a nadie por que lo amaba como a nadie. Alzó su mano ensangrentada y tomó su rostro, acariciando su mejilla con su pulgar. Sabía que estaban observándole, podría haberse olvidado del resto del mundo pero ellos seguían allí, atentos a lo que su líder haría. Pestañeó y algunas lágrimas cayeron al suelo, al tiempo que se agachaba frente a él, quedando a su altura. 
-Una vez que estés muerto seré libre -sus ojos claros brillaron de un color dorado, evidenciando el uso de magia. Lloraba, silenciosamente, casi imperceptiblemente, pero lo hacía. Se acercó entonces y eliminó la distancia, uniendo sus labios a los de él, al tiempo que su mano recogía la daga del suelo.
Para Adam no había nada más repentinamente que Allison Cobain. No había sangre, no había dolor, aunque ese beso le sabió amargo sabió dulce al mismo tiempo, sabía a ella, y mientras ciertas partes de él parecían terminar de romperse otras se recomponían, otras salían a relucir de nuevo, a la superficie después de tanto tiempo enterradas. Memorias, recuerdos de momentos tan insignificantes y gratos como la primera vez que la vio. Su caso, el de ella, el de ambos. Las peleas, las sonrisas, los moteles, la distancia, las culpas, la ausencia, la búsqueda, el reencuentro, el vacío, las sanaciones, las heridas abiertas, cada imagen pasaba por su recuerdo a una velocidad luz y al mismo tiempo parecía ralentizarse, como si su cerebro quisiera hacerle recordar con detalle. Avanzaba y volvía a retroceder, de nuevo a esa primera mirada de resentimiento que acabó en una sonrisa cómplice. Como un caso de modelos asesinadas había terminado en eso. Como un roce que no pudo matarle había acabado en eso. Ahora entendía por qué no podía amar a nadie, por qué no había funcionado con Zoe, con Izzie con Verónica. No había funcionado porque solo era capaz de amarla a ella, o solamente estaba destinado a amar a alguien tan roto como él.
Se apartó apenas unos milímetros para poder ver sus ojos, veía tanto amor en ellos que rompían su corazón. Su rostro sin embargo permanecía tenso, intentando contener todo aquello que le sucedía dentro de si. 
-Adiós Adam… -se despidió con un hilo de voz antes de volver a clavarle la daga, esta vez por su propia mano, con sus propias fuerzas, por menguantes que fueran. Y sin dejarle caer le retuvo en sus brazos -Una vez que mueras tus poderes serán míos -susurró en su oído, no sonaba victoriosa sin embargo, ni siquiera conforme, más bien sonaba absolutamente infeliz con aquello. Y sin embargo lo había hecho. 
 Aunque sintió el filo de la daga hundiéndose en su piel, cortándole dolorosamente, dolió más la voz de Allison susurrando a su oído. Se había equivocado, había vuelto a fallar, a creer ciegamente… Ella si podía matarle, el cuento de hadas terminaba, otra vez, sin un maldito final feliz. No podía respirar, pero tampoco demostraba que se quedaba sin aliento, lo único que hizo fue aferrarse con una mano a su espalda, aún sintiendo el frío acero hundido en su cuerpo, envenenándole, quitándole segundo a segundo la vida. Y solo podía preguntarse una cosa ¿Por qué? Por qué matarle… Porque tirar todo por la borda por unos absurdos poderes, no mentiría, él mismo se sentía mas seguro poseyendo los suyos, hacían las cosas más fáciles, sobretodo si eres pequeño y poca cosa, te hace sentir grande de algún modo.. Pero ella… Ella ya tenía los suyos ¿Tan poco valía para ella que lo arruinaría todo por un manojo de habilidades? Se moría y se odiaba por no poder dejar de creer, acababa de estacarle, acababa de demostrarle que no le importaba y aún así, creía en esa pizca de bondad en ella…
De nada serviría ahora, se apagaba, pero ella debía saberlo. Debía saber que no la odiaba, que nunca podría, que la perdonaba y que seguía amándola. 
-I dont hate you -susurró con los ojos empañados, tirando de su ropa al apretarla entre sus dedos -Im sorry… for not saving you. Inspiró por la nariz, hacerlo por la boca como solía hacer equivocadamente por un fallo estúpido e inconsciente le era imposible, irónico ¿No? Sus ojos fueron cerrándose y su mano empezó a soltar la ropa de Allison Cobain, sin fuerzas.
Allison se tensó, abrazándole con fuerza, aún sin soltarle cuando el agarre de Adam comenzó a aflojar. 
-I do hate you -le miró con lágrimas en los ojos, como si quisiera asegurarse que entendiera eso. Parecía demasiado cruel, incluso para ella, convencerle de tal cosa, romperle el corazón cuando estaba al borde de la muerte. 
-¿Allison? -una voz surgió de entre las filas, Velkan llegaba con un bolso colgando de su hombro, tal como había prometido a Adam. Desde su distancia vio la figura de su amiga arrodillada en el suelo, entonces vio el cuerpo de Adam, la sangre -¡ALLISON! -intentó correr hacia allí pero los soldados le detuvieron, sin importar que fuera su superior, eran más leales a Allison que a él. 
La morocha apartó su vista del rostro de Adam y se volvió a mirar a Velkan, el lobo estaba pálido, sus ojos desorbitados intentando darle sentido a lo que veía. 
-¿Qué has hecho? -gritó forcejeando con quienes le retenían -¿¡Qué has hecho!? -su grito quebró el silencio de aquel campo lleno de muerte. 
Allison soltó a Adam, dejándolo descansar casi con dulzura en el césped y luego se incorporó, recogiendo la daga. 
-Suéltenlo -ordenó a sus hombres, pasando junto a Velkan sin dirigirle una segunda mirada, mientras el lobo por mucho que quisiera gritarle a ella, tomó la prioridad de correr hacia su amigo -Toma -le entregó la daga a una de las brujas de su pequeño séquito -Quédate con ellos, asegúrate de vigilar a Velkan -ordenó, indicándole al resto con un simple gesto de que se pusieran en marcha, ya no había nada que ver allí. 
-Adam! Come on you dick -Velkan se arrodilló a su lado y le palmeó el rostro -Don’t you die on me again. I’ll kill you if you do -amenazó sin tener precisamente sentido. El ejército ya se había puesto en marcha, comenzaban a alejarse lentamente. 
En la distancia, Allison se giró a verles por un segundo, observando la escena con ojos cristalinos, luego volvió a girarse y continuó su camino. 
-Aguanta hermano -intentó detener la hemorragia con sus manos pero ya había perdido mucha sangre -Sólo… -se giró al oír alguien cerca, y volviéndose sus ojos color ámbar soltó un rugido peligroso y para nada humano, amenazando a la bruja que se había acercado a ellos, a lo que la mujer retrocedió, manteniéndose cerca de todos modos.
Ni las bofetadas ni las palabras despertaron a Adam, sino el rugido de Velkan. Entreabrió los ojos y golpeando varias veces el aire al intentar agarrarle de la chaqueta lo logró tras varios intentos, aunque no le sobraba fuerza. 
-Velkan -le llamó con su voz ronca, débil. Se tragó la sangre, lo intentó, porque un instante después tuvo que escupirla con una tos que revolvió las heridas internas, haciéndolas arder, doler, no obstante empezaba a sentir tanto frío que éste empezaba a tener una función anestésica –Sálvala… Hazlo por mí. Eh -tironeó con más fuerza -Te lo dije… nosotros hacemos nuestro destino. No olvides eso Allison apuñalándole, la visión de Velkan matándole, no parecía haber muchas razones para creer en nada ni nadie, pero si en algo se parecía a sus hermanos, si algo le delataba como Stevens era su fe ciega en el ser humano, en el libre albedrío, en las decisiones propias y en el perdón, en sus amigos y su familia. No podía estar equivocado con ambos, él estaba seguro de no estar equivocado con ninguno.
Como había sucedido con Allie, soltó su chaqueta. Definitivamente, se había apagado, sin embargo esta vez, sus ojos no se cerraron. Como si aún buscaran al enemigo, como si aún quisiera luchar.
-¿Cómo puedes…? -en ese preciso momento mínimamente deseaba mandar a Allison al demonio, en palabras y en sentido literal ¿Cómo podría haber hecho aquello? ¿Cómo? ¿Es que acaso tan retorcida se había vuelto? Pensó en las palabras de Viktor, le había advertido que ella lo destruiría todo -Adam! -le llamó al notar que comenzaba a dejarse ir -Adam! Come on -reclamó sintiendo sus ojos empañados -We are brothers right? We are family, you can’t leave me here -le sacudió intentando mantenerle despierto, o de simple impotencia –¡¡Adam!! -alzó la cabeza y un desgarrador aullido de lamento escapó de su lobo interior, resonando con potencia entre la oscuridad de la noche, penetrando entre los árboles, arrastrado por el viento. Aquel sonido conseguía poner la piel de gallina, lo poderoso, lo doloroso. 
Entonces algo extraño sucedió, una pequeña luz llamó su atención, y al descender la vista notó que provenía de la herida de Adam, comenzando a cerrarse mágicamente. Tras oír un sonido ahogado a sus espaldas, observó a la bruja que estaba repentinamente pálida, sorprendida. La daga en sus manos brillaba, mientras la sangre comenzaba a extenderse a lo largo de su vientre, manchando su ropa, en el mismo sitio donde Adam había sido herido. 
-What…? -observó incrédulo la escena con sus ojos empapados, viendo como la bruja caía muerta sin más, sin haber sido atacada, sin nada. Observó más allá y no vio rastro del ejército, de Allison, de nadie que pudiera explicar lo que acababa de suceder.
Los pulmones de Adam se llenaron cuando el muchacho buscó aire, y como si tuviese brasas ardiéndole en la espalda se incorporó como resorte, encontrándose con el cuerpo de Velkan al hacerlo. Estaba descolocado, mareado y sentía náuseas. Abrió los ojos solo cuando se abrazó al enorme torso de Velkan, realmente se veía como una pulga a su lado. ¿Qué diablos acababa de suceder? Si, tenía a su amigo cerca pero sus ojos surcaban el horizonte de ese campo en busca de Allison, erróneamente relacionaba ese rápido palpitar con la necesidad incontrolable de volver a hallarla, acababa de poner sus pies nuevamente en un sendero de muerte, en un amor mortal, oscuro, y no podía salirse de él.
El lobo observó al muchacho levantarse, tan shockeado como si viera un fantasma, o más bien alguien regresar de la muerte, lo que era bastante cierto. 
-You… -le miró notando que estaba despierto, vivo. Soltó una carcajada y le abrazó dándole unas palmadas en la espalda, quizá demasiado fuertes teniendo en cuenta que no medía su fuerza desde que despertaran su lado vampírico -Stupid fucking suicide jackass -le despeinó la cabeza riendo. Volvió entonces su vista a la bruja muerta y se acercó al cuerpo, examinándolo, intentando comprender qué había sucedido. Tomó la daga, la reconocía, era la de Allison, ubicaría esos ornamentos en cualquier sitio, era un arma bastante elegante diferencia de las toscas o simples que se solían ver. Con la hoja curvada, hermosa, mortal, parecía adecuarse a su dueña. Arrugando el ceño guardó la daga en su cinturón, aquello no acababa allí. -¿Puedes caminar? -preguntó, mirando alrededor -Sea lo que sea que haya sucedido, será mejor que salgamos de aquí pronto.
-Claro que puedo caminar -espetó sin medir su voz, sin pensar antes si saldría natural o raspada. Fue lo segundo, así que se aclaró la garganta y se pasó la mano por el pelo, bufando aún descolocado, mirando a su alrededor -Hell with this. She loves me -pasó por el lado de Velkan cuando comenzó a caminar, salteando el cadáver de la bruja -Y lo tenía todo controlado, renazco como las cenizas dude, y lloraste por mi -sonrió cuando se giró a verle un momento, señalándole con un dedo -Tranquilo, no pongas esa cara de estreñido man, prometo no se lo diré a nadie.. -se detuvo para esperarle, sacando su cajilla de cigarrillos aún con la mirada puesta en el infinito, anhelando en silencio ver a Allison sonreírle, verla con esa mirada que le demostrara que en ningún momento había querido matarle, solo mantener su fría, implacable y malvada reputación en lo alto. Se prendió el cigarro -Solo lo publicaré en facebook.
-Shut up! -le tiró con su mochila, fastidiado, antes de incorporarse -Aand you are back to being a pain in the ass. Me agradabas más en tu lecho de muerte -bufó, recogiendo la mochila con la que le había atacado -Y deja de fumar for christ sake! -continuó gruñendo, comenzando a caminar delante de él -No caminaré más lento sólo por que tienes los pulmones llenos de nicotina -amenazó, sin detener el avance, pareciendo más que le fastidiara Adam que el que le cayera bien. Pero desde luego todo era imagen, más como tener que soportar a un hermano latoso que en el fondo a pesar de todo se le aprecia.

burntoembers:

Olía como el infierno. Solo el cielo como techo, lejano, y aún así el hedor se expandía con el aire, entraba por sus fosas nasales y a veces hubiese jurado no poder dar un paso más. Lo prudente hubiese sido no dirigirse a ese campo sembrado con muerte solo, pero en cuanto escuchó los rumores, supo de quién se trataba y supo de quién era problema: suyo. Allison siempre fue su problema, desde el momento en que se juró salvarla, cuidarla, protegerla hasta el momento en que falló en su promesa. No le temía, había algo dentro suyo, un sentimiento estúpido y errado probablemente diciéndole que ella no le haría daño. En el fondo Adam seguía siendo el chico inocente que cree que toda persona guarda siempre una pizca de bondad aunque la oscuridad domine el resto, ni si quiera muerto en sus manos dejaría de creerlo así. Pasó cerca de lo que parecía una trinchera, cuerpos, sangre, putrefacción. Silencio… Finalmente vio el movimiento que esperaba ver, allí estaba ella, en mitad de aquella desolación, cómoda como quién se tira en su sofá tras un largo día de trabajo.

No parecía quebrarla ni si quiera mínimamente estar rodeada de tanta pérdida, todo lo contrario, incluso podría decir que lo disfrutaba. A pesar de que quizá debió hacerlo no sacó su arma, solo se detuvo cuando la distancia con Allison Cobain era suficientemente prudente, que no segura. No habría distancia segura con ella. A esa distancia, su corazón aún se aceleraba.

Desde su sitio, sentada en una de las ruinas; que no era más que trozos de concreto en el suelo; tal cual si fuera un trono, Allison supervisaba a sus soldados que se dividían entre buscar aquel libro antiguo que Allison tanto anhelaba, y preparar uno de los edificios en ruinas menos destruidos para poder pasar la noche allí probablemente. Los ojos de la chica estaban clavados en la tarea que hacían, tensa, necesitaba ese libro, era la clave, con él podría ganar más poder, y poder para ella era libertad, estar en la cima, no ser aplastada por nadie más nunca jamás, ya no estar indefensa, a merced de otros. Y sin embargo, fuera de su concentración, notó la presencia de Adam tan pronto puso un pie en ese campo de batalla. Siempre habían tenido una conexión extraña, la misma que le había vuelto inmune a sus poderes cuando un sólo toque de la chica solía matar al instante a cualquiera. Los soldados estaban demasiado ocupados como para ver al cazador, pero tan pronto la presencia del cazador fue captada por las brujas junto a Allison, estas sacaron unas brillantes dagas de sus cinturones, listas para defenderla a muerte. Con un gesto de su mano, esta les aplacó, incorporándose con una sonrisa no precisamente dulce. Había un veneno en su gesto, mientras se acercaba a Adam sin la menor preocupación. Sabía que no se lanzaría al ataque como un demente, era idiota, pero no tanto.

-Ha sido una decisión bastante estúpida y suicida venir aquí Jones -le observó casi entretenida, como si estuviera observando algo cómico -¿Buscas que te asesinen o sólo que te torturen?

El mentón del cazador tembló apenas con su mano derecha en el cinturón listo para sacar su daga. Una cualquiera, vieja, de caza, no mataba brujas ni nada por el estilo, más quisiera él. Era cierto, un completo suicidio ir hasta allí solo, pero Allison le había subestimado mucho tiempo y ella no era, ni por asomo, la única con poder.

-What happened to you Allie? -fue lo primero que le salió preguntar, sentía esa mirada calándole dentro, rompiéndole, como siempre había hecho. Solo ella había tenido el poder de destruirle con una sola mirada, Dios no había podido, el infierno no había podido, la muerte no había podido.. Solamente ella. Y sabía que probablemente jamás llegaría a entender el por qué, el saber la razón no cambiaría los hechos de todas formas -Where is the girl I met once? Como puedes tratarme con esta frialdad, olvida lo que he hecho por ti, ni si quiera lo pondré sobre la mesa como excusa o argumento. Piensa en lo que fuimos, en lo que pudimos haber sido.. ¿Por qué haces esto? Yo podría haberte amado -apretó el mango de la daga con ira -Yo podría haber estado a tu lado por siempre, cuidarte como lo hacía… ¿Por qué te rendiste? ¿Por qué lo echaste todo a perder?

La mirada de la mujer menguó momentáneamente, mostrando algo de esa fragilidad emocional que siempre había habido en ella. Las palabras de Adam le dolían, le pesaban. Le recordaban a como habían sido las cosas alguna vez, cuando el mundo aún no le había dañado lo suficiente como para destruirle. No obstante lo último acabó haciéndole soltar una risa amarga.

-¿Yo lo eche a perder? -sonrió negando con la cabeza, no era esa risa maligna, era una dolida -Desde luego, yo lo eché a perder cuando causé que mi madre intentara matarme, que mi hermano me envenenara, yo lo causé cuando me enterré viva, cuando me torturé, cuando me violé -su mirada se endureció, reflejándose ese odio y rencor tan latentes en ella -Yo lo causé cuando me quité a mi hija ¿Cierto? -negó con la cabeza -No me rendí Adam, me puse de pie, lamento que seas tan ciego para verlo -sacó su propia daga de su cinturón, manteniendo una expresión dura.

-Lo echaste a perder cuando te alejaste de mi -siseó sin inmutarse cuando ella sacó la daga, no le mataría, estaría ciego aún quizá, pero de algún modo sabía no lo haría, seguía siendo su Allie, ella seguía estando en algún lugar. Que le jodieran al amor, a lo lógico, a lo evidente, ella había sido su amiga, su compañera y mucho más, no se trataba de amor o de una relación rota, era mucho más que eso, le había dado parte de su corazón a Allison y quería que se lo devolviera si eso iba a hacer con él, arrojarlo al suelo y pisarlo, desestimar cada ayuda que le ofreció -Realmente siento todo lo que te sucedió, realmente siento que tu te hayas vuelto tan ciega, que creas que un par de cazadores radicales sean la representación de miles. Tu estuviste ahí cuando la OCEU cambió, estuviste ahí cuando mi hermano hizo de un imperio de asesinos uno de luchadores, de personas justas. Pero nadie puede cambiar el mundo… Miranos a nosotros -sonrió con amargura -No quería cambiar el mundo, ni salvarlo, quería salvarte a ti y mira dónde nos ha llevado -dio un paso, dejando que la daga que Allie sostenía hiciese contacto con su camiseta, sintiendo la aguja pinchando -Culpa a cada uno que te hizo daño, culpa a quién quieras pero nunca te atrevas a culparme a mi. Yo nunca me rendí contigo, y nunca voy a hacerlo… Allie -susurró su nombre, atreviéndose a llevar una mano a su mejilla -Por favor. Escúchame… Nada de lo que hagas borrará ese dolor, créeme lo he intentado, durante años.. También he visto morir a mi hijo, también me han despedazado y roto en pedazos.. Ni luchando por el bien, ni consiguiendo poder voy a cambiar eso. Detén esto, mírame a los ojos y dime que serías capaz de matarme sin que te temblara el pulso.

-Tu clase nunca aceptara a los míos, siempre nos cazarán. Eso es lo que la OCEU hace, sólo que son suficientemente hipócritas como para hacer la vista gorda ante unos pocos -bajó la vista hacia el arma, tragando. Estaba allí, no había otro modo, no había salida, estaba acorralada, y no funcionaba bien acorralada. Alzó la vista hacia él, estaba tan cerca que podía ver su rostro a la perfección, sus ojos verdes, las pestañas largas que los coronaban -Ya es demasiado tarde para eso -la daga se clavó unos tres centímetros en la piel del cazador. No era letal, pero definitivamente era doloroso -No voy a decírtelo Adam, voy a mostrártelo.

En contra de todo pronóstico los ojos de Adam no se apartaron de los de Allison. Si iba a romperse lo haría delante de ella, no tendría inconveniente, no sacaría a relucir su orgullo con ella, no era una batalla cualquiera, era la batalla, y si perderla significaba ganarla de algún retorcido modo, entonces la perdería. Muchos le habían dejado, el miedo de que Velkan le matase con sus propias manos le quitaba el poco sueño que había podido conciliar alguna noche. Su hermano, su hijo, Noah… Las traiciones, sería mucho más fácil si pudiese hacer lo que Allie hacía, enfocar su dolor y su rabia hacia un propósito y no soltarlo. Él no podía, no sabía como hacerlo, el resentimiento y la pena seguían nadando en ese mar con las derrotas de su pasado y no habría agujero negro lo suficientemente poderoso que pudiese tragárselo todo. La daga escocía, era cierto, sentía la sangre comenzando a marchar su camiseta, pero no era suficiente, seguía doliéndole más el pecho. Seguía doliéndole más la culpa, por qué no la había salvado. Por qué tenía que verla allí en frente de él, rota y sola. Quizá ese había sido su primer error, pensar que alguna vez habia superado el como había roto su promesa de cuidarla. Como rompía todas las promesas que hacía, a ella, a su hijo, porque nunca era capaz de salvar a nadie.

-Deja que te ayude -llevó la mano a la muñeca de Allie de la mano que sostenía el cuchillo y tiró hacia así, terminando de hundir el cuchillo. Un solo espasmo y su expresión ligeramente más vacía, pero aún tenso, mejor tenso que roto, aunque todo lo que se tensa demasiado acaba rompiéndose eventualmente -Dime ahora.. Soy yo, el cazador el que mata ¿O tú?

La expresión de sorpresa en el rostro de Allison fue absoluta, sintiendo la sangre tibia empapando su mano. La sangre de Adam, en sus manos… acababa de apuñalarle. Bajó la vista al mango de la daga asomándose, rodeado de aquella mancha de sangre que comenzaba a extenderse. Y entonces lo miró a él, confundida, asustada ¿Por qué había hecho aquello? No lo comprendía ¿Quién se apuñalaba a si mismo? Una parte de ella gritaba en su interior llena de dolor, la otra simplemente no reaccionaba, estaba nula.

-Adam… -pestañeó, conteniendo las lágrimas que amenazaban con rodar por sus mejillas, y entonces arrancó la daga con fuerza, sintiendo su cuerpo temblar con aquello. Bien, había conseguido lo que quería ¿Cierto?

La daga fue arrancada, si, y él cayó de rodillas inmediatamente al suelo, pero no hubo mueca de dolor en su expresión, sino una extraña e incomprensible sonrisa que acabó en una entrecortada carcajada. Inconscientemente se tapó la herida, quizá porque sabía era lo que debía hacerse. No había podido, ella no había podido, no podría

-You wouldt… -amplió la sonrisa ignorando el olor de su propia sangre y como los coágulos empezaban a formarse en su garganta -You wouldnt kill me…You cant. De acuerdo, quizá no era lo más lógico estar feliz por eso cuando prácticamente se desangraba sin que pareciese importarle, realmente resultaba curioso como uno descubre sus debilidades cuando creía que eran otras, ella era su debilidad, lo había sido siempre y para no aceptar el dolor que su pérdida suponía lo había camuflado con otras partes que también había perdido. No sabía que lograría demostrar con eso, no estaba seguro de qué serviría estar convencido ahora de que quedaba bondad en Allison, aunque fuese una pizca, si moría allí. No tenía sentido, nunca nada lo había tenido cerca de ella, él era inmune a su toque mortal pero absorbía su locura, todo cerca de Allison era un manojo de locuras, como aquella que acababa de cometer. No solo el haberse apuñalado, sino el derramar su sangre ante veintenas de criaturas sedientas.

La daga escapó de su mano y sólo pudo quedarse allí parada por un momento, viendo a Adam caer de rodillas frente a ella, reír absolutamente demente. Sus palabras calaron profundo, sintiendo temor al escuchar aquello, temor por que sabía que era cierto. Había una razón por la que odiaba tanto a Adam, y no era por que le hubiera dañado como el resto. Le odiaba más que a todos por que era el único que se había preocupado por ella en toda su vida. Siempre había tenido control sobre ella, y eso era lo que odiaba, por que iba absolutamente en contra de sus anhelos de libertad. No importaba cuan libre fuera, cuan poderosa, aún allí continuaba estando en una prisión de Adam, una que no necesitaba muros. Lo odiaba más que a nadie por que lo amaba como a nadie. Alzó su mano ensangrentada y tomó su rostro, acariciando su mejilla con su pulgar. Sabía que estaban observándole, podría haberse olvidado del resto del mundo pero ellos seguían allí, atentos a lo que su líder haría. Pestañeó y algunas lágrimas cayeron al suelo, al tiempo que se agachaba frente a él, quedando a su altura.

-Una vez que estés muerto seré libre -sus ojos claros brillaron de un color dorado, evidenciando el uso de magia. Lloraba, silenciosamente, casi imperceptiblemente, pero lo hacía. Se acercó entonces y eliminó la distancia, uniendo sus labios a los de él, al tiempo que su mano recogía la daga del suelo.

Para Adam no había nada más repentinamente que Allison Cobain. No había sangre, no había dolor, aunque ese beso le sabió amargo sabió dulce al mismo tiempo, sabía a ella, y mientras ciertas partes de él parecían terminar de romperse otras se recomponían, otras salían a relucir de nuevo, a la superficie después de tanto tiempo enterradas. Memorias, recuerdos de momentos tan insignificantes y gratos como la primera vez que la vio. Su caso, el de ella, el de ambos. Las peleas, las sonrisas, los moteles, la distancia, las culpas, la ausencia, la búsqueda, el reencuentro, el vacío, las sanaciones, las heridas abiertas, cada imagen pasaba por su recuerdo a una velocidad luz y al mismo tiempo parecía ralentizarse, como si su cerebro quisiera hacerle recordar con detalle. Avanzaba y volvía a retroceder, de nuevo a esa primera mirada de resentimiento que acabó en una sonrisa cómplice. Como un caso de modelos asesinadas había terminado en eso. Como un roce que no pudo matarle había acabado en eso. Ahora entendía por qué no podía amar a nadie, por qué no había funcionado con Zoe, con Izzie con Verónica. No había funcionado porque solo era capaz de amarla a ella, o solamente estaba destinado a amar a alguien tan roto como él.

Se apartó apenas unos milímetros para poder ver sus ojos, veía tanto amor en ellos que rompían su corazón. Su rostro sin embargo permanecía tenso, intentando contener todo aquello que le sucedía dentro de si.

-Adiós Adam… -se despidió con un hilo de voz antes de volver a clavarle la daga, esta vez por su propia mano, con sus propias fuerzas, por menguantes que fueran. Y sin dejarle caer le retuvo en sus brazos -Una vez que mueras tus poderes serán míos -susurró en su oído, no sonaba victoriosa sin embargo, ni siquiera conforme, más bien sonaba absolutamente infeliz con aquello. Y sin embargo lo había hecho.

 Aunque sintió el filo de la daga hundiéndose en su piel, cortándole dolorosamente, dolió más la voz de Allison susurrando a su oído. Se había equivocado, había vuelto a fallar, a creer ciegamente… Ella si podía matarle, el cuento de hadas terminaba, otra vez, sin un maldito final feliz. No podía respirar, pero tampoco demostraba que se quedaba sin aliento, lo único que hizo fue aferrarse con una mano a su espalda, aún sintiendo el frío acero hundido en su cuerpo, envenenándole, quitándole segundo a segundo la vida. Y solo podía preguntarse una cosa ¿Por qué? Por qué matarle… Porque tirar todo por la borda por unos absurdos poderes, no mentiría, él mismo se sentía mas seguro poseyendo los suyos, hacían las cosas más fáciles, sobretodo si eres pequeño y poca cosa, te hace sentir grande de algún modo.. Pero ella… Ella ya tenía los suyos ¿Tan poco valía para ella que lo arruinaría todo por un manojo de habilidades? Se moría y se odiaba por no poder dejar de creer, acababa de estacarle, acababa de demostrarle que no le importaba y aún así, creía en esa pizca de bondad en ella…

De nada serviría ahora, se apagaba, pero ella debía saberlo. Debía saber que no la odiaba, que nunca podría, que la perdonaba y que seguía amándola.

-I dont hate you -susurró con los ojos empañados, tirando de su ropa al apretarla entre sus dedos -Im sorry… for not saving you. Inspiró por la nariz, hacerlo por la boca como solía hacer equivocadamente por un fallo estúpido e inconsciente le era imposible, irónico ¿No? Sus ojos fueron cerrándose y su mano empezó a soltar la ropa de Allison Cobain, sin fuerzas.

Allison se tensó, abrazándole con fuerza, aún sin soltarle cuando el agarre de Adam comenzó a aflojar.

-I do hate you -le miró con lágrimas en los ojos, como si quisiera asegurarse que entendiera eso. Parecía demasiado cruel, incluso para ella, convencerle de tal cosa, romperle el corazón cuando estaba al borde de la muerte.

-¿Allison? -una voz surgió de entre las filas, Velkan llegaba con un bolso colgando de su hombro, tal como había prometido a Adam. Desde su distancia vio la figura de su amiga arrodillada en el suelo, entonces vio el cuerpo de Adam, la sangre -¡ALLISON! -intentó correr hacia allí pero los soldados le detuvieron, sin importar que fuera su superior, eran más leales a Allison que a él.

La morocha apartó su vista del rostro de Adam y se volvió a mirar a Velkan, el lobo estaba pálido, sus ojos desorbitados intentando darle sentido a lo que veía.

-¿Qué has hecho? -gritó forcejeando con quienes le retenían -¿¡Qué has hecho!? -su grito quebró el silencio de aquel campo lleno de muerte.

Allison soltó a Adam, dejándolo descansar casi con dulzura en el césped y luego se incorporó, recogiendo la daga.

-Suéltenlo -ordenó a sus hombres, pasando junto a Velkan sin dirigirle una segunda mirada, mientras el lobo por mucho que quisiera gritarle a ella, tomó la prioridad de correr hacia su amigo -Toma -le entregó la daga a una de las brujas de su pequeño séquito -Quédate con ellos, asegúrate de vigilar a Velkan -ordenó, indicándole al resto con un simple gesto de que se pusieran en marcha, ya no había nada que ver allí.

-Adam! Come on you dick -Velkan se arrodilló a su lado y le palmeó el rostro -Don’t you die on me again. I’ll kill you if you do -amenazó sin tener precisamente sentido. El ejército ya se había puesto en marcha, comenzaban a alejarse lentamente.

En la distancia, Allison se giró a verles por un segundo, observando la escena con ojos cristalinos, luego volvió a girarse y continuó su camino.

-Aguanta hermano -intentó detener la hemorragia con sus manos pero ya había perdido mucha sangre -Sólo… -se giró al oír alguien cerca, y volviéndose sus ojos color ámbar soltó un rugido peligroso y para nada humano, amenazando a la bruja que se había acercado a ellos, a lo que la mujer retrocedió, manteniéndose cerca de todos modos.

Ni las bofetadas ni las palabras despertaron a Adam, sino el rugido de Velkan. Entreabrió los ojos y golpeando varias veces el aire al intentar agarrarle de la chaqueta lo logró tras varios intentos, aunque no le sobraba fuerza.

-Velkan -le llamó con su voz ronca, débil. Se tragó la sangre, lo intentó, porque un instante después tuvo que escupirla con una tos que revolvió las heridas internas, haciéndolas arder, doler, no obstante empezaba a sentir tanto frío que éste empezaba a tener una función anestésica –Sálvala… Hazlo por mí. Eh -tironeó con más fuerza -Te lo dije… nosotros hacemos nuestro destino. No olvides eso Allison apuñalándole, la visión de Velkan matándole, no parecía haber muchas razones para creer en nada ni nadie, pero si en algo se parecía a sus hermanos, si algo le delataba como Stevens era su fe ciega en el ser humano, en el libre albedrío, en las decisiones propias y en el perdón, en sus amigos y su familia. No podía estar equivocado con ambos, él estaba seguro de no estar equivocado con ninguno.

Como había sucedido con Allie, soltó su chaqueta. Definitivamente, se había apagado, sin embargo esta vez, sus ojos no se cerraron. Como si aún buscaran al enemigo, como si aún quisiera luchar.

-¿Cómo puedes…? -en ese preciso momento mínimamente deseaba mandar a Allison al demonio, en palabras y en sentido literal ¿Cómo podría haber hecho aquello? ¿Cómo? ¿Es que acaso tan retorcida se había vuelto? Pensó en las palabras de Viktor, le había advertido que ella lo destruiría todo -Adam! -le llamó al notar que comenzaba a dejarse ir -Adam! Come on -reclamó sintiendo sus ojos empañados -We are brothers right? We are family, you can’t leave me here -le sacudió intentando mantenerle despierto, o de simple impotencia –¡¡Adam!! -alzó la cabeza y un desgarrador aullido de lamento escapó de su lobo interior, resonando con potencia entre la oscuridad de la noche, penetrando entre los árboles, arrastrado por el viento. Aquel sonido conseguía poner la piel de gallina, lo poderoso, lo doloroso.

Entonces algo extraño sucedió, una pequeña luz llamó su atención, y al descender la vista notó que provenía de la herida de Adam, comenzando a cerrarse mágicamente. Tras oír un sonido ahogado a sus espaldas, observó a la bruja que estaba repentinamente pálida, sorprendida. La daga en sus manos brillaba, mientras la sangre comenzaba a extenderse a lo largo de su vientre, manchando su ropa, en el mismo sitio donde Adam había sido herido.

-What…? -observó incrédulo la escena con sus ojos empapados, viendo como la bruja caía muerta sin más, sin haber sido atacada, sin nada. Observó más allá y no vio rastro del ejército, de Allison, de nadie que pudiera explicar lo que acababa de suceder.

Los pulmones de Adam se llenaron cuando el muchacho buscó aire, y como si tuviese brasas ardiéndole en la espalda se incorporó como resorte, encontrándose con el cuerpo de Velkan al hacerlo. Estaba descolocado, mareado y sentía náuseas. Abrió los ojos solo cuando se abrazó al enorme torso de Velkan, realmente se veía como una pulga a su lado. ¿Qué diablos acababa de suceder? Si, tenía a su amigo cerca pero sus ojos surcaban el horizonte de ese campo en busca de Allison, erróneamente relacionaba ese rápido palpitar con la necesidad incontrolable de volver a hallarla, acababa de poner sus pies nuevamente en un sendero de muerte, en un amor mortal, oscuro, y no podía salirse de él.

El lobo observó al muchacho levantarse, tan shockeado como si viera un fantasma, o más bien alguien regresar de la muerte, lo que era bastante cierto.

-You… -le miró notando que estaba despierto, vivo. Soltó una carcajada y le abrazó dándole unas palmadas en la espalda, quizá demasiado fuertes teniendo en cuenta que no medía su fuerza desde que despertaran su lado vampírico -Stupid fucking suicide jackass -le despeinó la cabeza riendo. Volvió entonces su vista a la bruja muerta y se acercó al cuerpo, examinándolo, intentando comprender qué había sucedido. Tomó la daga, la reconocía, era la de Allison, ubicaría esos ornamentos en cualquier sitio, era un arma bastante elegante diferencia de las toscas o simples que se solían ver. Con la hoja curvada, hermosa, mortal, parecía adecuarse a su dueña. Arrugando el ceño guardó la daga en su cinturón, aquello no acababa allí. -¿Puedes caminar? -preguntó, mirando alrededor -Sea lo que sea que haya sucedido, será mejor que salgamos de aquí pronto.

-Claro que puedo caminar -espetó sin medir su voz, sin pensar antes si saldría natural o raspada. Fue lo segundo, así que se aclaró la garganta y se pasó la mano por el pelo, bufando aún descolocado, mirando a su alrededor -Hell with this. She loves me -pasó por el lado de Velkan cuando comenzó a caminar, salteando el cadáver de la bruja -Y lo tenía todo controlado, renazco como las cenizas dude, y lloraste por mi -sonrió cuando se giró a verle un momento, señalándole con un dedo -Tranquilo, no pongas esa cara de estreñido man, prometo no se lo diré a nadie.. -se detuvo para esperarle, sacando su cajilla de cigarrillos aún con la mirada puesta en el infinito, anhelando en silencio ver a Allison sonreírle, verla con esa mirada que le demostrara que en ningún momento había querido matarle, solo mantener su fría, implacable y malvada reputación en lo alto. Se prendió el cigarro -Solo lo publicaré en facebook.

-Shut up! -le tiró con su mochila, fastidiado, antes de incorporarse -Aand you are back to being a pain in the ass. Me agradabas más en tu lecho de muerte -bufó, recogiendo la mochila con la que le había atacado -Y deja de fumar for christ sake! -continuó gruñendo, comenzando a caminar delante de él -No caminaré más lento sólo por que tienes los pulmones llenos de nicotina -amenazó, sin detener el avance, pareciendo más que le fastidiara Adam que el que le cayera bien. Pero desde luego todo era imagen, más como tener que soportar a un hermano latoso que en el fondo a pesar de todo se le aprecia.


Bannerman’s Castle, Pollepel Island, Nueva York.

Les había llevado unos arduos cuatro días viajar hasta la isla donde aquella resistencia sobrenatural estaba reunida. Principalmente por que habían tenido que tomar muchos desvíos y en ocasiones hasta volver sobre sus pasos para evitar las patrullas y los enfrentamientos, la idea era pasar tan desapercibidos como fuera posible. En esos días la falta de fuerzas de Velkan se hizo notar. Se veía pálido, una vez había ingerido sangre y había parecido mejorar casi instantáneamente, pero luego de unas horas había acabado expulsándola, procurando que Z no le viera, y de regreso a lo mismo. Pero lo habían conseguido a pesar de todo. Y allí estaban, frente a esas enormes ruinas, alzándose en la pequeña isla azotada por el viento y las olas. El poder se sentía allí, no estaba claro de dónde provenía, si era de la misma isla, de las batallas luchadas allí, o de la bruja que residía en ese sitio. Haciendo acopio de su fuerza, Velkan saltó fuera de la embarcación y aterrizó en la costa, alzando su mirada hacia el edificio. 
-Bien, sólo… mantente cerca -advirtió. Podrían recibirle eventualmente, pero en primera instancia le verían como una extraña, o hasta un aperitivo, uno letal por cierto -Vamos -le tendió una mano para ayudarle a bajar.
Z se sonrió con la vista en el camino, donde los árboles y la soledad formaban el desierto de la noche, bajo el manto de la luz lunar y ese aire tibio. Era raro el exceso de quietud, el sólo hecho de tener vía libre podía otorgar la sensación de desprotección, pero también familiaridad. Ya no eran salones o pasillos custodiados, ya no existían militares por cada cinco pasos con los cuales toparse y saludar. Allí, por ahora, era el real mundo, ese que sacaba de ti absolutamente toda la supervivencia. Con armas o no, apoyo o no, Z siempre terminaría por escogerle. Más ahora que era de alguna forma una prófuga. 
—Sólo Z… —dijo al verle de soslayo a causa del apodo, asomando otra pequeña sonrisa cuando esa aclaración volvía a ser conocida para ella. El amago del recuerdo de lo que alguna vez fue una vida común llegó hasta sus remembranzas, pero con un golpe mental le espanto. Había decidido vivir el ahora, al menos hasta sentirse a salvo otra vez. Y así sucedió el resto de tiempo, esos cuatro días junto a Velkan de camino a la nueva vida. ¿Qué le esperaría allí? Era el gran dilema y lo fue todo el viaje, pero si pensaba ganarse ese segundo chance para ir por su hermano o al menos para cobrar el valor de su vida, toda nueva oportunidad contaba. 
No hubo quejas de su parte ni una sola vez, al contrario, su actitud cooperativa nació con o sin la solicitud de su compañero de entonces, mucho más cuando algo le insistía las cosas no iba del todo bien con él y su propio ser. Muchas veces quiso preguntar, y muchas veces mientras Velkan no le observaba Z le miraba con ojo clínico, con las dudas en la punta de la lengua en cuanto él se veía más pálido o sus movimientos algo inciertos, pese a que él buscara siempre demostrar lo contrario, no obstante, ella opto por no darle riendas y sólo estar lo suficientemente atenta por si debía actuar. Cuando finalmente el viaje estuvo a punto de llegar a su centro, Z fijo su vista desde la embarcación a las ruinas como si algo le llamase o solo le atrajera, sintiendo el oleaje bajo sus pies; ese vaivén suave del navío. Algo tensó su mano y repentinamente provoco que sus ojos verdes variaran desde entonces al amatista en un parpadeo. Cambio que no percibió, porque Velkan ya anunciaba la llegada y ella se aprestó a ponerse de pie, tomando sus cosas para colgarse el bolso. 
—Creí que jamás conocería un sitio como estos… —comentó viendo en dirección al lugar, tomando de su mano para chapotear sobre los sedimentos del mar con sus botas. —Espero no haberte llevado a viajar los mismo cuatro días para ir a mi encuentro —ella se giro a verle con sus orbes amatistas, liberando su mano para acomodar su ballesta y de paso volver a examinarle con bastante disimulo. 
 -No partí de aquí -aseguró para relajarle, acomodándose su propia mochila al hombro mientras caminaba hacia las ruinas del edificio -Estoy habituado a viajar continuamente de todos modos, la guerra lo reclama, hay muchas partes que cubrir a lo largo de país. Yo y mis soldados nos encargamos principalmente de estar en primera fila y recuperar locaciones, otros son los que mantienen el sitio y se quedan más tiempo en cada lugar -tosió, llevándose una mano a la boca. Había sido idiota partir sin su “medicamento”, creía que podría soportar el viaje, se había equivocado. “Ya no falta mucho” se dijo a si mismo, dándose ánimos de continuar avanzando. -Es realmente un sitio increíble ¿cierto? -miró las ruinas con cierta admiración, ya pisando sobre el suelo de concreto. 
El sitio estaba en absolutas ruinas, a pesar de continuar siendo imponente y enorme. En el interior se habían necesitado hacer algunas modificaciones para volverlo habitable. En la entrada, se toparon con un licántropo que parecía más bien un gigante a juzgar por su tamaño, tenía una mirada intimidante en sus ojos oscuros. Sin embargo al ver a Velkan asintió con la cabeza en respeto y se hizo a un lado. Era difícil mantener la lealtad de esas criaturas, violentas por naturaleza, pero Velkan había procurado hacerlo, o al menos intentarlo, ganandose su lealtad y respeto en lugar de intimidarles o intentar pretender ser más violento aún. Resultaba claro que no lo era, o al menos le gustaba creerlo. Dentro el panorama era algo sombrío, con ojos observando desde la oscuridad. Sin embargo ninguno hizo el menor gesto de atacarles, sólo observaban a Ziva con desconfianza.
Asintió con cautela, volviendo a admirar todo ese panorama casi irreal. Había estado habituada a la vida de ciudad mucho tiempo cuando solo había querido huir de sus raíces para de algún modo asimilar nada nunca existió, sólo edificios altos e imponentes, transito descarriado, vida… normal, dependiendo desde donde se le mirara. Porque ahora, a su juicio, todo lo normal era implícitamente mantenerse con vida, eso ante lo siguiente que era hacerte de gente de confianza. Era lo que había aprendido los últimos días y era lo que buscaba poner en práctica. 
—Bastante… —acepto con voz asombrada, por cada paso parecía volverse mucho más grande e inverosímil. Se sentía de camino a una arquitectura con años de historia, como si estuviera frente a las pirámides de Egipto o algo similar. Podía sentir esa emoción golpear su pecho, esa casi tranquilidad sobre sus hombros. Nadie vendría por ella a ese sitio, ¿no? Repentinamente tuvo la sensación de estar en otro planeta. Eso sin dejar de ponerle atención a todo lo que Velkan le había contado. El hecho de que sus pies pisaran algo más firme fue reconfortante, haciendo más hábil el andar. Cuando escudriño el lugar y se encontró con la gran criatura Z en sus caminos soltó un bufido de asombro, pero velozmente adopto su más gentil actitud, no quería llegar demostrando que ponía especial análisis en todo lo que vería a futuro, menos con alguien que estaba viviendo en ese lugar. ¿Qué clase de visita sería? Una que seguramente echarían a patada si es que no desgarraban primero, pensó cuando ahora aplicaba la recomendación de Velkan: “Mantente cerca”. Tuvo la intención de hablar, e incluso realizó el gesto de inclinarse hacia él al extender su cuello procurando no tropezar, pero se humedeció los labios ante la sensación de ser observados con demasiada insistencia. Dudaba fuera únicamente su propia paranoia a donde quiera que sus ojos observaran —¿Todo esto pertenece a tu gente? —Inquirió finalmente, guardándose la pregunta sobre si sólo existirían licántropos adultos allí o, tal como en otros lugares, también cabía la presencia de niños. Dudaba toparse con alguien mundano.
-Estas ruinas fueron abandonadas hace mucho tiempo -explicó, subiendo las escaleras de roca, necesitando aferrarse a la baranda metálica que claramente había sido agregada recientemente -Allison lo encontró y decidió que era un sitio seguro, a salvo. Lo tomamos y lo volvimos nuestra “base” por decirlo de algún modo. 
-Velkan! Velkan! -se escucharon unos grititos al llegar al piso superior, y unos tres niños llegaron corriendo, trepándose y saltando encima del lobo como si fuera uno de esos juegos de parque para niños. -Agh -se quejó el muchacho al tener a los tres niños tironeando y colgándose de él, no obstante era claro que bromeaba, la sonrisa en sus labios era la prueba. Uno de los niños era pálido como la muerte, empapado de pies a cabeza y goteando agua, aunque parecía que ese era su estado normal a decir verdad, aparentaba haber sido sacado del fondo del mar, la otra cambió en un pestañeo mientras se subió a su espalda y pasó de tener el cabello rubio y la piel pálida, a tenerlo oscuro y la piel morena. El tercero se veía bastante normal a decir verdad, hasta que notó a Ziva y soltó un gruñido, mostrando sus dientes afilados y arrugando la nariz, licántropo. 
-It’s ok kid -le despeinó la cabeza para que se calmara -vayan que tengo trabajo que hacer -les hizo un gesto con la mano -Vamos, piérdanse -fingió echarlos aunque sólo les estaba fastidiando. La niña le sacó la lengua siguiéndole la pelea y acabaron por resignarse, soltando un “ohh” de decepción, tomando el camino escaleras abajo, mientras el lobo entraba en una de las puertas -Esto sólo tomará un minuto -se disculpó con Ziva, indicando la habitación mientras entraba. 
Era su dormitorio, había sólo un colchón en el suelo, un mueble algo viejo que estaba prácticamente vacío, y un escritorio. Rara vez utilizaba aquel sitio, y le parecía un desperdicio que le dieran una habitación para él solo cuando el resto estaba o bien viviendo en el bosque, o acumulados varios en una habitación. La mayoría de los soldados estaban fuera, luchando, pero había algunos allí, y sus familias enteras, ancianos y niños, por que las mujeres también luchaban. Se acercó al escritorio y abrió un pequeño cofre, a esas alturas y tras el incidente con los niños estaba prácticamente jadeando. Tomó un frasco con un líquido y lo destapó, bebiéndoselo de un trago como si fuera agua en medio del desierto.
—¿Allison? ¿Quién es…? —Sus palabras se detuvieron bruscamente, ella se detuvo un escalón y medio más abajo considerando uno de sus pies estaban sobre el peldaño superior. La sonrisa natural manó, que hubiera niños era de hecho una muy buena señal. Quería decir que al menos las cosas no eran tan duras allí, quizá estrictas si, de eso no dudaba que después de todo la guerra también había llegado hasta esos horizontes. Agradeciendo la pausa tomo buenas bocanas de aire al instante que giraba su cuello para alivianar algo de tensión, reacomodando su ballesta en su hombro izquierdo de paso. Al alzar la mirada se quedo observando el cambio de uno de ellos turbadamente, tal como si se mimetizara y recién entonces se daba cuenta también del que estaba en su totalidad empapado. Z alzo las cejas, contemplándoles en su intento por convencer a Velkan de jugar con ellos o hacerles de distracción, siguiendo a cada uno a medida que tomaban protagonismo, relajándose y olvidándose de las miradas que habían descansando en ella no mucho antes. Con otra risa a flor de piel. 
—Eso es un gran recibimiento —comentó con simpatía, pero al segundo siguiente su rostro vario bruscamente a sobresalto. Su ballesta cayó por la escalera al menos cuatro peldaños más abajo y Z no estuvo muy lejos de seguir sus pasos de no ser porque instintivamente se sujetara de la barrera. Que fueran pequeños no era sinónimo de inocencia, su propia naturaleza seguía viva y presente. Por ello era que el gruñido le tomara por sorpresa. Sin decir nada sacudió la cabeza, sintiendo una ráfaga de culpa e idiotez sobre ella. No tuvo más que volver sobre sus pasos, coger su arma y volver a subir mientras él se retiraba. Z le miró perderse, dando miraditas a los alrededores con algo de nerviosismo. No era fácil ser la forastera, expresamente por eso su propia condición y don tenían que continuar bajo el secreto de ambos. No quería causar alarma, no por ahora. Se giró a ver en dirección a la habitación poco después, dudando, no obstante y tras haber desistido de hacer vista ciega acabo apareciendo en el umbral. —¿Qué es lo que ha estado sucediéndote? —dijo en tono confidencial, cuidando de que nadie más estuviera cerca. Dejo caer su bolso junto a sus pies, su ballesta para limitar distancia y sabiendas estaba invadiendo su espacio, no escatimo en tomar el frasquito de sus manos para examinarle. —¿Para qué es? Y, por favor, Velkan, no esperes creas que solo es mi imaginación —dijo por si ya pensaba espantarle del tema.
-Sólo estoy algo enfermo, es medicación, cometí la idiotez de salir sin ella -explicó como si fuera tan simple como un resfrío -Se pasará pronto -negó con la cabeza, sentándose en la silla para darse unos minutos de descansó, descolgándose la mochila -Lamento lo de antes -se disculpó por el gruñido del niño -No le agradan los desconocidos, perdió a sus padres a manos de cazadores -se pasó una mano por el cabello, perdiéndose su mirada en el umbral de la puerta unos instantes, desde donde podían verse las escaleras -Nos llaman monstruos, asesinos… -inspiró aire, era cierto que muchos poseían naturaleza violenta, que necesitaban de humanos para sobrevivir, que mataban, lo desearan o no -Pero yo veo esto y… son sólo lo que son, tienen vidas también, familias, tienen costumbres, sienten. Creo que es más simple para los cazadores verles como monstruos y así no temblar a la hora de matarles. Por que ellos han lastimado a humanos, pero los cazadores también lastiman, cuando le quitan a un niño su padre, su madre… -apartó la mirada hasta sus manos, notando que su piel comenzaba a cobrar un color menos enfermizo -Derramar sangre sólo lleva a más derramamiento de sangre.
Cerro sus dedos alrededor del frasco, relajando su expresión para terminar asintiendo. Quería soltar otras preguntas, seguir indagando, lo encontraba casi justo considerando ella le había contado uno de sus peores secretos, pero ese instinto suyo le freno y con una exhalación se sentó sobre el suelo al modo indio, dándole otra mirada al medicamento. 
—No hay derecho para llamarles así —dijo con la cabeza gacha, pensativa. El frasco giraba entre sus dedos, sintiéndose el golpecito de las pastillas contra la cubierta, pero Z parecía encontrarse más allá en ese momento. —Los únicos monstruos aquí son los humanos, sino mírales… —alzo su vista en dirección a él, con gesto de cansancio no físico, al contrario, era a causa de la guerra que continuaba quitando vidas. —No les tiembla la mano para matar a los suyos, para destruir sitios enteros con bombas o granadas a grandes escalas. A decir verdad —hizo una pequeña pausa, cerrando los ojos. Aún se encontraba latente la imagen de una niña casi de la misma edad de los que había visto allí; gritando y llorando abrazada a una muñeca junto al cuerpo de su madre bajo escombros. Tenía su pequeño rostro infantil bañado en sangre. —dominarles humanos es una abogacía inequívoca. He visto a mascota ser más consientes que ellos —ante lo último le miró con prisa, casi con una disculpa. No quería que asumiera veía a los suyos como animales, no como muchos a manos de la ignorancia si hacían. —Yo tuve la intención de encajar entre ellos tiempo atrás, incluso asistí a la universidad, viví una vida… simple, pero milicias francesas asesinaron a mi compañera y me empujaron a esto —hizo un gesto vago con la mano, como si se señalara a ella misma.
-Yo ya he aceptado que nunca encajaré, ni realmente deseo hacerlo -admitió con una leve sonrisa, no había sido educado de aquel modo, había sido educado para estar orgulloso de lo que era, como un buen hijo del alfa de la manada, alguien que luego tomaría su sitio. Incluso en sus momentos de trabajar en el bar, mantenerse cercano a los humanos y su mundo, incluso al intentar formar parte de ellos nunca había negado a su manada. Pero incluso allí nunca había encajado ¿Cierto? Nunca encajaría completamente en ningún sitio, las nornas se lo habían advertido -Viví toda mi vida con la manada, y para cuando me encontré por mi cuenta… la guerra ya había estallado, así que no fue más que viajar en solitario, actuar como un idiota suicida en su mayoría -recordó con una risa -Fue cuando me conociste -asintió -y entonces… sucedieron algunas cosas…un amigo murió, o al menos creí que había muerto. Así que acabé distanciándome totalmente de la OCEU y decidí ayudar a Allison -explicó, incorporándose, necesitando estirar las piernas ahora que comenzaba a recobrar fuerzas. Se veía mucho más vivo, erguido, fuerte, como se suponía que fuera -Ella es la… “líder” de todo esto, quien formó las alianzas entre criaturas, encontró este lugar, nos unió a todos.
—También yo… —dijo más para sí misma, sin mentir. Quiso una vida fuera de todo, todo lo que tuviera que ver con esa existencia sobrenatural, cuando aparentemente su don de muerte le había dejado, cuando su hermano simplemente desapareció de su vida y ella tuvo que desistir de buscarle tras casi un año de investigaciones. Una rara sensación cruzo su pecho, si al menos le hubiese buscado más, entre cielo, mar y tierra… No, Will debía encontrarse con vida. Si ella había dañado a la esposa del general Stevens, esperaba que los captores tuvieran –dudosamente- al menos una pizca de misericordia. La suficiente para seguir entre en ese mundo. Desde un silencio suyo descruzo una pierna para usarla como soporte para su brazo, siguiendo los pasos de Velkan en ese cuarto. Sin duda su historia es bastante de agraz, era raro encontrar esa aura casi imperturbable en él, la forma en que Z le sentía. A veces realmente no sabía si le sobrevaloraba en bondad o su sentido de reconocimiento estaba algo más que malogrado. Muchas veces, cuando encontraba a alguien con esas características levantaban sospechas en ella, pero él… Él sin más era siempre igual. Al escuchar por segunda vez el nombre de Allison la curiosidad regreso a su instinto. Velkan entonces se encargo de apagar algunas con lo que había comenzando a contarle. Z torció los labios y con los ojos entrecerrados consultó: —¿Crees que me aceptará aquí? Digo… —meneó la cabeza, vacilante. Si aquel niño le había gruñido solo por su presencia, ¿qué podía esperar de la líder?. —Estoy invadiendo su refugio, su trabajo, no soy un lobo tampoco y… —enseño sus manos para que entendiera— esto.
-No se refugian aquí sólo licántropos, tú lo has visto. En su mayoría son criaturas que se han cansado de ser cazadas, o no quieren unirse a Samael para servirle como un amo -se encogió de hombros -creo que encajas en la categoría -se incorporó, ya más recuperado -Es… difícil de tratar, pero creo que hay bondad en ella. Ha hecho todo esto ¿Cierto? -le hizo un gesto para que le siguiera -vamos, ya debe de saber que estamos aquí, nos estará esperando -le sonrió levemente para darle ánimos o al menos quitar un poco de ese temor que sentía. 
Espetó un gesto vago de sonreírse. Pareciendo que alzaba de sus hombros antes de ponerse de pie, sacudiendo la parte inferior de sus pantalones. 
—Eso espero —dijo comenzando a regresar hasta la entrada— no creo tenga ganas de viajar cuatro días más en caso de lo contrario —No, dudaba fuera a ser así, es decir… ¿Por qué le echarían?. Se inclinó tomando su bolso y arma, acomodándolos tras su espalda hasta encontrar el aire fresco del lugar, uno completamente diferente al de la ciudad. Sin duda el mar y la lejanía de la civilización de cemento tenían algo más que beneficios. —Esto es tuyo —le tendió de regreso el frasco una vez se dio cuenta lo tenía bajo su poder, no quería quedárselo por error— Ahora… —su voz se volvió confidencial otra vez, pero acabo quedándose en silencio al contemplarle y pensar ya no era prudente esbozar mayores preguntas, dibujando una de esas sonrisas cordiales que indicaba estaba bajo su disposición por el resto de camino. —Nada, no tiene importancia.
Le miró extrañado pero acabó por encogerse de hombros, sin comprender qué era lo que había estado por decir. No presionó no obstante, sólo le condujo en silencio, descendiendo las escaleras de nuevo, tomando el camino central hasta la sala principal del castillo. Enorme, amplia y casi vacía, con excepción de unas dos brujas paradas cual guardias a los costados. En el centro estaba Allison Cobain, la bruja, sentada cual reina en su trono en el centro de la habitación. Allison era definitivamente una mujer hermosa, por mucho que esa belleza hubiera sufrido más de un maltrato. Tenía aspecto de haber sido despampanante alguna vez, ahora en cambio había un aura sombría a su alrededor. Vestía en negro, perdiéndose sus cabellos azabaches entre la tela de su ropa, y consiguiendo que sus ojos claros centellaran aún con más fuerza. Eran hielo, penetrando y odiando, como dagas. A su lado había otra mujer mucho más arreglada, prácticamente impecable. Su piel también era pálida, sus labios rojos como la sangre, y su ropa era del mismo color, fina, con todo el aspecto de femme fatale. Lucía joven, de la misma edad de Velkan y Allison, o apenas unos años mayor. 
-Allison -el muchacho agachó la cabeza en señal de respeto -madre -miró a la otra mujer, siendo evidente su parentezco con ella. -Entonces ¿Hiciste lo que debías hacer? -preguntó su madre con un tono ligeramente venenoso. -Has desaparecido, de nuevo -había un tono levemente acusador en la otra chica, aunque parecía casi angustiada. -Te advertí que tenía cosas que hacer, personales -dio un paso a un lado, dejando sitio a Z para que se acercara -Esta es Z, es una vieja amiga -quizá era demasiado decir “vieja amiga” pero era mejor pintarle tan en confianza como fuera posible.
Su comportamiento fue el mismo a medida que ella era escoltada por él, dedicándose a observar los cimientos de aquel lugar tan impresionante. Intentando imaginar la historia que guardarían todos esos pilares y tierra, no solo entonces sino a lo largo del tiempo, porque claramente parecía poseer demasiado. Le pareció ver a otros habitantes a lo lejos, fuera de allí, dudando que fuera por el interés de su presencia, cosa que agradecía puesto que si bien, hubo un tiempo que le gusto ser el centro de atención, cuando sus comportamientos eran mucho más alocados y juveniles, ahora todo lo que buscaba era pasar lo más bajo perfil que pudiera. Estrechó la mirada hacía los frentes con una desconcertada sensación, cuando sintió otras presencias, casi similar al primer llamado que recibió segundos antes de dejar la embarcación. Una de sus manos se tensó, sintiendo que incluso ardía bajo la cobertura de su guante. Tuvo que abrir y cerrar sus dedos, apretarles en un puño escuchando entonces el diálogo que se dio paso. Quedándose algunos pasos más atrás. Cautelosa. 
—De todos, Ziva, de todo tenías que venir a terminar aquí —la voz masculina casi cercana a su oído le hizo girarse de soslayo, encontrando a Eric parado allí, con una sonrisa ladina y de brazos cruzados. —Vista al frente, no querrás que la soberana del lugar piense le ignoras —siseo— De todos modos, sólo tu puedes verme y sentirme por ahora, así que actúa con disimulo —Z se giró, posando sus ojos en Allison y allí se quedó por un par de segundos, luego contempló a la madre de Velkan justo cuando ya estaba hablando. Tuvo la necesidad de preguntarle que diablo estaba haciendo allí al que creía continuaba a su lado, pero apenas observo de soslayo ya nadie estuvo allí. Su nombre a manos de Velkan no obstante le tomo desprevenida, capturando su atención hacia ellos. Limitándose a repetir el gesto que él había hecho antes para saludar. Su mano volvió a quemar, pero ella la escondió en el bolsillo de su sudadera.
-Asuntos personales… -murmuró Allison, descendiendo al suelo para poder dar unos pasos hacia ellos, alzó primero la vista al lobo y le observó con seriedad, para luego sonreír, dándole un abrazo de bienvenida -Me alegra que estés en casa -susurró en su oído, dedicándole una sonrisa que realmente parecía de felicidad, lo que resultaba confuso, teniendo en cuenta lo sombría y temible que parecía. Al apartarse, centró entonces su atención en Ziva, clavando sus ojos de hielo en ella con atención. -Luces nerviosa -observó, entrecerrando sus ojos, había algo acerca de esa chica, casi familiar, algo que alguna vez había reconocido en ella.
A diferencia de otras veces o personas, las cuales eran muy pocas, Z no apartó su mirada de la bruja, al contrario, siguió cada uno de sus pasos hasta que se detuvo para atender a Velkan. Mirando a ambos inicialmente, sólo para entonces apreciar ese pequeño cambio de actitud en Allison. De fría a cordial, de seriedad a esa sonrisa que incluso parecía iluminar ese rostro tallado con los dedos debido a la belleza que ella no ignoro. Se preguntó entonces si eso sería habitual o propiamente tal de alguien que estaba a cargo. A diferencia de la percepción que tenía con Velkan y esa casi inmaculada bondad, con ella la sensación era bastante diferente, pero nada concreto, apenas le estaba conociendo. 
—Fue un largo viaje, poca costumbre a presentarme ante autoridades de algún lugar —dijo respondiéndole la mirada, cuando incluso ese mismo color suyo se volvía más cristalino y brillante, latente. —Y la pregunta, no obstante —en ese minuto le dirigió una mirada breve a la madre de Velkan, regresando a la de ojos de hielo— sigue siendo si tendré su aprobación para quedarme aquí.
-Aquí se refugian las criaturas que escapan de la hipocresía y el asesinato de los cazadores -el odio fue visible como fuego en sus ojos. Mínimamente, Allison poseía un fuerte carácter, no era por nada que era la líder de allí, había tal pasión en sus palabras que costaba no ver a sus enemigos con sus mismos ojos. -Y por que nos unimos para acabar con Salomón -agregó Velkan, mirando de reojo a la mujer, quien sonrió, cuando al parecer el muchacho tenía que recordárselo. -Un pequeño estorbo en el camino -respondió, volviendo su mirada a Ziva -¿Tú por qué estás aquí? No puedes esperar que simplemente te reciba sin más. Podrías estar con la OCEU.
—Mis padres eran cazadores, no sé si eso sea un punto a favor o en mi contra para… —¿ti, para usted? Dudo de cómo tratarle— ustedes—sacudió la cabeza, claro que no lo era. Había notado la pasión en su voz, así que antes de ganarse una mirada más fría observo a Velkan, casi evaluando y solicitando su consejo para la siguiente información que pretendía contar. Tenía que ir con cuidado, evaluando sus propios pasos. No podía ir contando a todo el que conociera que había intentando asesinar a la esposa del General. Siempre existía gente interesada en traicionarte, no? Allison tomaba sus precauciones, Z tenía que prever las suyas. —Un integrante de aquella organización les quito la vida tiempo atrás —omitió nombres, pero eso no evitó que el calor en su mano se hiciera más latente, a fuego— y causa de ello también perdí a mi único hermano. —Aparto la mirada, con un suspiro cabizbajo. Will no era un tema fácil, jamás lo sería sin importar el tiempo —No sé si aún este con vida, pero lo que sí sé, es que no puedo formar parte de una organización donde mi mayor enemigo se cobija. ¿Quieres dudar de mí? —Extendió sus brazos a los costados de su cuerpo, sin nada que esconder referente a ese tema— ¿necesitas pruebas? —alzo las cejas, dando una negación de su cabeza —Estoy segura podrías acabar conmigo incluso antes de que intente traicionarte.
Allison le observó con atención, escuchando sus palabras, alzando levemente el mentón. 
-Cazadores intentaron matarme cuando era una bebé, me envenenaron. Prometieron protegerme e hicieron nada mientras era enterrada viva y luego violada, no intentaron ayudarme cuando era torturada -hablaba sin llorar, Allison ya no lloraba, el dolor y el rencor le habían endurecido, pero estos estaban allí, marcando su rostro, arrebatándole su belleza -Tenemos un enemigo en común -dibujó una sonrisa en sus labios, tomando el brazo de Ziva antes de que pudiera apartarse -No temas, no puedes herirme. Alguna vez fuimos lo mismo -dijo, referente a sus poderes. Eso era lo que veía familiar en ella, esa mirada de quien posee un toque mortal, manteniendo distancia segura de todos, con las muertes pesando sobre sus hombros -el fuego no puede matar al fuego.
No pudo ocultar ni un ápice el asombro que la confesión le provoco, por un momento dejo de lado sus propios miedos y dolencias, las heridas que portaba consigo para enfocarse ciegamente en la mujer frente ella. Algo surco su pecho, un vació y desconsuelo que Allison jamás demostró. ¿Hablaba de daños? A ojos de Z solo parecía que estuviera refiriéndose al clima de aquel día, sin emociones de por medio. Hielo, sin temor a la duda era un tempano de hielo en todo su esplendor. Sus labios titubearon, transpirando frio al tenerle tan cerca cuando apenas alcanzó a darse cuenta de su brazo enlazado al suyo. Con algo de torpeza deslizó sus ojos a la unión, contrastando el negro de su ropa elegante contra su simple chaqueta de cuero marrón. Luego simplemente elevó su rostro para estudiar cada facción suya. Era extraño intentar saber cómo se sentía.
—¿Cómo es qué…? —inclinó su rostro con los ojos entornados, volviendo a fijarse en sus manos desnudas que, a diferencia de ella, no necesitaban de guantes para no asesinar a otros por el solo hecho de tocarles.
-Me liberé de mis cadenas hace tiempo -explicó, refiriéndose a cómo había sacrificado casi la totalidad de sus poderes, para así liberarse de su padre. Aprendiendo a controlar los pocos que le quedaban, volcándose en las artes antiguas que aparecieron como su pasaje a la libertad, fuera de la opresión de otros -Tenía el mismo poder que tú Ziva, deja una marca en tus ojos, en como te mueves en el mundo -alzó la vista hacia Velkan que las observaba con el ceño fruncido. Sus ojos se habían empañado levemente al oír a Allison hablar de lo que había sufrido. Nunca había escuchado acerca de aquello, podía ver su dolor, y siempre se había preguntado, pero no conocía la historia. -Eres bienvenida a quedarte tanto como desees Ziva -acarició su mejilla con un gesto casi maternal, sonriendo, antes de apartarse -Encuéntrale una habitación Velkan -ordenó, pasando junto al muchacho para regresar a su asiento, donde Jezebel les observaba con desconfianza. -¿Es sabio…? -se inclinó a susurrar en su oído, cual serpiente venenosa. -Es mi decisión -Allison le dedicó una mirada dura que dejaba en claro quién estaba a cargo allí y por qué.
El atractivo de mano al interés por sus palabras brillo en sus ojos, porque… Si Allison había tenido la misma maldición/don, significaba que remotamente existía alguna oportunidad para ella. Quizá no había punto de comparación entre ambas, sólo coincidencia de habilidad, pero aún así, ¿qué más daba? Podría buscar su modo de torcerle la mano a ese toque de muerte, volverlo a uno menos dañino y más provechoso. Jamás le había querido ver de ese modo, pero… si iba a tenerle consigo, entonces podía aceptarle y traerlo a su favor o acabar por consumirse entre cuerpos, pérdidas y soledad. Bien, estaba pensando bajo el alero de un desconcertante pensamiento. Cabeza fría Z, pensó. Su acaricia de todos modos le dejo pegada al suelo, casi había olvidado lo que era un gesto como ese. Miró por última vez y de cerca esos ojos claros, viéndole poco después y tras las palabras a Velkan regresar a su lugar bajo el prestigio de sus pasos y esas vestimentas. Z tuvo el deseo de pasar sus propios dedos sobre su piel, pero entonces lo último que deseaba era pasar ese cuero de dedos contra su mejilla. 
—Realmente lo agradezco —de frente a ella inclinó su rostro, bajando la mirada. Claramente su charla con ella no quedaría allí, al contrario, tenía esa emoción internar de reiniciarla cuanto antes. Era Allison quien parecía entonces volverse su nueva mentora en esa área, prácticamente fuera de su propia razón. Miró a Velkan entonces, disponiéndose a seguirle una vez más, dando una última mirada lateral en dirección a las féminas. —Eso fue intensó —comentó casi al aire, con los ojos muy abiertos pero con una sonrisa también.
 

Bannerman’s Castle, Pollepel Island, Nueva York.


Les había llevado unos arduos cuatro días viajar hasta la isla donde aquella resistencia sobrenatural estaba reunida. Principalmente por que habían tenido que tomar muchos desvíos y en ocasiones hasta volver sobre sus pasos para evitar las patrullas y los enfrentamientos, la idea era pasar tan desapercibidos como fuera posible. En esos días la falta de fuerzas de Velkan se hizo notar. Se veía pálido, una vez había ingerido sangre y había parecido mejorar casi instantáneamente, pero luego de unas horas había acabado expulsándola, procurando que Z no le viera, y de regreso a lo mismo. Pero lo habían conseguido a pesar de todo. Y allí estaban, frente a esas enormes ruinas, alzándose en la pequeña isla azotada por el viento y las olas. El poder se sentía allí, no estaba claro de dónde provenía, si era de la misma isla, de las batallas luchadas allí, o de la bruja que residía en ese sitio. Haciendo acopio de su fuerza, Velkan saltó fuera de la embarcación y aterrizó en la costa, alzando su mirada hacia el edificio.

-Bien, sólo… mantente cerca -advirtió. Podrían recibirle eventualmente, pero en primera instancia le verían como una extraña, o hasta un aperitivo, uno letal por cierto -Vamos -le tendió una mano para ayudarle a bajar.

Z se sonrió con la vista en el camino, donde los árboles y la soledad formaban el desierto de la noche, bajo el manto de la luz lunar y ese aire tibio. Era raro el exceso de quietud, el sólo hecho de tener vía libre podía otorgar la sensación de desprotección, pero también familiaridad. Ya no eran salones o pasillos custodiados, ya no existían militares por cada cinco pasos con los cuales toparse y saludar. Allí, por ahora, era el real mundo, ese que sacaba de ti absolutamente toda la supervivencia. Con armas o no, apoyo o no, Z siempre terminaría por escogerle. Más ahora que era de alguna forma una prófuga.

—Sólo Z… —dijo al verle de soslayo a causa del apodo, asomando otra pequeña sonrisa cuando esa aclaración volvía a ser conocida para ella. El amago del recuerdo de lo que alguna vez fue una vida común llegó hasta sus remembranzas, pero con un golpe mental le espanto. Había decidido vivir el ahora, al menos hasta sentirse a salvo otra vez. Y así sucedió el resto de tiempo, esos cuatro días junto a Velkan de camino a la nueva vida. ¿Qué le esperaría allí? Era el gran dilema y lo fue todo el viaje, pero si pensaba ganarse ese segundo chance para ir por su hermano o al menos para cobrar el valor de su vida, toda nueva oportunidad contaba.

No hubo quejas de su parte ni una sola vez, al contrario, su actitud cooperativa nació con o sin la solicitud de su compañero de entonces, mucho más cuando algo le insistía las cosas no iba del todo bien con él y su propio ser. Muchas veces quiso preguntar, y muchas veces mientras Velkan no le observaba Z le miraba con ojo clínico, con las dudas en la punta de la lengua en cuanto él se veía más pálido o sus movimientos algo inciertos, pese a que él buscara siempre demostrar lo contrario, no obstante, ella opto por no darle riendas y sólo estar lo suficientemente atenta por si debía actuar. Cuando finalmente el viaje estuvo a punto de llegar a su centro, Z fijo su vista desde la embarcación a las ruinas como si algo le llamase o solo le atrajera, sintiendo el oleaje bajo sus pies; ese vaivén suave del navío. Algo tensó su mano y repentinamente provoco que sus ojos verdes variaran desde entonces al amatista en un parpadeo. Cambio que no percibió, porque Velkan ya anunciaba la llegada y ella se aprestó a ponerse de pie, tomando sus cosas para colgarse el bolso.

—Creí que jamás conocería un sitio como estos… —comentó viendo en dirección al lugar, tomando de su mano para chapotear sobre los sedimentos del mar con sus botas. —Espero no haberte llevado a viajar los mismo cuatro días para ir a mi encuentro —ella se giro a verle con sus orbes amatistas, liberando su mano para acomodar su ballesta y de paso volver a examinarle con bastante disimulo.

 -No partí de aquí -aseguró para relajarle, acomodándose su propia mochila al hombro mientras caminaba hacia las ruinas del edificio -Estoy habituado a viajar continuamente de todos modos, la guerra lo reclama, hay muchas partes que cubrir a lo largo de país. Yo y mis soldados nos encargamos principalmente de estar en primera fila y recuperar locaciones, otros son los que mantienen el sitio y se quedan más tiempo en cada lugar -tosió, llevándose una mano a la boca. Había sido idiota partir sin su “medicamento”, creía que podría soportar el viaje, se había equivocado. “Ya no falta mucho” se dijo a si mismo, dándose ánimos de continuar avanzando. -Es realmente un sitio increíble ¿cierto? -miró las ruinas con cierta admiración, ya pisando sobre el suelo de concreto.

El sitio estaba en absolutas ruinas, a pesar de continuar siendo imponente y enorme. En el interior se habían necesitado hacer algunas modificaciones para volverlo habitable. En la entrada, se toparon con un licántropo que parecía más bien un gigante a juzgar por su tamaño, tenía una mirada intimidante en sus ojos oscuros. Sin embargo al ver a Velkan asintió con la cabeza en respeto y se hizo a un lado. Era difícil mantener la lealtad de esas criaturas, violentas por naturaleza, pero Velkan había procurado hacerlo, o al menos intentarlo, ganandose su lealtad y respeto en lugar de intimidarles o intentar pretender ser más violento aún. Resultaba claro que no lo era, o al menos le gustaba creerlo. Dentro el panorama era algo sombrío, con ojos observando desde la oscuridad. Sin embargo ninguno hizo el menor gesto de atacarles, sólo observaban a Ziva con desconfianza.

Asintió con cautela, volviendo a admirar todo ese panorama casi irreal. Había estado habituada a la vida de ciudad mucho tiempo cuando solo había querido huir de sus raíces para de algún modo asimilar nada nunca existió, sólo edificios altos e imponentes, transito descarriado, vida… normal, dependiendo desde donde se le mirara. Porque ahora, a su juicio, todo lo normal era implícitamente mantenerse con vida, eso ante lo siguiente que era hacerte de gente de confianza. Era lo que había aprendido los últimos días y era lo que buscaba poner en práctica.

—Bastante… —acepto con voz asombrada, por cada paso parecía volverse mucho más grande e inverosímil. Se sentía de camino a una arquitectura con años de historia, como si estuviera frente a las pirámides de Egipto o algo similar. Podía sentir esa emoción golpear su pecho, esa casi tranquilidad sobre sus hombros. Nadie vendría por ella a ese sitio, ¿no? Repentinamente tuvo la sensación de estar en otro planeta. Eso sin dejar de ponerle atención a todo lo que Velkan le había contado. El hecho de que sus pies pisaran algo más firme fue reconfortante, haciendo más hábil el andar. Cuando escudriño el lugar y se encontró con la gran criatura Z en sus caminos soltó un bufido de asombro, pero velozmente adopto su más gentil actitud, no quería llegar demostrando que ponía especial análisis en todo lo que vería a futuro, menos con alguien que estaba viviendo en ese lugar. ¿Qué clase de visita sería? Una que seguramente echarían a patada si es que no desgarraban primero, pensó cuando ahora aplicaba la recomendación de Velkan: “Mantente cerca”. Tuvo la intención de hablar, e incluso realizó el gesto de inclinarse hacia él al extender su cuello procurando no tropezar, pero se humedeció los labios ante la sensación de ser observados con demasiada insistencia. Dudaba fuera únicamente su propia paranoia a donde quiera que sus ojos observaran —¿Todo esto pertenece a tu gente? —Inquirió finalmente, guardándose la pregunta sobre si sólo existirían licántropos adultos allí o, tal como en otros lugares, también cabía la presencia de niños. Dudaba toparse con alguien mundano.

-Estas ruinas fueron abandonadas hace mucho tiempo -explicó, subiendo las escaleras de roca, necesitando aferrarse a la baranda metálica que claramente había sido agregada recientemente -Allison lo encontró y decidió que era un sitio seguro, a salvo. Lo tomamos y lo volvimos nuestra “base” por decirlo de algún modo.

-Velkan! Velkan! -se escucharon unos grititos al llegar al piso superior, y unos tres niños llegaron corriendo, trepándose y saltando encima del lobo como si fuera uno de esos juegos de parque para niños. -Agh -se quejó el muchacho al tener a los tres niños tironeando y colgándose de él, no obstante era claro que bromeaba, la sonrisa en sus labios era la prueba. Uno de los niños era pálido como la muerte, empapado de pies a cabeza y goteando agua, aunque parecía que ese era su estado normal a decir verdad, aparentaba haber sido sacado del fondo del mar, la otra cambió en un pestañeo mientras se subió a su espalda y pasó de tener el cabello rubio y la piel pálida, a tenerlo oscuro y la piel morena. El tercero se veía bastante normal a decir verdad, hasta que notó a Ziva y soltó un gruñido, mostrando sus dientes afilados y arrugando la nariz, licántropo.

-It’s ok kid -le despeinó la cabeza para que se calmara -vayan que tengo trabajo que hacer -les hizo un gesto con la mano -Vamos, piérdanse -fingió echarlos aunque sólo les estaba fastidiando. La niña le sacó la lengua siguiéndole la pelea y acabaron por resignarse, soltando un “ohh” de decepción, tomando el camino escaleras abajo, mientras el lobo entraba en una de las puertas -Esto sólo tomará un minuto -se disculpó con Ziva, indicando la habitación mientras entraba.

Era su dormitorio, había sólo un colchón en el suelo, un mueble algo viejo que estaba prácticamente vacío, y un escritorio. Rara vez utilizaba aquel sitio, y le parecía un desperdicio que le dieran una habitación para él solo cuando el resto estaba o bien viviendo en el bosque, o acumulados varios en una habitación. La mayoría de los soldados estaban fuera, luchando, pero había algunos allí, y sus familias enteras, ancianos y niños, por que las mujeres también luchaban. Se acercó al escritorio y abrió un pequeño cofre, a esas alturas y tras el incidente con los niños estaba prácticamente jadeando. Tomó un frasco con un líquido y lo destapó, bebiéndoselo de un trago como si fuera agua en medio del desierto.

—¿Allison? ¿Quién es…? —Sus palabras se detuvieron bruscamente, ella se detuvo un escalón y medio más abajo considerando uno de sus pies estaban sobre el peldaño superior. La sonrisa natural manó, que hubiera niños era de hecho una muy buena señal. Quería decir que al menos las cosas no eran tan duras allí, quizá estrictas si, de eso no dudaba que después de todo la guerra también había llegado hasta esos horizontes. Agradeciendo la pausa tomo buenas bocanas de aire al instante que giraba su cuello para alivianar algo de tensión, reacomodando su ballesta en su hombro izquierdo de paso. Al alzar la mirada se quedo observando el cambio de uno de ellos turbadamente, tal como si se mimetizara y recién entonces se daba cuenta también del que estaba en su totalidad empapado. Z alzo las cejas, contemplándoles en su intento por convencer a Velkan de jugar con ellos o hacerles de distracción, siguiendo a cada uno a medida que tomaban protagonismo, relajándose y olvidándose de las miradas que habían descansando en ella no mucho antes. Con otra risa a flor de piel.

—Eso es un gran recibimiento —comentó con simpatía, pero al segundo siguiente su rostro vario bruscamente a sobresalto. Su ballesta cayó por la escalera al menos cuatro peldaños más abajo y Z no estuvo muy lejos de seguir sus pasos de no ser porque instintivamente se sujetara de la barrera. Que fueran pequeños no era sinónimo de inocencia, su propia naturaleza seguía viva y presente. Por ello era que el gruñido le tomara por sorpresa. Sin decir nada sacudió la cabeza, sintiendo una ráfaga de culpa e idiotez sobre ella. No tuvo más que volver sobre sus pasos, coger su arma y volver a subir mientras él se retiraba. Z le miró perderse, dando miraditas a los alrededores con algo de nerviosismo. No era fácil ser la forastera, expresamente por eso su propia condición y don tenían que continuar bajo el secreto de ambos. No quería causar alarma, no por ahora. Se giró a ver en dirección a la habitación poco después, dudando, no obstante y tras haber desistido de hacer vista ciega acabo apareciendo en el umbral. —¿Qué es lo que ha estado sucediéndote? —dijo en tono confidencial, cuidando de que nadie más estuviera cerca. Dejo caer su bolso junto a sus pies, su ballesta para limitar distancia y sabiendas estaba invadiendo su espacio, no escatimo en tomar el frasquito de sus manos para examinarle. —¿Para qué es? Y, por favor, Velkan, no esperes creas que solo es mi imaginación —dijo por si ya pensaba espantarle del tema.

-Sólo estoy algo enfermo, es medicación, cometí la idiotez de salir sin ella -explicó como si fuera tan simple como un resfrío -Se pasará pronto -negó con la cabeza, sentándose en la silla para darse unos minutos de descansó, descolgándose la mochila -Lamento lo de antes -se disculpó por el gruñido del niño -No le agradan los desconocidos, perdió a sus padres a manos de cazadores -se pasó una mano por el cabello, perdiéndose su mirada en el umbral de la puerta unos instantes, desde donde podían verse las escaleras -Nos llaman monstruos, asesinos… -inspiró aire, era cierto que muchos poseían naturaleza violenta, que necesitaban de humanos para sobrevivir, que mataban, lo desearan o no -Pero yo veo esto y… son sólo lo que son, tienen vidas también, familias, tienen costumbres, sienten. Creo que es más simple para los cazadores verles como monstruos y así no temblar a la hora de matarles. Por que ellos han lastimado a humanos, pero los cazadores también lastiman, cuando le quitan a un niño su padre, su madre… -apartó la mirada hasta sus manos, notando que su piel comenzaba a cobrar un color menos enfermizo -Derramar sangre sólo lleva a más derramamiento de sangre.

Cerro sus dedos alrededor del frasco, relajando su expresión para terminar asintiendo. Quería soltar otras preguntas, seguir indagando, lo encontraba casi justo considerando ella le había contado uno de sus peores secretos, pero ese instinto suyo le freno y con una exhalación se sentó sobre el suelo al modo indio, dándole otra mirada al medicamento.

—No hay derecho para llamarles así —dijo con la cabeza gacha, pensativa. El frasco giraba entre sus dedos, sintiéndose el golpecito de las pastillas contra la cubierta, pero Z parecía encontrarse más allá en ese momento. —Los únicos monstruos aquí son los humanos, sino mírales… —alzo su vista en dirección a él, con gesto de cansancio no físico, al contrario, era a causa de la guerra que continuaba quitando vidas. —No les tiembla la mano para matar a los suyos, para destruir sitios enteros con bombas o granadas a grandes escalas. A decir verdad —hizo una pequeña pausa, cerrando los ojos. Aún se encontraba latente la imagen de una niña casi de la misma edad de los que había visto allí; gritando y llorando abrazada a una muñeca junto al cuerpo de su madre bajo escombros. Tenía su pequeño rostro infantil bañado en sangre. —dominarles humanos es una abogacía inequívoca. He visto a mascota ser más consientes que ellos —ante lo último le miró con prisa, casi con una disculpa. No quería que asumiera veía a los suyos como animales, no como muchos a manos de la ignorancia si hacían. —Yo tuve la intención de encajar entre ellos tiempo atrás, incluso asistí a la universidad, viví una vida… simple, pero milicias francesas asesinaron a mi compañera y me empujaron a esto —hizo un gesto vago con la mano, como si se señalara a ella misma.

-Yo ya he aceptado que nunca encajaré, ni realmente deseo hacerlo -admitió con una leve sonrisa, no había sido educado de aquel modo, había sido educado para estar orgulloso de lo que era, como un buen hijo del alfa de la manada, alguien que luego tomaría su sitio. Incluso en sus momentos de trabajar en el bar, mantenerse cercano a los humanos y su mundo, incluso al intentar formar parte de ellos nunca había negado a su manada. Pero incluso allí nunca había encajado ¿Cierto? Nunca encajaría completamente en ningún sitio, las nornas se lo habían advertido -Viví toda mi vida con la manada, y para cuando me encontré por mi cuenta… la guerra ya había estallado, así que no fue más que viajar en solitario, actuar como un idiota suicida en su mayoría -recordó con una risa -Fue cuando me conociste -asintió -y entonces… sucedieron algunas cosas…un amigo murió, o al menos creí que había muerto. Así que acabé distanciándome totalmente de la OCEU y decidí ayudar a Allison -explicó, incorporándose, necesitando estirar las piernas ahora que comenzaba a recobrar fuerzas. Se veía mucho más vivo, erguido, fuerte, como se suponía que fuera -Ella es la… “líder” de todo esto, quien formó las alianzas entre criaturas, encontró este lugar, nos unió a todos.

—También yo… —dijo más para sí misma, sin mentir. Quiso una vida fuera de todo, todo lo que tuviera que ver con esa existencia sobrenatural, cuando aparentemente su don de muerte le había dejado, cuando su hermano simplemente desapareció de su vida y ella tuvo que desistir de buscarle tras casi un año de investigaciones. Una rara sensación cruzo su pecho, si al menos le hubiese buscado más, entre cielo, mar y tierra… No, Will debía encontrarse con vida. Si ella había dañado a la esposa del general Stevens, esperaba que los captores tuvieran –dudosamente- al menos una pizca de misericordia. La suficiente para seguir entre en ese mundo. Desde un silencio suyo descruzo una pierna para usarla como soporte para su brazo, siguiendo los pasos de Velkan en ese cuarto. Sin duda su historia es bastante de agraz, era raro encontrar esa aura casi imperturbable en él, la forma en que Z le sentía. A veces realmente no sabía si le sobrevaloraba en bondad o su sentido de reconocimiento estaba algo más que malogrado. Muchas veces, cuando encontraba a alguien con esas características levantaban sospechas en ella, pero él… Él sin más era siempre igual. Al escuchar por segunda vez el nombre de Allison la curiosidad regreso a su instinto. Velkan entonces se encargo de apagar algunas con lo que había comenzando a contarle. Z torció los labios y con los ojos entrecerrados consultó: —¿Crees que me aceptará aquí? Digo… —meneó la cabeza, vacilante. Si aquel niño le había gruñido solo por su presencia, ¿qué podía esperar de la líder?. —Estoy invadiendo su refugio, su trabajo, no soy un lobo tampoco y… —enseño sus manos para que entendiera— esto.

-No se refugian aquí sólo licántropos, tú lo has visto. En su mayoría son criaturas que se han cansado de ser cazadas, o no quieren unirse a Samael para servirle como un amo -se encogió de hombros -creo que encajas en la categoría -se incorporó, ya más recuperado -Es… difícil de tratar, pero creo que hay bondad en ella. Ha hecho todo esto ¿Cierto? -le hizo un gesto para que le siguiera -vamos, ya debe de saber que estamos aquí, nos estará esperando -le sonrió levemente para darle ánimos o al menos quitar un poco de ese temor que sentía.

Espetó un gesto vago de sonreírse. Pareciendo que alzaba de sus hombros antes de ponerse de pie, sacudiendo la parte inferior de sus pantalones.

—Eso espero —dijo comenzando a regresar hasta la entrada— no creo tenga ganas de viajar cuatro días más en caso de lo contrario —No, dudaba fuera a ser así, es decir… ¿Por qué le echarían?. Se inclinó tomando su bolso y arma, acomodándolos tras su espalda hasta encontrar el aire fresco del lugar, uno completamente diferente al de la ciudad. Sin duda el mar y la lejanía de la civilización de cemento tenían algo más que beneficios. —Esto es tuyo —le tendió de regreso el frasco una vez se dio cuenta lo tenía bajo su poder, no quería quedárselo por error— Ahora… —su voz se volvió confidencial otra vez, pero acabo quedándose en silencio al contemplarle y pensar ya no era prudente esbozar mayores preguntas, dibujando una de esas sonrisas cordiales que indicaba estaba bajo su disposición por el resto de camino. —Nada, no tiene importancia.

Le miró extrañado pero acabó por encogerse de hombros, sin comprender qué era lo que había estado por decir. No presionó no obstante, sólo le condujo en silencio, descendiendo las escaleras de nuevo, tomando el camino central hasta la sala principal del castillo. Enorme, amplia y casi vacía, con excepción de unas dos brujas paradas cual guardias a los costados. En el centro estaba Allison Cobain, la bruja, sentada cual reina en su trono en el centro de la habitación. Allison era definitivamente una mujer hermosa, por mucho que esa belleza hubiera sufrido más de un maltrato. Tenía aspecto de haber sido despampanante alguna vez, ahora en cambio había un aura sombría a su alrededor. Vestía en negro, perdiéndose sus cabellos azabaches entre la tela de su ropa, y consiguiendo que sus ojos claros centellaran aún con más fuerza. Eran hielo, penetrando y odiando, como dagas. A su lado había otra mujer mucho más arreglada, prácticamente impecable. Su piel también era pálida, sus labios rojos como la sangre, y su ropa era del mismo color, fina, con todo el aspecto de femme fatale. Lucía joven, de la misma edad de Velkan y Allison, o apenas unos años mayor.

-Allison -el muchacho agachó la cabeza en señal de respeto -madre -miró a la otra mujer, siendo evidente su parentezco con ella. -Entonces ¿Hiciste lo que debías hacer? -preguntó su madre con un tono ligeramente venenoso. -Has desaparecido, de nuevo -había un tono levemente acusador en la otra chica, aunque parecía casi angustiada. -Te advertí que tenía cosas que hacer, personales -dio un paso a un lado, dejando sitio a Z para que se acercara -Esta es Z, es una vieja amiga -quizá era demasiado decir “vieja amiga” pero era mejor pintarle tan en confianza como fuera posible.

Su comportamiento fue el mismo a medida que ella era escoltada por él, dedicándose a observar los cimientos de aquel lugar tan impresionante. Intentando imaginar la historia que guardarían todos esos pilares y tierra, no solo entonces sino a lo largo del tiempo, porque claramente parecía poseer demasiado. Le pareció ver a otros habitantes a lo lejos, fuera de allí, dudando que fuera por el interés de su presencia, cosa que agradecía puesto que si bien, hubo un tiempo que le gusto ser el centro de atención, cuando sus comportamientos eran mucho más alocados y juveniles, ahora todo lo que buscaba era pasar lo más bajo perfil que pudiera. Estrechó la mirada hacía los frentes con una desconcertada sensación, cuando sintió otras presencias, casi similar al primer llamado que recibió segundos antes de dejar la embarcación. Una de sus manos se tensó, sintiendo que incluso ardía bajo la cobertura de su guante. Tuvo que abrir y cerrar sus dedos, apretarles en un puño escuchando entonces el diálogo que se dio paso. Quedándose algunos pasos más atrás. Cautelosa.

—De todos, Ziva, de todo tenías que venir a terminar aquí —la voz masculina casi cercana a su oído le hizo girarse de soslayo, encontrando a Eric parado allí, con una sonrisa ladina y de brazos cruzados. —Vista al frente, no querrás que la soberana del lugar piense le ignoras —siseo— De todos modos, sólo tu puedes verme y sentirme por ahora, así que actúa con disimulo —Z se giró, posando sus ojos en Allison y allí se quedó por un par de segundos, luego contempló a la madre de Velkan justo cuando ya estaba hablando. Tuvo la necesidad de preguntarle que diablo estaba haciendo allí al que creía continuaba a su lado, pero apenas observo de soslayo ya nadie estuvo allí. Su nombre a manos de Velkan no obstante le tomo desprevenida, capturando su atención hacia ellos. Limitándose a repetir el gesto que él había hecho antes para saludar. Su mano volvió a quemar, pero ella la escondió en el bolsillo de su sudadera.

-Asuntos personales… -murmuró Allison, descendiendo al suelo para poder dar unos pasos hacia ellos, alzó primero la vista al lobo y le observó con seriedad, para luego sonreír, dándole un abrazo de bienvenida -Me alegra que estés en casa -susurró en su oído, dedicándole una sonrisa que realmente parecía de felicidad, lo que resultaba confuso, teniendo en cuenta lo sombría y temible que parecía. Al apartarse, centró entonces su atención en Ziva, clavando sus ojos de hielo en ella con atención. -Luces nerviosa -observó, entrecerrando sus ojos, había algo acerca de esa chica, casi familiar, algo que alguna vez había reconocido en ella.

A diferencia de otras veces o personas, las cuales eran muy pocas, Z no apartó su mirada de la bruja, al contrario, siguió cada uno de sus pasos hasta que se detuvo para atender a Velkan. Mirando a ambos inicialmente, sólo para entonces apreciar ese pequeño cambio de actitud en Allison. De fría a cordial, de seriedad a esa sonrisa que incluso parecía iluminar ese rostro tallado con los dedos debido a la belleza que ella no ignoro. Se preguntó entonces si eso sería habitual o propiamente tal de alguien que estaba a cargo. A diferencia de la percepción que tenía con Velkan y esa casi inmaculada bondad, con ella la sensación era bastante diferente, pero nada concreto, apenas le estaba conociendo.

—Fue un largo viaje, poca costumbre a presentarme ante autoridades de algún lugar —dijo respondiéndole la mirada, cuando incluso ese mismo color suyo se volvía más cristalino y brillante, latente. —Y la pregunta, no obstante —en ese minuto le dirigió una mirada breve a la madre de Velkan, regresando a la de ojos de hielo— sigue siendo si tendré su aprobación para quedarme aquí.

-Aquí se refugian las criaturas que escapan de la hipocresía y el asesinato de los cazadores -el odio fue visible como fuego en sus ojos. Mínimamente, Allison poseía un fuerte carácter, no era por nada que era la líder de allí, había tal pasión en sus palabras que costaba no ver a sus enemigos con sus mismos ojos. -Y por que nos unimos para acabar con Salomón -agregó Velkan, mirando de reojo a la mujer, quien sonrió, cuando al parecer el muchacho tenía que recordárselo. -Un pequeño estorbo en el camino -respondió, volviendo su mirada a Ziva -¿Tú por qué estás aquí? No puedes esperar que simplemente te reciba sin más. Podrías estar con la OCEU.

—Mis padres eran cazadores, no sé si eso sea un punto a favor o en mi contra para… —¿ti, para usted? Dudo de cómo tratarle— ustedes—sacudió la cabeza, claro que no lo era. Había notado la pasión en su voz, así que antes de ganarse una mirada más fría observo a Velkan, casi evaluando y solicitando su consejo para la siguiente información que pretendía contar. Tenía que ir con cuidado, evaluando sus propios pasos. No podía ir contando a todo el que conociera que había intentando asesinar a la esposa del General. Siempre existía gente interesada en traicionarte, no? Allison tomaba sus precauciones, Z tenía que prever las suyas. —Un integrante de aquella organización les quito la vida tiempo atrás —omitió nombres, pero eso no evitó que el calor en su mano se hiciera más latente, a fuego— y causa de ello también perdí a mi único hermano. —Aparto la mirada, con un suspiro cabizbajo. Will no era un tema fácil, jamás lo sería sin importar el tiempo —No sé si aún este con vida, pero lo que sí sé, es que no puedo formar parte de una organización donde mi mayor enemigo se cobija. ¿Quieres dudar de mí? —Extendió sus brazos a los costados de su cuerpo, sin nada que esconder referente a ese tema— ¿necesitas pruebas? —alzo las cejas, dando una negación de su cabeza —Estoy segura podrías acabar conmigo incluso antes de que intente traicionarte.

Allison le observó con atención, escuchando sus palabras, alzando levemente el mentón.

-Cazadores intentaron matarme cuando era una bebé, me envenenaron. Prometieron protegerme e hicieron nada mientras era enterrada viva y luego violada, no intentaron ayudarme cuando era torturada -hablaba sin llorar, Allison ya no lloraba, el dolor y el rencor le habían endurecido, pero estos estaban allí, marcando su rostro, arrebatándole su belleza -Tenemos un enemigo en común -dibujó una sonrisa en sus labios, tomando el brazo de Ziva antes de que pudiera apartarse -No temas, no puedes herirme. Alguna vez fuimos lo mismo -dijo, referente a sus poderes. Eso era lo que veía familiar en ella, esa mirada de quien posee un toque mortal, manteniendo distancia segura de todos, con las muertes pesando sobre sus hombros -el fuego no puede matar al fuego.

No pudo ocultar ni un ápice el asombro que la confesión le provoco, por un momento dejo de lado sus propios miedos y dolencias, las heridas que portaba consigo para enfocarse ciegamente en la mujer frente ella. Algo surco su pecho, un vació y desconsuelo que Allison jamás demostró. ¿Hablaba de daños? A ojos de Z solo parecía que estuviera refiriéndose al clima de aquel día, sin emociones de por medio. Hielo, sin temor a la duda era un tempano de hielo en todo su esplendor. Sus labios titubearon, transpirando frio al tenerle tan cerca cuando apenas alcanzó a darse cuenta de su brazo enlazado al suyo. Con algo de torpeza deslizó sus ojos a la unión, contrastando el negro de su ropa elegante contra su simple chaqueta de cuero marrón. Luego simplemente elevó su rostro para estudiar cada facción suya. Era extraño intentar saber cómo se sentía.

—¿Cómo es qué…? —inclinó su rostro con los ojos entornados, volviendo a fijarse en sus manos desnudas que, a diferencia de ella, no necesitaban de guantes para no asesinar a otros por el solo hecho de tocarles.

-Me liberé de mis cadenas hace tiempo -explicó, refiriéndose a cómo había sacrificado casi la totalidad de sus poderes, para así liberarse de su padre. Aprendiendo a controlar los pocos que le quedaban, volcándose en las artes antiguas que aparecieron como su pasaje a la libertad, fuera de la opresión de otros -Tenía el mismo poder que tú Ziva, deja una marca en tus ojos, en como te mueves en el mundo -alzó la vista hacia Velkan que las observaba con el ceño fruncido. Sus ojos se habían empañado levemente al oír a Allison hablar de lo que había sufrido. Nunca había escuchado acerca de aquello, podía ver su dolor, y siempre se había preguntado, pero no conocía la historia. -Eres bienvenida a quedarte tanto como desees Ziva -acarició su mejilla con un gesto casi maternal, sonriendo, antes de apartarse -Encuéntrale una habitación Velkan -ordenó, pasando junto al muchacho para regresar a su asiento, donde Jezebel les observaba con desconfianza. -¿Es sabio…? -se inclinó a susurrar en su oído, cual serpiente venenosa. -Es mi decisión -Allison le dedicó una mirada dura que dejaba en claro quién estaba a cargo allí y por qué.

El atractivo de mano al interés por sus palabras brillo en sus ojos, porque… Si Allison había tenido la misma maldición/don, significaba que remotamente existía alguna oportunidad para ella. Quizá no había punto de comparación entre ambas, sólo coincidencia de habilidad, pero aún así, ¿qué más daba? Podría buscar su modo de torcerle la mano a ese toque de muerte, volverlo a uno menos dañino y más provechoso. Jamás le había querido ver de ese modo, pero… si iba a tenerle consigo, entonces podía aceptarle y traerlo a su favor o acabar por consumirse entre cuerpos, pérdidas y soledad. Bien, estaba pensando bajo el alero de un desconcertante pensamiento. Cabeza fría Z, pensó. Su acaricia de todos modos le dejo pegada al suelo, casi había olvidado lo que era un gesto como ese. Miró por última vez y de cerca esos ojos claros, viéndole poco después y tras las palabras a Velkan regresar a su lugar bajo el prestigio de sus pasos y esas vestimentas. Z tuvo el deseo de pasar sus propios dedos sobre su piel, pero entonces lo último que deseaba era pasar ese cuero de dedos contra su mejilla.

—Realmente lo agradezco —de frente a ella inclinó su rostro, bajando la mirada. Claramente su charla con ella no quedaría allí, al contrario, tenía esa emoción internar de reiniciarla cuanto antes. Era Allison quien parecía entonces volverse su nueva mentora en esa área, prácticamente fuera de su propia razón. Miró a Velkan entonces, disponiéndose a seguirle una vez más, dando una última mirada lateral en dirección a las féminas. —Eso fue intensó —comentó casi al aire, con los ojos muy abiertos pero con una sonrisa también.